Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Mnstrscp2018 – R5 – Encuentro5

Los participantes con alias WAGNER y ARETHA FRANKLIN

deberán  batirse en duelo con un relato acorde a las siguientes bases:

 

PLAZO : antes de las 12 de la noche del domingo 14 de Octubre

EXTENSIÓN : 150 palabras MÁXIMO, título NO incluido.

Este encuentro está dedicado a LOS TIMOS

 

  • 1) Pueden ser historias de timos, engaños, estafas, robos de guante blanco, partidas de poker con sus fanfarronadas y estrategias… cualquier relato donde alguien idea un plan para vencer a otro por astucia.

 

  • 2) Podrías también, versionar alguna escena o peli o utilizar personajes asociadas al mundo “timo”, ¿qué estará ahora maquinando Mister Ocean?

 

  • 3) También, al ser la ronda del cine, podéis presentar relatos de rodajes de películas, escenas de cine siempre que aparezca un timo.

 

La partida de cartas de “El golpe” , Piclpocket

Los clásicos de Ocean’s, en versión chicas

 

 

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3 Respuestas

  1. Melisima

    HOUSTON TENEMOS UN PROBLEMA de ARETHA FRANKLIN

    Aquel mes de julio de 1969, el hombre no llegó a la luna. El Apolo XI sufrió una serie de problemas y se vio obligado a regresar a la tierra. Aterrizó, según las coordenadas dadas, junto a un club de alterne. Allí, les esperaban varios equipos de rodaje que habían instalado distintos escenarios para recrear el paisaje lunar. Retransmitirían a todo el mundo el presunto alunizaje en un falso directo.

    Justo en el instante en que el astronauta protagonista pronunciaba la famosa frase: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”, se presentaron en el set de rodaje un grupo de prostitutas que, al grito de: “el tamaño no importa”, se abalanzaron sobre los actores y acabaron montando una gran orgía. Por ello, en todas las televisiones del mundo, se codificaron las imágenes. Así nació el pago por visión.

  2. Melisima

    Divina juventud de WAGNER

    Siempre he manipulado las emociones y la codicia ajena para medrar en este efímero mundo. La sotana y mi falsa vocación son tan solo un disfraz necesario que tomé prestado a Dios.
    Viendo el diminuto frasco en el desván de la iglesia, mi mente urdió un nuevo engaño. El líquido color magenta de su interior me dio la idea. Doña Águeda, beata octogenaria, era la candidata ideal. En la quietud del confesionario le conté que eran restos del “acetum”, el vino aguado y avinagrado que los romanos dieron a beber a Jesús en su crucifixión. Sus fieles lo custodiaron, poseía el poder de la eterna juventud. Una devota como ella debía beneficiarse de tal reliquia; la ingenua me pagó una cuantiosa cantidad.

    En misa, en primera fila, vi a una bella joven, sus facciones me resultaban familiares. En sus labios leí la palabra gracias; todo mi mundo empezó a resquebrajarse.

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