Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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05. Confesiones sobre el diván

Nunca entenderé por qué nos sacaron aquella instantánea. Tener a mamá delante, señalándome con el dedo acusador, hizo que ese día en particular también me cagara en los pantalones (por si fuera poco). Cada vez que ocurría lo inevitable, ella sentenciaba: “la próxima, te cuelgo a ti, en lugar de colgar las sábanas”. Yo asentía, todo compungido, sin entender nada. El psicólogo le explicó mil veces que el retorno de mi problema de enuresis era provocado por el trauma tras la muerte del hámster. Y a mí me vino de perlas que este hombre lo achacase a eso.
Fue una época para olvidar. Me convertí en el hazmerreír del colegio gracias a mi hermanita. Pasó la foto a sus amigas por negarme a servirle de carabina.
Al final, solo había disfrutado la vida con Jane, la vecina. Mirábamos por las ventanas. En el dormitorio, su padre desnudaba y magreaba a la asistenta mientras la madre estaba trabajando. Jane y yo los imitábamos. Una noche que me escapé, nos pillaron espiándolos y poniendo en práctica lo que de ellos aprendimos. El padre de Jane me prohibió verla y amenazó con contárselo a mi madre. Me oriné del susto. Y ya, seguí…

8 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    El problema de las camas mojadas suele venir motivado por motivos físicos a veces, pero sobre todo, psicológicos, como es el caso de tu protagonista, que demuestra que todo sucede por algo.
    Un relato en el que el lector se convierte, sin darse cuenta, en psicoanalista, con una historia de secretos, venganzas y vergüenzas diversas.
    Un saludo y suerte, María José

    1. María José Sánchez

      Muchas gracias por comentar, Ángel. Los traumas de la infancia tienen un reflejo más o menos inmediato en el comportamiento humano.. En el caso de la enuresis, parece que guarda relación con temas psicológicos, entre otros. La vida de este niño, pese a su corta edad, es un trasiego de vivencias, no siempre buenas. Y llega a mayor con bastantes cosas por superar. Para eso están los psicoanalistas.
      Suerte también para ti.
      Besos.

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Hola, María José. Tu texto da para tirar del hilo de las diferente historias que parecen haber conformado la vida del pobre protagonista. Dicen que de todo se aprende. Esperemos que las posibles secuelas tanto sufrimiento y menosprecio aún tengan arreglo. Al menos, al atreverse a contarlo, parece buscar alguna ayuda. Suerte. Besos.

    1. María José Sánchez

      Muchas gracias, Jesús. Efectivamente, en el texto confluyen las historias de los personajes en torno al nexo común de las sábanas en el tendedero. Al ver la foto, imaginé a los niños que se hacen pis en la cama. Para justificar esa enuresis, recurrí a las vivencias del chavalillo. Y de trasfondo, la consulta de un profesional en la materia.
      Suerte para ti, igualmente.
      Besos.

  3. Salvador Esteve

    El naufragio del esfínter solo era una causa y efecto de las vivencias de un niño, donde el miedo y la vergüenza comportan una personalidad que solo el tiempo equilibrará. Muy original, María José, me ha gustado mucho. Un abrazo y feliz verano.

    1. María José Sánchez

      Muchas gracias, Salvador. Tus bellas palabras siempre me reconfortan y me transmiten un enorme apoyo. El niño, pobrecito, vive en un ambiente que no favorece el que deje de hacerse pipí. Sus juegos con Jane son lo único que le anima un poco, La familia no colabora precisamente para hacerle la existencia más llevadera. El narrador es el protagonista, ya hecho un hombre. Le cuenta al psicoanalista, tumbado en el diván, cómo fue su terrible infancia. Se supone que aún arrastra traumas de la niñez.
      Gracias, de nuevo. Buen verano y un abrazote fuerte.

    1. María José Sánchez

      Muchas gracias, Nani. La verdad es que cuando eres niño, ves las cosas desde otra perspectiva. Todo se vuelve inocencia y espontaneidad. Pero también aprendes a base de buenas y malas experiencias. Aunque sea orinándote encima.
      Besitos muchos para ti, bonita. Feliz verano.

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