Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Tom Waterhouse

ENoTiCias

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05 de Marzo

Relatos

646. EL ROBLE CENTENARIO, de Conejo

Soy el más alto y más viejo de mis hermanos. Llevo asentado en estas tierras ya hacen cien años. He visto muchos humanos pasaren por aquí. He dado sombra a muchos seres vivos. A mí me ha azotado en muchas ocasiones el furioso viento del Norte y me ha lavado las tempestades del Sur, pero mis raíces se han penetrado en la tierra lo más hondo que pudo para que yo me mantuviera en pie.
Hoy, al mi alrededor se extiende un bello bosque, aunque pequeño para lo que fue un día. Mis hermanos y hermanas, como ya he dicho, más jóvenes que yo, procuran levantar sus ramas para alcanzarme, pero yo soy centenario; tengo ciento y diez años. En mi tronco, guardo secretos de todas las épocas. En mi raíz derecha hay una caja con cartas de amor de una doncella. A mi izquierda una toponera. Allí, vi nacer más de siete generaciones de topos. En mis ramas, muchos nidos de diferentes pájaros.
Hoy, los humanos hacen una fiesta en mi honor. Festejan que cumplo un año más y sigo aquí, en pie, aguantando todo lo que la Naturaleza me ofrece de bueno y malo.
Yo soy el “Roble”.

645. ¿PERCIBES EL AROMA DE ESA PLANTA?, de Planta

Desayunaba cereal mientras leía la información nutrimental y algún reportero cantaba su nota por televisión, cuando una hermosa mujer de la oficina hace sonar mi celular para invitarme a pasar un fin de semana con ella, en medio de la nada. Y digo nada porque por aquí hay más cosas vivas que muertas; porque en algunos puntos  no hay señal telefónica.
¿Percibes el aroma de esa planta?
       Francamente nunca me ha interesado clasificar en subespecies lo que casualmente llamo «olor a tierra mojada», pero ese día mis neuronas se estaban congelando lo suficiente como para asentir con un leve cabeceo a su pregunta sin desviar la mirada del piso.
       De regreso, en la cabaña, voy al baño. Su espejo muestra el semblante de un incompetente. Me pregunto qué he estado haciendo todos estos años, pero no puedo llegar a una conclusión concisa, pues al poco tiempo noto que no estoy sólo. Lo que me pareció una tarántula salvaje y peluda —probablemente era una araña inofensiva, y hacía telarañas preciosas en sus ratos libres— acechaba a un lado del excusado.
       En ese momento traté de salir corriendo, pero la puerta estaba atorada y la ventana era demasiado pequeña

644. INFIEL, de Golondrina 2

-¡Ahhhh ¡ que aburrimiento! Y eso que la casita nos ha quedado monísima, pero la espera se está haciendo muy larga.
-Bueno mujer, enseguida todo pasará, intenta descansar que después lo que nos va a hacer falta es tiempo para descansar.
-Si , tienes razón cariño, pero .. me aburro.
-Pues mira el bosque, siempre hay algo que admirar y en primavera mas aún .
-Pero solo veo moverse las ramas de los árboles ,y alguna que otra ardilla.
-¡Ay mujer!, tienes que fijarte mas; mira las flores, como cada día hay mas ,y de colores diferentes, a nuestros vecinos o como se llenan las ramas de hojas.
-Esta bien, pero oye dime una cosa . Hoy me siento rara , desde que  he vuelto de desayunar esta mañana , no me siento cómoda ,¿ puedes mirar por favor  a ver si hay algo raro?
– Esta bien, aparta un poco. ¡Anda! ¡Esto si que es raro! Mmmm….
– ¿Que pasa cariño?¡ Me estás asustando!.
-No tranquila , no pasa nada , solo que hay uno mas … ¡¡ y tiene manchas!!.Cariño, ¡esto me lo tendrás que explicar!.
_¡Pero si solo me he movido del nido cinco minutos!

643.ZENÓN, de Gorrión

El  sol se escondía detrás de los edificios, comenzaba a caer una suave llovizna. El agua helada le producía una sensación de respiro.
 Había caminado todo el día en busca de trabajo. Solo  reposo,  en el banco de la plaza y comió una empanada que compró con algunas monedas,  renunció a la gaseosa,  prefirió una porción de tarta tenía hambre más que sed, el  bebedero de la plaza le dio agua fresca.
 Ahora, sentado en el cordón de la vereda, hundió el rostro entre sus manos y la melancolía de los recuerdos tironearon  su corazón. Como en una película aparecían las imágenes. En su pueblo podía ver el sol hasta que se hundía en el horizonte acompañado del trino de los pájaros que dormían sus noches en los eucaliptos y los demás árboles del bosque.
Tuvo que emigrar a la gran ciudad, a  la pobreza se sumaba el desmonte para dar  paso a los cultivos de soja. La  devastación avanzaba destruyendo la vida de la gente.
Allá quedó todo lo que poseía la choza, amigos,  león, su mascota. Algunos cacharros…
 Le  habían dicho que aquí encontraría  trabajo. La realidad es dura, duerme en la plaza protegido con cartones. 

