Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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20. Cuando el viento sople hacia el Sur

Como si se tratasen de encinas centenarias, profundas raíces les ataban a la tierra que un día les vio nacer y que se empapó de sangre durante una guerra fratricida. La misma tierra andaluza que año tras año fue regada con su sudor trabajando para otro hasta la extenuación, con la única promesa de conseguir el sustento familiar imprescindible para sobrevivir junto a sus hijos a los que criaron como a polluelos; hasta que éstos extendieron sus alas y aprendieron a volar. Fue entonces cuando “los niños” decidieron abandonar el nido hacia tierras de mejores promesas.

La soledad es mala compañía. Nada tenían y nada dejaron al marchar junto a ellos, ante la amenaza cierta del cruel paso de los años, excepto sus lágrimas y su corazón roto.

Años más tarde no hubo testamentos ni tampoco herencias. Únicamente una póstuma súplica: “Cuando llegue la hora, subid a la más alta montaña de Barcelona y desde allí lanzad muy alto nuestras cenizas cuando un fuerte viento sople hacia el Sur”.

-FIN-

20 Respuestas

  1. J u a n P é r e z

    ¡Ufff! ¡¡¡¡¡¡¡ Estoy enamorado del final !!!!!!! Hace mucho que no leía nada tan lírico.Escarapela Cum laude merece ese columbario liberado en las alturas de la Ciudad Condal. Atentamente, ” J ” (¡B r a v o ! )

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Emotivo texto el que nos dejas, José Luis. Por fuerte que fueran esa raices, la necesidad y las circunstancias lograron arracarlas, mas no sus recuerdos. Ojalá que los que quedan cumplan ese deseo final y sus restos puedan descansar donde nacieron, amaron y sufrieron. Suerte y saludos.

  3. Cristóbal Peña Relaño

    Como andaluz, vaya mirada hacia atrás!…, y la tristeza de no morir en tu tierra…, bueno, cuál es nuestra tierra?, es complicado el asunto…, para la reflexión, pero me ha gustado, sobre todo el final, muy bueno, suerte y un saludo.

  4. Martín Zurita

    Hola, José Luis:
    Buena propuesta la tuya. Un texto centrado en emigrantes andaluces, uno de los pueblos emigrantes por antonomasia. Qué bien plasmada su raigambre al terruño en esas “encinas centenarias de profundas raíces”. Así como en el deseo para con sus cenizas. Enhorabuena. Un abrazote.

    1. José Luis Chaparro

      Gracias Martín. La necesidad obliga y este micro no tiene más pretensión que brindarles un modesto homenaje a todos los que un día se vieron en la necesidad de abandonar su tierra, en este caso, para siempre. Un saludo y mi deseo de suerte.

    1. José Luis Chaparro

      Gracias Blanca. Algunos entendemos la tierra que nos vio nacer como si se tratase de nuestra madre, motivo por el que romper esos vínculos puede resultar tan triste. Un saludo y suerte.

  5. Angeles del Blanco Tejerina

    Precioso José Luis! Esta semana que estoy en Francia visitando a mi hijo “emigrante” este texto tiene especial sentido. Tras cuatro años fuera de su país ahora ya no sabe cual es su lugar. Llega un momento que se sienten de ninguna parte y somos sus raíces los que nos movemos… Suerte!!! Mecgusta reencontrarte.

    1. José Luis Chaparro

      Hola Ángeles. Yo también fui emigrante durante 4 años y sé cuánto se valora volver a ver a la gente que queremos y nos quiere. Ahora sé que se ama a la tierra como a los hijos: donde quiera que nos encontremos o donde se encuentren ellos. Un abrazo y mucha suerte. Espero que sigamos coincidiendo por estos mundos…

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