Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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15. CUERPO A CUERPO (Eduardo Iáñez)

El azogue frío de la niebla te hurta la vista de tu enemigo. Ignoras cuál es su apariencia, pero sientes su presencia real, perceptible, innegable. Cuando comprendes que es tu sangre lo que desea, que te reclama por entero, aceptas que ninguno queréis prisioneros: solo muertos. De poco ha servido la instrucción que recibiste, remedo de unos inocentes juegos de guerra. Aun así, has aprendido a moverte con sigilo en esta selva. Sabes que primero debes desbrozar la maleza de esta nada en la que te anegas, talar después los árboles con que construirás las defensas de un hogar inhóspito, aprender por fin a nadar los ríos que circundan este lugar donde vas a vivir y a morir. Y te decides a arrasarlo todo para poblarlo a tu antojo.
Entonces, solo entonces, se quebrará como un espejo el velo que te separa de tu enemigo y podrás contemplar su rostro. Lo harás tuyo, como tuyo será el paisaje después de la batalla. Habrás limpiado la fronda de la palabra, dispuesto una casa para la frase, navegado los meandros de tu estilo. Porque dices que escribir te da la vida, pero mientes: tú lo sabes.

46 Respuestas

  1. Aún sigo preso del impacto, Eduardo, pero no solo del giro final, que es vibrante, sino de una prosa enérgica y clara. La lucha contra la hoja en blanco es como estar en un pelotón, frente a él.
    Un saludo y mi admiración
    JM

    1. Eduardo Iáñez

      Gracias por tus palabras y la generosidad de tus apreciaciones, Juan Manuel.
      Y aprovecho para darte, a ti sí que sí, la enhorabuena por esa primera publicación de una novela tuya en papel. ¡No hay para menos contigo!
      Una abrazo.

    1. Eduardo Iáñez

      Bueno, bueno, Calamanda, es verdad que no nos va la vida en ella, desde luego… ¡Pero qué distinta sería nuestra vida si no fuésemos testigos de esas batallas o incluso si no nos pusiéramos nosotros mismos a participar en ellas!
      Gracias, como siempre, por tus comentarios. Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Tu comentario me deja sin palabras, Patricia. ¡Que en esta ocasión he ganado la batalla! Bueno, tendremos que seguir con esta guerra, ¿no?
      Gracias por tu generosidad. Un abrazo.

  2. dannielirazu@gmail.com

    La descripción del paisaje antes de la batalla, con esa niebla de mercurio, demuestra mucho oficio. Los preparativos para la lucha contextualizan un final que, será por experiencia, no veo como un giro sorpresivo sino como una realidad evidente.

    1. Eduardo Iáñez

      Muy bien dicho, Daniel: una realidad evidente, en efecto. Se nota que eres un buen soldado, atrevido y, tú sí, con oficio en estas batallas.
      Gracias por leerme y comentar. Saludos.

    1. Eduardo Iáñez

      Potencia y gusto exquisito: no sé qué decir ante calificativos tan generosos, Juancho. Eso sí: me alegra que te haya encandilado y que te veas reflejado en esa lucha sin cuartel.
      Gracias, y un abrazo.

    1. Eduardo Iáñez

      Je, je, claro que sí, Edita: al enemigo ni agua, ¿no? Y es que llevas razón, también estos comentarios forman sin duda parte de esta guerra, y no conviene desvelar todos nuestros movimientos.
      Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Pues me alegra, Eva, aunque en cierta medida yo creo que ese enfrentarnos a la hoja en blanco para reordenar el mundo es también una lucha como nosotros mismos, como tú señalas.
      Gracias, y saludos.

  3. Yolanda

    Pues no deja de ser una guerra, sí, una batalla constante con las palabras, lo mejor de todo es que merece la pena y es apasionante.
    Excelente.
    Un abrazo.

    1. Eduardo Iáñez

      Ah, qué verdad más terrible… No siempre se gana, a pesar de la crudeza de ese cuerpo a cuerpo. Ese enemigo huidizo, desdibujado, ¡es tan difícil de atrapar a veces!
      Verdad verdadera, maestro. Un saludo.

  4. Nieves Martínez Menaya

    Hermosa alegoría a la que dedicas una intensa entrada que no acaba de soltarnos hasta que ya nos vemos totalmente rendidos por su encanto.
    Una auténtica danza en la que nos sentimos embelesados tanto por la música como por la letra. Un trabajo digno de especial mención.

    1. Eduardo Iáñez

      ¡Ay, Nieves! ¿Cómo es posible que digas tanto en tan poco espacio? Eres una lectora atenta, y por lo tanto temible. Pero tu amabilidad lo salva todo, no hay duda.
      Muchas gracias por tus análisis siempre lúcidos. Un abrazo.

    1. Eduardo Iáñez

      Y perfecta tu descripción, Isabel: la creación como ‘salto de fe’ desde la nada para salvarnos… ¡magnífico!
      Gracias por tu comentario. Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Orgulloso de que te guste, maestro Montesinos. Y aunque todos tus calificativos me alegran sobremanera la vista y el entendimiento, me quedo con eso. Gracias.
      Saludos.