642. LA FANTASIA DE EMILIO, de Gorrión

Emilio desde chico jugaba con los animales del bosque los conocía y entendía  su idioma. Cuando regresaba de jugar con ellos,  dejaba en el patio su mochila y corría a contar a su hermano historias fantásticas que él  imaginaba. 
 Juan le preguntó si era verdad que el zorro cuando lo vio le dio la mano y lo llevó a conocer su madriguera.  Emilio le aseguró que si,  que así fue tal como se lo estaba contando. Juan quiso ir con él para ver la escena,  a partir de ese momento el chico argumentó mil excusas para impedir que su hermano insistiera pero al verse hostigado por este decidió seguir el juego.
 Se dirigieron al bosque.  Ya  en el  lugar, señalo a su hermano una cueva. Allí  habitaban unos cuantos chajales que alarmados por la presencia de los visitantes emitieron fuertes aullidos para alejarlos.
 Aprovechando la ocasión  haciendo  alarde de sus conocimientos Emilio explicó que los chajales invadieron la madriguera del zorro y este huyo asustado.
 Juan se quedó conforme aunque luego se enteró que la madriguera era de los chajales, los zorros  habitan  en madrigueras abandonadas o  cuevas que hace en el suelo.

641. UN TECHO BAJO LAS ESTRELLAS, de Hoja de Saúco

El murmullo del agua allá en el arroyo claro me arrulla cada noche cuando me acuesto. Me adormece y me susurra una canción de cuna.

 Las hojas de los eucaliptos, los robles, las encinas y las hayas, todas a una se mecen a merced del viento fresco en una noche de verano. Ellas parece que concilian el sueño, al igual que el resto de los mortales bajo el mismo manto de estrellas. Se arrullan, se mecen, se acunan, se duermen.

Bajo ese techo de estrellas todos reposan y el bosque guarda silencio. El silencio de la naturaleza: el silencio de las lechuzas, los topos, los grillos y los lobos. El silencio del arrollo que canta incesante una misma nana para todo el bosque. Animales, arbustos, árboles y piedras escuchan entre susurros el cántico adormecedor del agua.

Las estrellas aun tan lejanas conforman un elemento más del bosque, de la noche y del verano. Son ellas las que nos arropan a todos por igual, protectoras desde el cielo azabache, desde ese techo que nos cobija a todos. Y todos, bajo un techo de estrellas, ya dormimos.

640. ERA VERDAD, de Violeta

Victor se bajó del coche mirando con curiosidad a su alrededor, todo le parecía mucho mas pequeño , diferente, lo que percibía no tenia mucho que ver con lo que recordaba .Hacía ya demasiados años, una sombra de desilusión recorrió su frente
Sin pensarlo dos veces soltó la mochila en la puerta de la cabaña y salio corriendo hacia el bosque como alma que lleva el diablo.
 Apartaba las ramas con la mano, alguna le daba en la cara pero no le importaba , él tenia que verlo con sus propios ojos, tenía que asegurarse de que aquello que vio tantos años atrás y que tantas veces aparecía en sus sueños  no fue un sueño si no que fue algo que existía y esa era su meta, encontrar aquella hermosa imagen .
Sin saber como, se encontró en un claro de bosque, paró en seco, ¡ allí estaba !¡ si ! ¡era cierto!¡ existía! .
En medio del verde bosque había un árbol ROSA, hermoso, brillante, con luz propia, era una imagen fantástica e increíble  y él la vio el día que se perdió en el bosque cuando tenía dos años .¡ Era un cerezo en flor!.

639. LOS SONIDOS DE LA NOCHE, de Grillo

Salimos a dar un paseo después de cenar. Hacía una noche fabulosa. Una suave brisa acariciaba la cara, la luna enorme brillaba majestuosa y un fantástico cielo estrellado nos indicaba que aquella noche no la olvidaríamos jamás. Caminamos en silencio, escuchando los sonidos del bosque. Grillos, lechuzas e insectos nos saludaban  a nuestro paso. Era un espectáculo apoteósico, ¿para qué estropearlo pronunciando absurdas palabras? Nos miramos a los ojos. Le sonreí, le acaricié el pelo con una ternura inusual en mí y lentamente la besé en los labios como jamás lo había hecho. Me miró sorprendida y prefirió no hacer preguntas. Disfrutó el instante. Creo sinceramente que estaba siendo el encuentro más excitante en veinte años de matrimonio. Pero había llegado el momento. Saqué de mi bolsillo interior el cuchillo cuidadosamente escondido y se lo clavé en el abdomen mientras le tapaba la boca. Dos, tres, cuatro veces. Sus ojos trataban de encontrar una
 explicación en los míos, pero yo los rehuí. Ya tendida en el suelo le hundí el cuchillo en la espalda varias veces más hasta que dejó de respirar. Entonces fue cuando llegué al orgasmo. Por fin. Tuve que matarla para conseguirlo

