Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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EL BLOQUEO DEL ESCRITOR

dino 41Tenemos que afrontar la hoja en blanco sin miedo, con libertad total para contar cualquier cosa. Escribimos para divertirnos, por tanto podemos escribir todo lo mal que queramos. No debe ser un problema equivocarnos con las fechas, datos y signos de puntuación, ni hay que preocuparse por la presentación ni los tachones, porque después lo vamos a corregir.

Además, nuestro primer borrador no lo va a leer nadie más que nosotros. Entonces, ¿a qué tememos? A nosotros mismos: tenemos miedo a defraudarnos. Ponemos el listón de expectativas lo más alto posible, convencidos de lograrlo sin problemas y recibir la ovación del público. Sin embargo, no hay un público en las gradas que nos vaya a aplaudir. Nosotros somos el público. Así que podemos coger ese listón y bajarlo un poco, e incluso ponerlo a la altura del suelo porque nadie nos va a ver.

Eso justamente es lo que vamos a hacer: poner nuestras expectativas al nivel del suelo para que nos permitan escribir cualquier cosa. Escribir sin pretender nada: ni que salga perfecto, ni siquiera que salga bien. Lo bueno de esto es que nos llevaremos la gran sorpresa de que sin ese listón se escribe mucho mejor.

El escritor tiene que disfrutar tanto con sus historias como lo hace un niño con sus juguetes. El niño juega como si nadie lo estuviera mirando, nadie va a criticarle si en un momento dado hace volar a su muñeco articulado y lo convierte en superman. El niño no piensa: bah, qué tontería, los muñecos no vuelan. El escritor cuando escribe es ese niño. Si el escritor no juega, el oficio dejará de ser divertido y no hay creatividad sin diversión. El escritor es el primero que tiene que disfrutar con sus historias.

Aunque antes hemos dicho que no habría nadie observándonos, en realidad sí que hay alguien: nuestro crítico interno, el principal enemigo de la creatividad. No resulta fácil desprendernos de él, pero sí podemos obviarlo cuando nos sentamos a escribir. De esta manera podremos escribir sin la tensión de su presencia. No podemos dejar que nos moleste a la hora de crear el primer borrador. Eso sí, una vez que lo tengamos terminado será cuando lo llamemos para que nos ayude a revisarlo. Solo en ese momento es cuando tenemos que exigirnos un poco más. En eso consiste, pues, separar la fase de creación de la de corrección: en no permitir que se nos adelante el crítico interno y nos moleste durante la escritura del primer borrador.

El bloqueo literario solo se cura escribiendo, sin pensar en los resultados, disfrutando del momento. Y siendo valientes, porque a veces no nos atrevemos a poner ciertos pensamientos en el papel. Escribir es un hábito. Cuanto más escribamos, menos nos costará expresar lo que queremos decir. Este es el consejo más valioso que podemos daros. Pero también es necesario conocer las herramientas que nos facilitarán el avance y la fluidez de nuestras historias.

¿Cómo se empieza una historia? Y lo que es más difícil, ¿cómo se continúa? Todos los escritores hemos sufrido el bloqueo en algún momento y cada uno lo soluciona a su manera. No obstante, existen algunos trucos para hacerlo desaparecer.

-La escritura libre o escritura automática. Lo más importante es no parar de escribir. Buscaremos temas concretos, es decir, si queremos hablar sobre el amor, escogeremos a aquella chica morena de clase, nuestro primer amor, y aporrearemos las teclas del ordenador a toda velocidad, sin pensar, pues esa es la manera de acercarnos a nuestro subconsciente e ignorar al crítico interno dejando que fluyan todas las frases e ideas que se nos ocurran. Poco a poco irán surgiendo conceptos y metáforas sin tener que esforzarnos. Esta técnica permite la asociación libre entre ideas e imágenes, produciendo metáforas que han salido de algún lugar de nuestro interior. Estas ideas no son fruto del pensamiento, sino del sentimiento. Por eso son tan valiosas.

-Tormenta de ideas. Parecido a lo anterior pero con una estructura aún más flexible. Se trata de escribir sobre lo primero que te venga a la cabeza, incluso palabras sueltas y que no tengan ninguna relación entre sí.

-Lista de palabras. Viene a ser una tormenta de ideas solamente que partiendo de nombres, cosas concretas. Al cabo de un rato de escribir sobre uno o varios de los sustantivos elegidos de esa primera lista, las ideas empiezan a asociarse aunque no nos demos cuenta. Incluso alguna de esas palabras puede hacernos recordar algo de la infancia que creíamos tener olvidado.

-Constelaciones de palabras. En el centro de un folio en blanco escribimos un tema, por ejemplo, deportes y lo rodeamos con un círculo. Trazamos una línea que lo una con otro círculo donde escribiremos natación. Podemos conectar la idea central con otros círculos donde pondremos salud, dieta, bañador… De cada círculo secundario se pueden sacar más líneas y círculos, intentando entrar en más detalles a medida que añadamos otro círculo. Por ejemplo, del círculo bañador pueden salir otros que digan de piscina, bikini, etc. Así, poco a poco, iremos concretando un tema, buscando el detalle más ínfimo.

-Inventarios caóticos. En la escritura automática, el caos tiene un valor muy concreto, es un caos solo en apariencia. Digamos que es el orden que ha puesto nuestro subconsciente. Estos inventarios son enumeraciones de cosas y recuerdos que han surgido solas, sin forzarlas. Aunque algunas parezcan no tener sentido, es importante no rechazar el orden en que salieron, pues si lo hemos recordado en ese momento por algo será. Por caótico que parezca.

-Los materiales y lugares de trabajo. Algún escritor ha comentado que para escribir historias con mucha acción, frenéticas, prefería recurrir al ordenador. Le resultaba más ágil para dar cabida al borbotón de imágenes que se le iba ocurriendo. Pero que para recrearse en escenas más concretas y llenas de matices o pinceladas, se sentía más a gusto con el papel y el boli. Es importante que conozcas y experimentes con tus herramientas de trabajo y descubras con cuáles te encuentras más cómodo. De la misma manera tiene su relevancia el lugar donde escribas. Lo ideal suele ser un sitio tranquilo, donde no haya muchas distracciones o te puedan interrumpir a menudo. También es cierto que a veces hay un lugar para cada historia. Puede que no nos salgan las mismas historias cuando estamos en nuestro lugar de trabajo habitual que cuando escribimos, por ejemplo, tumbados en la playa o sentados en el autobús. No temas experimentar, probar lugares diferentes, entender lo que te produce cada uno. Como en todo, en esto tampoco existen reglas universales.

El aprendizaje de la escritura es un proceso largo que requiere de mucha paciencia y trabajo. La única forma de obtener resultados es después de mucha práctica, muchas lecturas y una buena dosis de disciplina. Si somos constantes y escribimos a menudo, poco a poco veremos florecer los resultados, veremos cómo mejoran nuestros textos y ganaremos en criterio.

 

 

5 Respuestas

  1. Esta sí que es una lección a tener en cuenta. Cuesta creer que escribir sea un hábito. Pero si algo he aprendido leyendo y hablando con tanta gente que ama la escritura de este sitio, es que detrás de cada buen relato hay mucho más que una simple casualidad.
    Hay mucho trabajo y sobre todo muchas horas dedicadas.
    Eso sí, son horas de disfrute, sin duda.
    Gracias por dejarnos tan buenos post.
    Besos y Felices Fiestas.

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