Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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22. Clavileños de EUROPCAR (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Un siervo de Trifaldi, abundantemente barbado, vestido todo de verde hiedra y con un bordado de EUROPCAR en la faltriquera mostroles la máquina diciéndoles:

—Suban, caballeros, si tienen ánimo para ello.

—Aquí, dijo Sancho, yo no me subo, porque ni tengo ánimo ni soy caballero.

A grupa de aquel artefacto don Quijote, tentó la clavija, y apenas hubo puesto los dedos en ella cuando dio un volantazo que casi da de bruces en el suelo el cuerpo de su escudero.

—¡Tente, valeroso Sancho, que te bamboleas!

—Por este lado, gritó Sancho, me da un viento tan recio, que parece que con mil fuelles me están soplando.

—Ni el licenciado Torralba logró volar tan apriesa. Sin duda alguna, ya debemos de llegar a la segunda región del aire, mira como doblan sus cuerpos las tropas moras. Presto daremos en la región del fuego, y no sé yo cómo templar esta clavija para que no subamos donde nos abrasemos.

—No son moros, señor, que son palmeras.

—Son malas artes de Malambruno que te hacen ver palmeras do atacan sarracenos, Sancho amigo.

Terminada la carrera se apearon de aquel clavileño y lo dejaron a buen recaudo en manos del siervo, ahora lampiña doncella.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un lenguaje apropiado a la época, aderezado de buen humor y un toque actual (Europcar), componen este divertido homenaje a la obra cumbre en lengua castellana. Cervantes bien podría haber imaginado un vehículo a volante en lugar de un caballo de madera, pero él era hijo de su época. Para eso está este relato, que actualiza con respeto el conocido episodio.
    Un abrazo, Jesús. Suerte

  2. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Hola Ángel. He decidido no meterme a político. Por tanto no tengo ningún peligro de poner mi cargo a disposición por culpa de este relato. Como puedes investigar la idea no es mía, es de Miguel de Cervantes Cortinas (se ve que el diabético este corrió las cortinas de su madre Leonor (argandina del Rey) para sustituirlas por un Saavedra que en moro significaba “el manco”).
    Pero no es eso lo fraudulento más notorio. Confieso que más de un 50% de mi relato es un corta y pega del capítulo XLI de la segunda parte del Quijote que ahora, desde la perspectiva e infantil madures de mis casi 70 años estoy leyendo a capítulo diario. Es una simbergonzada digna de un master de universidad nueva producto de una gozada de lectura.
    Pido perdón a quien se ofenda.

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