Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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EL ARTE DE ESCRIBIR

dino 33xVarios autores sobre el arte de escribir. 

El buen escritor es el que dice las cosas complicadas de un modo sencillo. El mal escritor es el que dice con complicación las cosas triviales. JEAN COCTEAU.

Las ideas le vienen a uno al escribir, durante el trabajo. Eso de tener ideas se puede conseguir con la práctica. Es, de verdad, una cuestión de entrenamiento. Quien no sabe tocar el piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado durante muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo. MICHAEL ENDE.

Nada más difícil que ser claro y breve. Se necesita ser un genio. ECA DE QUEIROZ.

En el proceso creativo hay dos partes: una es de pura disciplina, de trabajo. Una novela requiere muchas horas, meses, transpiración. Pero muchas veces sentimos que esa disciplina no lleva a ninguna parte. Y de pronto, entre todos esos materiales que andaban rondando por ahí, aparece un dato mínimo que hace que todo cambie. ANTONIO MUÑOZ MOLINA.

La imaginación es el impulso alegre hacia lo desconocido. JOSÉ LEZAMA LIMA.

El autor debe estar en su obra como dios en el universo; presente en todas partes, pero visible en ninguna. BENITO JERÓNIMO FEIJÓO.

Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará con escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su vez a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquel que encuentra bellísimo a su hijo y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa, ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que, para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre otras muchas cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obligue a seguir leyendo, que atrape la atención, que aísle al lector de todo lo que le rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. JULIO CORTÁZAR.

No existen libros morales o inmorales; solo libros bien o mal escritos. OSCAR WILDE.

El cuento, por su brevedad, es un género en el que caben menos acrobacias que las dables en otras modalidades literarias, por ejemplo, la novela. Así como en un soneto, y según Azorín, este es a la poesía lo que el cuento a la prosa, no cabe prácticamente alteración en su estructura, cualquiera que sea el lenguaje empleado, las metáforas, el contenido del mismo; en el cuento ocurre algo parecido, y no porque en él se dé la supeditación a un esquema rígido e intocable, a una extensión fija (hay cuentos de una o dos páginas, pero también de treinta o más). La semejanza es solo parcial, pero aún así puede resultar aclaradora de lo que quiero decir. Un cuento, por razón de los límites que le impone su tema, no permite ensayar las mismas novedades que son posibles en una novela. BAQUERO GOYANES.

La brevedad es el alma del ingenio. WILLIAM SHASKESPEARE.

Sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas. Así que, para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles; no repetir lo que han dicho otros. Entonces, el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el lema se haya tratado infinitamente, a decir las cosas de otro modo. JUAN RULFO.

Un libro, como una vieja, comienza con inquietud y termina con melancolía. JOSE VASCONCELOS.

Los cuentos pueden diferenciarse unos de otros como el sol de la luna. Pero el concepto, el coraje para contar la intensidad, la brevedad, son los mismos en todos los cuentistas, de todas las edades. Todos ellos poseen en grado máximo la característica de entrar vivamente en materia. Nada más posible que aplicarle estas palabras: al grano, grano, con las que se hostiga al mal contador verbal. El cuentista que no dice algo, que nos hace perder el tiempo, que lo pierde él mismo en mismo en divagaciones superfluas, puede volverse a uno y otro lado buscando su vocación. Ese hombre no ha nacido cuentista.

Pero ¿y si esas divagaciones, digresiones y ornatos sutiles poseen en sí mismos elementos de gran belleza? ¿Y si ellos solos, mucho más que el cuento sofocado, realizan una excelsa obra de arte?

Enhorabuena, responde la retórica. Pero no constituyen un cuento. HORACIO QUIROGA.

Escribir no es una profesión, sino una vocación de infelicidad. GEORGES SIMENON.

Los escritores son esa gente que no tiene bastante con los libros de los demás. DUQUE DE ROCHEFOUCAULD.

Garra. Entusiasmo. Cuán raramente se oyen estas palabras. Qué poca gente vemos que viva, o para el caso, crea guiándose por ellas. Sin embargo, si me pidiesen que nombrara los elementos más importantes del carácter de un autor, aquello que da forma a su material y lo impele hacia donde quiere ir, solo podría advertirle que pusiera atención a su garra, que se fijara en su entusiasmo.

Ustedes tienen su lista de autores favoritos. Yo tengo la mía. Dickens, Twain, Wolfe, Peacok, Shaw, Moliere, Jonson, Wycherly, Sam Johnson. Poetas: Gerard Manley Hopkins, Dylan Thomas, Pole. Pintores: El Greco, Tintoretto. Músicos: Mozart, Haydn, Ravel, Johann Strauss. Pensar en estos nombres  es pensar en garras, apetitos, entusiasmos grandes o pequeños pero siempre importantes. Pensar en Shakespeare y Melville es pensar en truenos, relámpagos, viento. Todos conocían el gozo de crear en formas amplias o reducidas, en telas limitadas o estrechas. Son los hijos de los dioses. Sabían divertirse trabajando. No importaba si de vez en cuando crear era difícil, qué tragedias o enfermedades les afectaban la vida íntima. Las cosas importantes son las que nos llegaron de sus manos y de sus mentes, y están llenas a reventar de vigor animal y vitalidad intelectual. Nos trasmitieron sus odios y desesperaciones con una especie de amor. Si uno escribe sin garra, sin entusiasmo, sin amor, sin divertirse, únicamente es escritor a medias. Significa que tiene un ojo tan ocupado en el mercado comercial, o una oreja tan puesta en los círculos de vanguardia, que no está siendo uno mismo. Ni siquiera se conoce. Pues el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. Sin ese vigor, lo mismo daría que cosechase melocotones o cavase zanjas; y Dios sabe que viviría más sano. RAY BRADBURY.

