Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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80. El fin del mundo

Era la hora del bocadillo y no se me ocurrió mejor idea que preguntarle qué le gustaría que pusiera en su lápida. Me miró como si esperase la pregunta o se la hubieran hecho cientos de veces, pero se limitó a echar otro trago de la bota. Empecé a pensar que, en mi ingenuidad y sin pretenderlo, quizás me había tomado demasiadas confianzas con aquel hombre a quien, al fin y al cabo, había conocido sólo dos días antes. Con las orejas gachas, le pegué un último mordisco a la tortilla de chorizo que, incómoda entre pan y pan, amenazaba con besar el suelo a poco que me descuidara, y decidí olvidar el tema y volver a la faena sin decir una sola palabra más.

Mira, chaval, el sitio este donde nos encontramos – dijo, sin embargo, al cabo de un rato. Aquí puedes leer decenas de frases, algunas bien bonitas, no digo que no, pero pocas dicen la verdad o, en todo caso, son medio verdades, porque sólo quienes te conocieron pueden recordarte como eras realmente.

¿Y cuando tu familia y conocidos ya no existan? – me atreví a preguntar

Entonces… entonces el mundo se habrá acabado – respondió

11 Respuestas

  1. Blanca Oteiza

    José Ignacio, bello relato entre lápidas. Cierto que el verdadero espíritu del difunto sigue presente en los familiares y amigos. Cuando éstos ya no están, pues no creo que sea el fin del mundo, pero esa tumba será una más en el cementerio.
    Suerte

  2. J. Ignacio

    Gracias por turbar la quietud de esta tumba con tus bellas palabras. Sólo puedo responder con una frase célebre que dice “¿el fin del mundo? – el día en que yo me muera”

  3. Hay un consuelo para esos momentos, que dice que alguien siempre está si permanece en nuestros recuerdos. Creo que tu historia nos lleva por ahí, y por el qué pasará después de que no quede nadie de los tuyos para recordarte. Lo has ubicado muy bien en esa conversación de cementerio. Mucha suerte 🙂

    1. J. Ignacio

      Sí, así es, hay personas que te llegan tan dentro que nunca terminan de irse del todo, porque su esencia permanece en nuestro sentimiento.
      Abrazos también para ti.

  4. Es un relato que me gusta en su inicio y me crea expectativas, sin embargo no llego a apreciar el cierre. Por otro lado, J.Ignacio, me ha costado mucho encontrar tu relato, la próxima vez pon tu nombre tras el título.

  5. J. Ignacio

    Gracias, Javier. Tus palabras me halagan.

    Si eres tan amable de leer un poquito más arriba, creo que podrás encontrar la respuesta que buscas.

    Respecto a tu amable sugerencia sólo puedo decirte que tomo nota, pero no puedo prometer nada porque normalmente prefiero pasar desapercibido.

    Aprovecho, con tu permiso, para añadir que este micro está dedicado a la memoria de mi amiga L., que me alumbra el camino cada noche al volver a casa. Si por mí fuera, el tema de este mes habría ido sobre angelitos en vez de epitafios.

  6. J. Ignacio

    Gracias por tener siempre una palabra amable para conmigo. Me gustaría dejarte un pequeño regalo: imagina las lagartijas correteando por la pared del cementerio al sol, y la gamella de los albañiles con la masa preparada para el arreglo. En 200 palabras a veces puede caber mucho, pero no siempre cabe todo.

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