Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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75. Cabo de vara (Javier Ximens)

Entiéndelo hijo, si no lo hubiese hecho yo, lo hubiese realizado otro. Fue mi manera de sobrevivir. Cuando se llenaba la capacidad del campo, debíamos purgarlos, había que hacer sitio para los nuevos. Los colocábamos cara a la pared, así, como ves a esos en la barra de la cafetería, de espaldas, serios, preocupados, sin hablarse los unos a los otros, lo mismo que allí. Si hablaban les podía costar la vida. Lo llamaban diezmar, pero yo no siempre contaba de diez en diez, así evitaba que ellos se pelearan por las posiciones, no quería problemas. Unos días era cada ocho, otros cada doce. No se me olvidan las expresiones de aquellos rostros, las que ponían cuando posaba la mano sobre el hombro del elegido, se volvían espantados, con la cara blanca, como la que ponía el payaso listo asombrado de la idiotez del tonto, ¿te acuerdas? Ese era uno de mis trabajos, alguien tenía que hacerlo, y me proporcionaba la seguridad de que ninguna mano se posara en mi hombro. Los fusilamientos casi siempre corrían a cargo de los soldados. Yo tengo la conciencia tranquila, ¿sabes?, salvaba a nueve de cada diez. Además, gracias a eso, tú vives.

11 Respuestas

  1. Eduardo Martín Zurita

    Hola, Javier.
    Bravo texto y cargado de cinismo por parte del protagonista. Salvar a un hijo es una acción comprensible, hasta loable a mi entender. Un hijo es mucho. Todo para un padre que se precie, Pero lo que hacía con los otros: esa especie de jueguecito para acallar la voz de su conciencia, me parece absolutamente deplorable. Una sola vida ya vale muchísimo. Todo.
    Un abrazo grande.

  2. Calamanda

    Javier, muestras con claridad y sencillez, el espiritu de supervivencia y las mentiras piadosas que nos ayudan a vivr. Suerte y saludos

  3. Jesús Garabato Rodríguez

    Nos presentas adecuadamente a un hombre, por no decir pelota y chivato hijo de la grandísima puta, que intenta lavar sus culpas, en apariencia presentes aún en sus pensamientos (no me extraña), con excusas adornadas sobre sus, según él, buenas acciones. Aunque me sonaba lo de cabo de vara, tu relato me ha llevado a buscar alguna información sobre el asunto, apuntalando aún más mi idea inicial sobre su repùlsiva misión.
    Centrándome en lo que quizás te interese más, aunque, como es lógico, puedas no estar de acuerdo, pongo el ojo y el comentario sobre un par de asuntos muy menores de tu texto. Creo que el “realizado”, seguramente para no repetir “hecho”, no concuerda con lo podría decir semejante elemento; además, si lo sacamos de “contexto”, por decirlo de alguna forma, creo que no queda natural decir, por ejemplo (y exagerando, claro), “he realizado la selección de algunos reos para que los ultimen”. Poniéndome tiquismiquis, lo de purgarlos”, aun entendiendo el sentido que quieres darle, está confuso: no nos habías citado previamente a nadie ¿a quien debíamos purgar? y, a mí, si me hablas de purgar a alguien, pienso que le van a poner un purgante; purgar lo asocio más a pagar o expiar una culpa que a matar. No sé que opinarás sobre esto. Saludos y suerte, Javier.

    1. Javier Ximens

      Muchas gracias, Jesús, por tus sugerencias. En esta ocasión no voy a hacerte caso, jeje.
      Efectivamente, puse “realizado” para no repetir “hecho”. No lo veo mal, dado que según DRAE “1. tr. Efectuar, llevar a cabo algo o ejecutar una acción”.
      Y respecto a “purgar”, es su aceptación política de otros diccionarios significa “Eliminación, violenta o no, de personas que, por motivos políticos, estorban a la dirección de un organismo público u organización social o política: “las purgas del dictador fueron terroríficas”.

  4. Muy buenas Señor Ximens. Que andaba yo por aquí leyendo a viejos amigos, y no podía pasar de largo sin saludarte y decirte que me ha encantado tu relato. Me ha encantado la solución matemática con la que has aliviado la conciencia de tu personaje. Un abrazo y mucha suerte !!

  5. Ángel Saiz Mora

    Cuando se forma parte de una máquina consagrada al exterminio no se puede estar orgulloso; si además, ese privilegio no merecido para elegir sobre la vida y la muerte ajena se aplica a conveniencia, el tiparraco se vuelve abyecto del todo, de una vileza total, porque, además, se congratula de ello, como si esperase un agradecimiento.
    Un relato en el que las cuentas cuadran, hasta las que echa tu protagonista, será que está bien contado.
    Un abrazo fuerte, Javier. Suerte

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