Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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73. La parcialidad del observador estático

Vivir junto a una carretera te hace sentir que es el mundo, y no tú, lo que está de paso. En la inocencia de mis pocos años, incluso llegué a concebir la idea de que los vehículos viajaban sin origen ni destino, existiendo como universos en sí mismos, con lo que aquellas familias en sus utilitarios, los estridentes motocarros, los autobuses de línea, la caravana del circo, la vuelta ciclista…, habrían estado condenados a vagar sin pausa por siempre, trazando quizá órbitas caprichosas y arbitrarias sobre nuestra vieja casa.

La muerte era para mí por entonces un animalito reseco atropellado en el asfalto. El tiempo, algo comparable a un camión de heno, cuyo continuo revuelo de briznas dejado atrás nunca lograba mermar su carga. Y la guerra un convoy militar que pasó una mañana, y en el que circulaban camionetas donde a buen seguro iban encerrados, junto a mi pierna izquierda, mi padre y todas las personas que, según mamá, esta se había llevado.

La vida, sin embargo, era un concepto tan manifiesto como impreciso; algo capaz de conciliar sin paradojas que aquel niño expectante pudiera cruzar la mirada consigo mismo —aunque varias décadas después— pasando veloz en una motocicleta.

23 Respuestas

  1. Un relato formidable. Prosa poética, repleta de alegorías. Esa imagen del convoy de guerra es demoledora. Aunque no veo las sábanas por ningún sitio, sin duda tu texto habla de la infancia perdida y de una forma maravillosa. ¡Me encanta!

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias por todo, Rebeca. Eres muy generosa. Debo decir que esta imagen me ha puesto difícil la tarea, y creo que es porque me sugería tantas cosas que no lograba elegir las necesarias para escribir la historia. Al final me he conformado con intentar plasmar, entre otras cosas, esa infancia perdida que tú bien dices, con su visión incompleta sobre el mundo, así como provocar un encuentro entre sus anhelos de niño y su nostalgia de adulto.
      Un abrazo.

  2. Ojalá yo pudiera ser parcial observador… o lector, pero nonlo soy, soy fan tuyo desde que leí tu primer relato… soy “mochonista” declarado. No obstante creo que mi parcialidad no me ciega, que veo (y leo) claro y soy justo al afirmar que este relato tuyo es una matavilla, tan hermoso y doloroso, tan equilibrado, tan inquietante, que me emociona como lector-escritor.
    Felicidades y suerte, compañero!!
    Un abrazo

  3. Enrique Mochón Romera

    Qué cosas dices, Salva, precisamente a un Terceñista incondicional como yo, jajajaj. Me abrumas con tu entusiasmo, sobre todo porque tus relatos, sinceramente, me parecen de un nivel inalcanzable para mí (ya tuve ocasión de decirte algo parecido a propósito de un ENTC tuyo, aunque ahora mismo me viene a la cabeza aquel maravilloso “Las luces del camino”, escrito para una eliminatoria de copa, que me dejó/nos dejó boquiabierto/s), por lo que valoro muchísimo que te haya gustado esta historia, que, dicho sea de paso, estuve a punto de no acabar porque no sabía cómo. También me estimulas para la próxima, 😉.
    Muchas gracias por todo.
    Un abrazo.

  4. Nos ofreces en este espléndido relato la peculiar visión del mundo -y sus dolorosas circunstancias- de un niño afectado por una guerra que apenas recuerda y que visualiza en ese convoy militar. Las imágenes de su universo son poéticas y brillantes: el mundo, el tiempo, la guerra, la vida. En todas ellas huyes de los lugares comunes y nos permites adentrarnos en la mente infantil y disfrutar de la belleza de tu prosa.
    Felicidades y suerte, Enrique. Un fuerte abrazo.

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias, Carmen. Me puse a escribir esta historia después de quizá demasiado tiempo madurando la idea, por lo que habría necesitado muchísimo más espacio para desarrollar todo lo que la foto me sugería. Al final incluso tuve que prescindir de ingredientes que dieron pie al resto, como ese tiempo que pasaba también el protagonista en la parte trasera de la casa y del que Cristina García Rodero dio excelente cuenta, ;-).
      Un fuerte abrazo.

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias a ti, Íñigo. Exponer lo que escribes a la vista de los demás hace que te esmeres al hacerlo más de lo acostumbrado. Si además te dicen cosas así…
      Un abrazo.

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias, Yolanda. Y enhorabuena por el reconocimiento a tu magnífico “Tendales”, con todas esas historias llenas de vida que cuenta sin decir, maestra.
      Un abrazo.

  5. Antonio Bolant

    Expresar de esa manera la visión del mundo desde los ojos de un niño pero con la mano de un adulto, puede ser sorprendente si no se ha leído nada tuyo previamente, pero aún para quienes lo hemos hecho, este relato te deja con la boca abierta y con una sensación de plenitud que sólo los grandes textos consiguen.
    Enormemente bueno, Enrique. Te mereces todos los elogios y reconocimientos.
    Un fuerte abrazo.

    1. Enrique Mochón Romera

      Muchas gracias, Antonio. Tus entrañables comentarios tienen siempre la facultad de hacer que intente merecerlos de verdad en próximas ocasiones.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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