Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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98. 256 colores

Fue el día de los helicópteros, creo. O el de la misa de la prima Vanesa. Llevaba lloviendo siete meses seguidos y todo el mundo se odiaba sin disimulo. Yo deseaba que aquella lluvia -que, según Don Genaro, carcomía los huesos y, según Doña Valentina, erosionaba el relieve- no terminara nunca. El arrullo de la ventisca sacudía las arboledas haciendo que cada hora del día pareciera, no ya un lúgubre ocaso, sino, como diría el Padre Ernesto, el maldito apocalipsis.
Suelo aprovechar las tormentas para llorar, recordando aquel reloj de pulsera que me regalaron mis abuelos por la primera comunión. Solo pude usarlo dos veces. La primera fue el día del Corpus. La última, aquel día que mi tío me dijo que le acompañara a su casa, que debía llevar algo a mi madre. Recuerdo que miré mi reloj y pensé que era un poco tarde. Y lo era.
Ahora camina huidizo. Teme detenerse. Teme avanzar y retroceder, como si las peores amenazas no las lleváramos dentro. Menuda idiotez. Yo solo necesito mirarle, verle temer. Mientras, sueño con ver un meteorito, con un helado de dos bolas, con una bofetada inflamando mi cara, con la dimensión ausente, con 256 colores.

16 Respuestas

  1. Me encanta este cuento. Si lo he entendido bien nos cuenta la historia de un abuso y de su más trágico desenlace. Me gusta mucho como nos hace sentir la sombra de la niña, sin necesidad de mentarla. La manera en la que nos muestra el horror del pedófilo atormentado por el recuerdo de su crimen. Me despista un poco lo de los 256 colores, pero tampoco hay que entenderlo todo. Enhorabuena y suerte!!!
    Abrzsss!!!

    1. Muchísimas gracias, Juancho! Creo que lo esencial te ha llegado. El tema de los colores es algo así como lo que la niña echa en falta desde esa “muerte” aquí representada como el paso a esa forma bidimensional y sin color de la sombra en la pared. Gracias de nuevo por leerme!
      Un abrazo

  2. Ángel Saiz Mora

    Un día de lluvia todo se trastocó para una niña. Alguien cercano aprovechó su inocencia para utilizarla con el fin de consumar sus peores pasiones, a consecuencia de las cuales sobrevino el peor desenlace. Cada vez que llueve, ese asesino, que desde entonces vive con miedo, trata de huir, para nadie puede hacerlo de sí mismo. Mientras, la pequeña sigue en alguna dimensión, quizá sin ser del todo consciente de lo que le sucedió, pero con capacidad narrativa sobrada para contárnoslo sin decirlo, con frases muy trabajadas y descripciones que sorprenden por su buena factura, desde un mundo en el que le robaron los colores de una vida que prometía.
    Un abrazo, Salvador. Suerte

  3. Alberto Moreno Sánchez-Izquierdo

    A tu lista de Salvadores, ya sabes: médico, dibujante, padre, etc, deberías añadir “niño”, porque para escribir así y regalarnos micros como este debes mantener esa ilusión, esas ganas, esa magia del chiquillo que aún llevas, y que te deja, de paso, conectarte con la pobre sombra de la niña. Tu micro es desgarrador y complejo, a la vez dulce y sencillo, lo cual es fruto de un trabajo de fondo enooooorme. Enhorabuena y ¡chapó!

    1. Un millón de gracias, Alberto. Por tus generosas palabras, por esa lectura que intenta ir más allá y comprender, no solo al texto, sino al escritor. En resumen, gracias por salvarme tú a mí.
      Cuando vi la foto no me gustó nada porque, de forma inmediata, vi lo que escondía. Solo tenía que revelarlo de forma poco evidente. Contar el horror con cierta belleza.
      Un fuerte abrazo y gracias mil!!!

  4. Magnífico relato, Salvador. Entre escenas cotidianas nos introduces con sutileza, sin describirlo, en un hecho tan horrible que hasta aterra al reloj de pulsera afectando su funcionamiento. Muy bueno.
    Suerte y fuerte abrazo.

    1. Muchas gracias, Rafa! La sombra de la niña la leí de forma inmediata, pero quería huír de lo obvio, de lo evidente. Quería que fuera como un cuadro abstracto en el que se intuyen formas y colores, incluso sin tenerlos. El horror estaba ahí, solo había que taparlo lo suficiente.
      Gracias, amigo

  5. “Recuerdo que miré mi reloj y pensé que era un poco tarde. Y lo era”: en esta frase, tan sencilla, se esconde el horror, y es esa sutiliza con la que narras, la que nos hace estremecer. Genial.
    Suerte y saludos,

  6. Asun Paredes

    Precioso, Salva. Me encanta esa niña que aprovecha las tormentas para llorar y que se lamenta de haber usado el reloj solo dos veces. La última frase en la que enumera los sueños que ya nunca se podrán cumplir me parece una forma genial de cerrar el micro.
    Enhorabuena y suerte. Besitos.

    1. La clave es no perder de vista que es y sigue siendo solo una niña, con su inmadurez, su no verlo todo, sus ilusiones infantiles y sus anhelos sencillos… incluso después de hacérsele tarde aquel día… y para siempre.
      Gracias por leerme tam claro y tan bien, guapa.
      Muchos besos

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