Solo en los libros de Historia y en las baladas antiguas sucede que el derrotado es siempre el enemigo. GEORGE BERNARD SHAW.

Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los bichos, el tiempo y su propio contenido. PAUL VALÉRY.

Es posible, en un poema o un relato, escribir acerca de cosas completamente tópicas y utilizar un lenguaje tópico, al tiempo que dotar a tales cosas (una silla, una cortina, un tenedor, una piedra, un pendiente…) de un poder inmenso y hasta cierto punto asombroso. Si vas a describir una cuchara o un televisor, nunca debes permitir que esos objetos aparezcan en el escenario y se suelten a su aire. Han de desempeñar un papel en los relatos, no son personajes, en el sentido que aparecen en mis relatos, pero están ahí y quiero que mis lectores sean conscientes de esa presencia, que sepan que ese universo está ahí, que el televisor está en aquella esquina, que puede estar encendido o apagado, que la chimenea está llena de latas viejas. RAYMOND CARVER.

Solía decir Cayo Lucio que no quería que leyesen sus libros ni los muy ignorantes ni los muy sabios, porque los unos no entendían nada y los otros querían entender más de lo que él había escrito. MARCO TULIO CICERÓN.

Ciertos lugares hablan con su propia voz. Ciertos jardines sombríos piden a gritos un asesinato. Ciertas mansiones ruinosas, fantasmas. Ciertas costas, naufragios. ROBERT LOUIS STEVENSON.

La vista de un trigal soplado por el viento nos crea expectativas muy diferentes de las que nos crea la vista de un callejón tenebroso en un suburbio. Por asociar cosas con emociones, ese trigal, ese callejón, nos afectan como símbolos. Nos sugieren acciones posibles, nos preparan para oír cuentos alegres o lúgubres. ENRIQUE ANDERSON IMBERT.

Una de las cosas más difíciles de hacer es escribir el primer párrafo. He pasado muchos meses trabajando en un primer párrafo, pero una vez que lo tengo, el resto sale con facilidad. En el primer párrafo, se resuelven la mayor parte de los problemas del libro; se define el tema, el estilo, el tono. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

El cuento es un poco como asomarse a algo: descubrirlo en el momento en que sucede y luego retirarse. Una estrella fugaz. La novela es caminar mucho por la calle. MARCO DENEVI.

Dickens y Dostoievski me enseñaron que la mujer citada en la página 25 debía reaparecer en la página 500 para que el relato fuese una construcción sin cabos sueltos. Creo, en suma, que la literatura es una especie de deporte, un juego con reglas que el lector ya conoce, o que hay que explicarle si se improvisan, pero a propósito de las cuales no hay que estafarle nunca. Si la obra engaña al lector, se engaña a sí misma. ANTONIO PROMETEO MOYA.

Pocas veces me molesto en describir la cara que tiene un personaje. Creo que una cara de mujer, digamos, La Maga, no puede ser muy diferente, según los lectores. Porque hay una caracterología, una conducta, una palabra, una voz, que le dan una fisonomía. Alguien puede verla más alta o más baja, más rubia o más morena, con tal o cual color de ojos; serán detalles más o menos secundarios que no creo que modifiquen una especie de fisonomía central.

Entonces, si se llega a eso a través de la vida del personaje, para qué molestarse en hacer lo que hacían los escritores del pasado: «entró fulanito, de estatura mediana, su cabeza coronada de bellos cabellos, etc». Lo considero completamente inútil. JULIO CORTÁZAR.

La experiencia me ha enseñado que no hay milagros en la escritura, solo trabajo duro. Es imposible escribir un buen relato solo llevando una pata de conejo en el bolsillo. ISAAC BASHEVIS SINGER.

En toda la literatura del mundo, no hay más que siete u ocho grandes temas. En tiempos de Eurípides ya se habían tratado todos. Lo que hacemos desde entonces es repetirlos. Escribir es repetir; lo único nuevo es un cierto modo de mirar la vida. THORTON WILDER.

 

 

3 Respuestas

  1. María Rojas

    Quiero agradecerte la dedicación de este blog, tan útil para los que queremos escribir.
    Susana, que tengas unas buenas Navidades y provechoso año 2015.

  2. María, de verdad que ha sido un placer compartir, muchas gracias. Y gracias también a todos los que os habéis parado por aquí a dejar vuestras impresiones, siempre muy bienvenidas: Ana, Paz, Mel, Paloma, Lorenzo (twitero), Juan Antonio, Rafa(s), Toni, y todos los demás (me perdonáis porque no me acuerdo de todos los nombres…).
    Esta es la última entrada en este blog. Si bien no habrá segundas partes, no descarto volver si se me ocurre (o me sugiere el gran Jams) alguna otra propuesta sobre escritura.
    Nos seguimos leyendo, eh, que esto no es una despedida.
    Abrazos a todos.

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