638. LA DESAPARICIÓN DE JACK O´NEILL, de Junco 2

Sgraaaa araa
Straa Araaaa
Hundraaaaaaaa
Esos sonidos, casi murmullos imperceptibles, llegaron a los oídos de Jackie O’Neill. Él transitaba por el camino del pueblo, alejándose de las casas circundantes hasta el brumoso bosque de “Old Tree”. Aquellos susurros provenían de la espesura. Jackie sabía que no debía hacerlo, porque según decían los pueblerinos, el bosque estaba maldito por una bruja y cuando se entraba  ya no se podía salir. A pesar de ello, el joven se arriesgó a adentrarse.
Cuando atravesó los primeros árboles, su oído se enfrento por segunda vez a las tenues melodías que había escuchado. Entonces el tiempo se paró. El muchacho miró a su alrededor y no vio luz por ningún lado. Se había perdido. Palideció, e instantes después oyó una risa perversa y maléfica que resonaba por todo su ser hasta decir basta. Jackie corrió y corrió pero cuanto más lo hacía más oscuridad se cernía ante sus ojos…
Lo último que se supo de Jackie O’Neill es que fue a dar una vuelta por las afueras del pueblo y que desapareció. Si alguien sabía más, ese alguien calló para siempre…

637. LOS SECRETOS DEL BOSQUE, de Insecto Palo

Como tantas veces intuimos, cualquier realidad supera la ficción. Por Septiembre de 2011, nos sorprendió aquella fascinante historia de Ray. Aparecido en Berlín tras sobrevivir cinco años por los bosques centroeuropeos. Extraviado y lejos de la civilización. Sobre el tintero queda la supuesta muerte accidental de Ryan. El padre cayó despeñado, intentando coger leña para combatir ese enloquecedor frío intenso en el parque nacional de Bavaria. El muchacho lo quemó, enterrándolo bajo unas piedras. Habían subsistido comiendo pequeños mamíferos, roedores, setas y lo que la naturaleza les brindaba ante condiciones extremas. La policía internacional sigue investigando el extraño caso del muchacho británico que hablaba con dificultad el idioma local. Ray, ayudado de una brújula, completamente solo, decidió caminar hacia el norte como le indicó su padre antes del fatal desenlace. Desde íntimo duelo de amnesias y silencios, relata también la supuesta muerte de su madre, Doreen, en un accidente de tráfico como causa original de incitarlos perderse por esos emblemáticos parajes. Después de empaparme tantas noticias, esa noche soñé que un caníbal de pelo pajizo, me devoraba las entrañas.

636. LAS MARZAS, de El Madroño

A primeros de marzo tuve la suerte de asistir a la recuperación de una fiesta tradicional: “Las marzas”.
Nos reunimos en la iglesia al anochecer.
A la hora indicada se apagaron  las luces y escuchamos ruidos que procedían del bosque cercano: campanos de las vacas, silbidos, griterío de gente que se acercaba.
Las voces cada vez se oían más cerca, hasta que un grupo de campesinos, hombres y mujeres, ataviados con albarcas, medias, boinas, palos y trajes tradicionales, entró en la iglesia aún a oscuras. Portaban cestas con chorizos, quesos, empanadas, vino, pan…
Se colocaron en semicírculo y comenzaron a cantar. Se acompañaban con panderetas, castañuelas, palos e instrumentos caseros.
Cuando alguien se acercaba a engrosar sus viandas, cantaban otra canción con más ahinco.
El alboroto fue tal que el grupo era de veinte y parecían sesenta.
Estuvieron deleitándonos, por espacio de una hora, con canciones montañesas, de ronda, picadillo y escenas teatrales.
Al finalizar actores y espectadores nos reunimos en la plaza y dimos buena cuenta de las provisiones de las cestas y de otras muchas aportadas por los asistentes.
Una velada inolvidable, recordando las tradicionales  “marzas”, cantadas antaño en las aldeas de Cantabria.

635. VISITAS, de Muérdago

El bosque se fue de excursión. Desde siempre había querido conocer  el sitio de donde venían aquellas personas que llegaban haciendo ruido a bordo de automóviles o motocicletas, cargados con maletas o mochilas  y llenando su espacio de ruidos y olores a gasolinas y humos.
El bosque entero se puso en marcha y empezó la aventura con un  cosquilleo en los troncos y en las ramas, en las flores y en la hojarasca de los senderos.
Llegó al amanecer, a tiempo de ver como tras las chimeneas, los rascacielos y los tendidos eléctricos, el sol se desperezaba sonrosado y joven.
El bosque entero se maravilló de las farolas aun encendidas, de los quioscos con las noticias frescas de tinta. Se esparció silencioso por la ciudad, camuflándose en plazas y jardines, emparejándose con otros árboles, otras hojas  y otros senderos urbanos.
Nadie lo extrañó. Los pájaros se posaron en las ramas, la gente dejo sus huellas al caminar y el viento levantó las hojas en remolinos verdes y dorados.
Al anochecer, el bosque emprendió el regreso, con la sensación de que posiblemente la mayor diferencia entre la ciudad y él era el respeto hacia el otro.