Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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93. LA GRULLA Y LA LUNA (CARLES QUÍLEZ)

Una bandada de grullas sobrevoló el puerto de Vigo. Mamadou se apeó de su bicicleta y contempló los pájaros hasta que desaparecieron por septentrión. Una vez, se dijo, él también había cruzado el mar y dejado su tierra en pos del lejano Norte; y lo había hecho impulsado por un sueño: deseaba pilotar uno de aquellos coches del París-Dakar que pasaban a toda velocidad por su poblado cuando era un niño.

Mamadou sintió que, al igual que el seco viento Harmatan sacudía las llanuras, transportando consigo el polvo del desierto, la visión de aquellas aves agitó su espíritu y le trajo el recuerdo del cuento de la grulla y la luna.

En el cuento, una grulla encaprichada de la luna volaba tras ella una noche entera, hasta que, sedienta y exhausta, comprendía que jamás la alcanzaría. Entonces, alzaba la cabeza y se maravillaba al descubrir un lago de aguas plateadas del que bebió y bebió hasta saciar su sed.

“No todos lo sueños se cumplen –reflexionó Mamadou, mientras ataba la bicicleta a un amarre y se resignaba a conducir ésta en lugar de su anhelado coche–, pero los que no sueñan jamás encontrarán el lago de aguas plateadas”.

29 Respuestas

  1. María Jesús Briones

    Tu relato rezuma una poesía muy personal, que hace soñar.
    Me has presentado la fisonomía gallega donde se mezcla fantasía colorista y grisácea realidad.
    Saludos cordiales

  2. Eres muy amable, María Jesús. Me gusta esa alusión a los colores, aunque siguiendo tu analogía, yo más bien contrapondría el gris de la realidad del Norte con el color del Sur y de los sueños.

    Saludos cordiales

    1. María Jesús Briones

      Creo que no todo es gris en el Norte. Existe una visión colorista de aventura y futuro. Así lo ha demostado siempre el pueblo gallego, al salirse de sus fronteras, en busca del deslumbrante dorado.
      Saludos, Carles

  3. Ángel Saiz Mora

    La diferencia de haber nacido en un lugar o en el otro. Ver pasar veloces esos ingenios carísimos e inalcanzables como la luna, veloces y levantando nubes de polvo, el capricho de unos pocos, un niño que sueña con tener uno, que ha de conformarse con una vieja bicicleta. Que no digan que la suerte no existe, desde el nacimiento.
    Un abrazo, Carles. Suerte

    1. Carles Quílez

      Es así como dices, Ángel. La cuna es un componente de la vida, que puede ser suerte o accidente, determinante de toda la existencia, para bien o para mal.

      Feliz regreso y un abrazo.

  4. Margarita del Brezo

    Con tus palabras pintas una bella imagen, Carles, y los gruídos dejan una estela de esperanza que nos ayuda a saciar la sed. ¡Precioso relato!
    Un saludo

  5. ¡Muy bonito! El estilo de fábula te ha quedado redondo.
    En este relato hay varias historias que conviven (cada una ocupando su lugar): el cuento de la grulla y la luna, de Mamadou sus deseos de la infancia y su emigración, la visión actual de las grullas (que evocan el Harmatan!) y la resignación, pero sin renunciar a soñar!
    Y sobre todo eso, los sueños, siempre imprescindibles.
    Apetece leerlo, y releerlo.
    Un beso.
    Carme.

    1. Carles Quílez

      Gracias por tus palabras, Carme. Yo también reivindico el derecho a soñar (que, en el fondo, es el derecho a la esperanza).

      Besos.

  6. Carles Quílez

    Confieso que no sé qué sabor tiene el nácar, Lorenzo, pero me lo imagino a mar (por lo de las perlas) y con eso me basta.

    Gracias y saludos cordiales

  7. Mª Belén Mateos

    Un relato encantador hecho leyenda.
    Me gusta desde el titulo, pasado por esas aguas plateadas y acabando por esa comilla y punto final.
    un abrazo Carles.

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