Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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28. La mueca de Cate

 

—A Cate Blanchett —contesto.

Estoy en plena sesión de psicoterapia. Va de complejos y de esto ando bien servida.

—¿Y cómo cree que hubiese sido su vida pareciéndose a esta mujer? —me pregunta mi terapeuta.

—Pues, obviamente (me encanta esta palabra, la digo a menudo, incluso a destiempo), mucho más fácil, interesante. Y si no… ¡mírela!

En un segundo he buscado una foto de Cate en internet. Está haciendo lo que se podría llamar una fea mueca de «comme-ci comme -ça», contestando, tal vez, al mítico «¿te ha gustado?» post-revolcón. Pero en ella resulta encantador, irresistible.

Entonces mi terapeuta me suelta en plan farragoso eso que, gratis, obviamente, cualquier amiga podría haberme soltado: que no se es más feliz por ser más guapa, que las hay mucho peor que yo, que con los retoques del photoshop cualquiera… Y me voy animando, y me siento afortunada por tener la cara que tengo. Tanto es así que, terminada la sesión, me atrevo a gesticular a lo Cate cuando el hombre me recuerda que son ochenta euros. No parece apreciar. Coge el dinero sin apenas mirarme y no me devuelve mis buenas tardes. No soy Cate. Obviamente.

12 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Ese terapeuta es todo un profesional, consigue elevar la autoestima de su paciente, que se quiera a sí misma por como ella es. Solo comete un error y no es menor, cuando, al final, abandona las buenas palabras de su terapia antes de tiempo para coger el dinero, sin hacer caso al gesto de la paciente, lo que la pone de nuevo en el punto de partida.
    Un relato muy interesante dentro de su aparente sencillez, donde se aprecia el anhelo de tu protagonista, una persona con un físico corriente, por parecerse a una mujer que para ella es como de otra galaxia. Argumentos para conformarse con lo que se tiene siempre existen, pero también los contrarios, los que hacen quejarse de la propia suerte frente a la de otros. En ese difícil equilibrio se encuentra tu personaje, como también la mayoría de nosotros.
    Un abrazo y suerte, Dominique

  2. Hola, DOMINIQUE. Parafraseando a tu protagonista, obviamente, tras esa salida a destiempo del psicólogo con lo de los euros (que ella hubiera pagado gustosa si él no hubiera metido la pata al no “saber apreciar”) la paciente ha tenido a una suerte de epifanía: cualquier amiga hubiera podido soltarle gratis lo que su terapeuta le dice por ochenta euros. Obviamente ella no es Cate, y obviamente le ha llegado la hora de cambiar de psicólogo o, aún mejor, de internarse en un spa (se me hace que esto último sería igual de caro pero ella saldría más gratificada).

    Me ha gustado muchísimo.

    Un beso,
    Mariángeles

  3. Vernay Juillet

    Gracias, Ángel, Asier, Sandra, Calamandra,María Ángeles, Yolanda… Obviamente, vuestros comentarios me han encantado, tanto es así que después de leerlos me miré al espejo y me vi un poco Cate… 😉 Por cierto, decir la palabra «obviamente» a menudo repulpa los labios… por eso la digo mucho.

  4. Qué tentador es jugar con ese “obviamente” para comentar, pero Mariángeles se me ha adelantado. 😀 Así que ya te puedes imaginar lo obvio: que me encanta, sobre todo por la natural y delicada fluidez del texto.

    (Incluso me ha encantado una “a” intrusa, tan femenina ella, que se ha colado en el sitio de una “o” : “que las hay mucha peor que yo”. Si es adrede, genial; si no, puedes editarlo si quieres.)

  5. Salvador Esteve

    Seres como el terapeuta, que ningunean las emociones, son los que nos lanzan al deseo de otro rostro y otra vida. Muy buen relato, Dominique. Abrazos y suerte.

  6. Muy buen relato, Dominique. Tu fino sentido del humor, un dialogo que suena realista y la complicidad que consigues con la repetición del “obviamente”. Un auténtico placer leerlo y releerlo.
    Suerte y abrazo.

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