Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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44. A veces el tiempo. Nunca Dios.

Su conciencia no podría soportarlo, pero continuaría con la ceremonia. El sacerdote miró fijamente los ojos tristes de la novia. Después al viejo cacique sonriente, vestido de frac. Prosiguió:
– Quien tenga alguna objeción que hable ahora o calle para siempre.
Esperó unos segundos, aunque la anciana madre del novio, tampoco el médico, los guardias civiles ni el tendero, se atrevieron a protestar.
En la calle aguardaban los familiares de la prometida. Las nubes ocultaron el sol. El cura concluía las nupcias cuando comenzó la tormenta. El primer rayo cayó sobre la espadaña.
El segundo destrozó la iglesia por completo.

14 Respuestas

  1. J u a n P é r e z

    ¡¡Buenos y lluviosos días P a b l o !! : ¡¡Por fin!! Se está haciendo difícil reflexionar sobre tus interesantes textos, porque parece que estén blindados como el KGB. ¡Al turrón! : Leyendo me ha venido a la memoria un clásico refrán “Dios Perdona Siempre, La Naturaleza nunca” Claro que aquí La Naturaleza lo tiene muy claro. La imagen de la espadaña con el relámpago es mi predilecta, y has tenido muy buen gusto, porque has tocado un término de la arquitectura que no es muy usual: siempre están los consabidos campanarios en nuestros recuerdos. Además su aliteración es muy española. Mi Enhorabuena más amigable y franca, de . . . . ¡J u a n E l D e á n !

    1. Juan, muchísimas gracias, yo no soy capaz de mejorar tu comentario. Gracias también por el poema que no lo conocía.
      Lo de los comentarios ya me doy cuenta que no se activan automáticos, que tengo que marcar permitir comentarios, así que lo siento, mis disculpas.
      Espadaña es una de mis palabras preferidas, además que de forma casi gráfica son puntiagudas y rasgan el cielo. Saludos.

  2. Eso les pasa por ser hipócritas y malos, Al final se ha hecho justicia. La verdad es que el final me gustó mucho. Buen relato, pablo y mucho cuidadin que no nos cae en la cabeza la espadaña, ja ,j aja. Un fuerte abrazo, Sotirios.

  3. ¿Quién sabe si de haberse atrevido algunos de los presentes a objetar algo en contra del casorio, hubiera evitado la devastadora accíón del rayo. En cualquier caso parece que este matrimonio estaba condenado al fracaso.
    Un abrazo Pablo.

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