  5. Paloma Casado Marco

    Todo el texto es un bella metáfora sobre el oficio del escritor, pero además nos transporta a esos campos de batalla en que tras la niebla se oculta acechante el enemigo, aquí el folio en blanco. Una atmósfera muy conseguida de melancolía y desesperación.

    1. Eduardo Iáñez

      Paloma, me encanta que hayas hecho mención a esa atmósfera de melancolía y desesperación, puesto que era algo que quería transmitir. De hecho, la imagen he intentado construirla sobre la estética de la guerra del Vietnam, o más bien sobre lo que el mejor cine nos ha dejado sobre ella (con Apocalypse Now y El cazador como modelo de cabecera).
      Gracias, como siempre, por dejarte caer y por tus comentarios.

  6. Modes Lobato Marcos

    Y… de pronto me sacan de Depredador y me envían al pánico de la página albina.
    El horror… El horror…

    Y ese giro descomunal te hace releer de nuevo, y todo adquiere un nuevo sentido.
    Y hay que tener las ideas muy claras, y una absoluta maestría para lanzar el señuelo y que todos vayamos tras él.

    Es evidente que me ha encantado.
    Y algo me dice que es el sentir general.

    1. Eduardo Iáñez

      Cómo me ha gustado ese “El horror… El horror…” con que expresas el pánico a la página en blanco. El horror es lo que se vive en esa guerra. El horror de intuir y no lograr dar forma. El horror de destruir para recrear el mundo de la nada. El horror de que ese mundo de metáforas no cuaje, no tenga sentido, sea un castillo en el aire.
      Y me encanta que no creas que sea el caso de este relato, y que te haya encantado.
      Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Bueno, lo de “siempre top” lo dices tú, que me miras con buenos ojos. Pero sí que es verdad que es un relato que he trabajado especialmente, con un ojo puesto en lo que el maestro Modes ha llamado ‘el señuelo’ de las metáforas bélicas y otro en la frase, que quería que fuese sinuosa y envolvente, pero diáfana y precisa en su léxico.
      Por vuestros comentarios, creo que puedo estar satisfecho con el resultado. Pero solo es una batalla…
      Gracias por pasarte, Loren: tú sí que eres un top-ten.
      Un abrazo.

    1. Eduardo Iáñez

      Me encanta que creas que ha quedado bien, Juan Antonio, porque desde luego tu fidelidad para con todos en esta página hace de ti un comentarista insobornable.
      Gracias por tus palabras y por tus deseos.
      Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Piluca, has captado muy bien la idea que intento transmitir, y aunque no era mi intención buscar derrotados en estas páginas de ENTC, soy consciente de que tu comentario es casi una continuación de mi propio relato.
      Muchas gracias. Un saludo.

    1. Eduardo Iáñez

      Sí, María, jeje. Eso de que se encasquillen las ideas es sin duda más pavoroso que el hecho de que se encasquille el arma. Sin duda que sin armas viviríamos más tranquilos, pero… ¿sin ideas? Que siempre haya una mano que sepa dispararlas, por favor.
      Gracias por tus comentarios.

  7. Eduardo Iáñez

    Piluca, has captado muy bien la idea que intento transmitir, y aunque no era mi intención buscar derrotados en estas páginas de ENTC, soy consciente de que tu comentario es casi una continuación de mi propio relato.
    Muchas gracias. Un saludo.

  8. Interesante descripción del proceso creativo. Desde luego que los escritores deben combatir tal y como lo cuentas. Leo muchos relatos automáticos en los que se nota que no están labrados. Por eso nunca seré escritor, veo que es un esfuerzo tremendo y que a la larga quita vida. No sé, soy incapaz de sacar más de uno o dos micros al mes. Me ha gustado mucho, Eduardo.

    1. Eduardo Iáñez

      Totalmente de acuerdo, Javier. Yo también escribo a lo diésel: lento, poco revolucionado. Poca producción, claro. Dudo mucho, como tú, de que así pueda considerar(se)me escritor.
      Gracias por pasarte y dejar tu comentario.
      Un saludo.

  9. Eduardo Iáñez

    Ana, contundentes como siempre tus sensaciones a la hora de enfrentarte a un relato, a mis relatos. Tu sensibilidad, y tu generosidad a la hora de expresarla y compartirla, son impagables. Gracias, como siempre.
    Saludos.

  10. Ana Fúster

    Tarde pero al fin voy pasándome a leer y comentar. Ya no puedo decir nada nuevo: es un relato en bucle, cuando se desvela el final te envía inmediatamente al principio de nuevo, y ese escenario selvático que nos habías trazado de forma tan cinematográfica se convierte en un abismo, un vacío, un precipicio que te atrae irremediablemente y por el que siempre sabes que saltarás y lo harás sin términos medios. Vida o muerte. Muy bueno.
    Por cierto, dices que funcionas a lo diésel. Yo tengo la sensación de ir a carbón casi siempre…

    1. Eduardo Iáñez

      “Nunca es tarde si la dicha es buena”. Una verdad de las de antes de la guerra (ya que estamos) que es una evidencia cuando de ti se trata, querida Ana. Gracias por pasarte; y con carbón o plutonio enriquecido, no dejes de permitirnos recrearnos con tus relatos. Besos.

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