Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Tom Waterhouse

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. ¿Quedamos el próximo domingo 18 de febrero en el CHAT para hablar de nuestro 7º ENTCuentro?
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05 de Marzo

Relatos

468. LA ARBOLEDA, de Humedal

Tommy era cocinero. Su nombre Tomás, su sobrenombre por abuelos irlandeses. Siempre agregaba elementos a sus recetas. Visitando la Selva de Montiel, Entre Ríos, Argentina, conoció a Timbú viejo descendiente de los chanás originales. El indio relató cientos de anécdotas, lo instruyó en hierbas y elementos naturales.
 Tommy, de 24 años, escuchó atentamente. Practicó con Timbú sus preparaciones mágicas. Deleitó a sus comensales durante días y días.
 Llegó al fin el día de la despedida. Aprovechó que habían cazado un ciervo de los pantanos,   en los humedales provinciales.
 La salsa, exquisita, bañaba a la presa. Tommy organizó un concurso. ¿Podrían  adivinar los componentes de la comida? Todos acertaron en las hierbas, en las especias, en los jugos. Pero un condimento esencial no fue descubierto por los presentes.
 ¡Pimienta rosada! No comercializada aun. La habían tomado Tommy y Timbú del Aguaribay, llamado vulgarmente Gualeguay, árbol similar al sauce llorón, de generación espontánea. Sus frutitas, que los niños llaman “Quema mucho” porque arde jocosamente, contiene una semilla de gusto picante y dulzón: pimienta rosada. 
Todos aplaudieron a Tommy y a Timbú por su  habilidad y conocimientos.

467. EN EL ARROYO, de Humedal

El bosque es vida y ella renace en el bosque.
Estamos en la Selva de Montiel, Entre Ríos, Argentina. Hace muchísimos años, antes que la siembra, dejara casi extinguido este espacio tan especial y necesario.
En el arroyo jugaban unas mojarritas. Un cangrejo ofuscado se enojó pues no podía dormir la siesta. Pero las mojarritas, juveniles y rápidas escaparon. Al fin, astuto, trepó por una rama de sauce llorón que llegaba al agua. Desde allí saltó atrapando a una mojarrita. Ella intentó soltarse, pero las pinzas no la dejaron. Las otras desesperadas, llamaron a sus padres. Mamá mojarra enfrentó al cazador con grandes ojos bien abiertos le suplicó su libertad. El crustáceo conmovido, la dejó ir, retándola para que jugara en otra parte.
Así lo hicieron ellas, cruzando la corriente hasta la otra orilla. Pero con tal mala suerte que molestaron a un alacrán muy venenoso que se dispuso a eliminarlas sin escuchar protestas ni ruegos.

El cangrejo, rápidamente cruzó el agua para defenderlas. Desigual batalla donde el  cangrejo murió en su intento. Pero quienes lo molestaban un rato antes con su alborozo, salvaron su vida.

466. MI PARAISO, de La Cabaña

Cerré dando un portazo, quería que desde la planta de abajo mi madre no dudase de la inmensidad de mi enojo. Aún nervioso, sintiéndome acorralado entre las cuatro paredes del cuarto, opté por tumbarme sobre el blanco edredón nórdico, sin descalzarme a propósito, deseando que mi madre entrase y se enfadase conmigo por manchar el cobertor con los zapatos. Cerré los ojos y con la mente retrocedí a esta misma mañana, cuando tras desayunar con rapidez me escabullí hacia el bosque, mi paraíso, ese en el que por una vez me perdí y lejos de asustarme me sedujo de tal manera que los caminos de tierra cubiertos de ramas rotas y crujientes hojas, custodiados por robustos y altivos árboles, me incitaron a adentrarme cada vez más en la espesura. Al encontrarme, mi madre me abrazó y cubrió de besos mi rostro creyéndome asustado, aunque la asustada era ella. Yo me eché a llorar al verme alejado de mi edén particular. Me prohibió volver solo al bosque. Dijo que
 era peligroso. Yo no entiendo qué puede haber de comprometido en la inmensidad del bosque, donde no existen el ruido ni los humos de los coches, donde todo es paz y tranquilidad…

465. AMIGOS, de Boletus Edulis

El río estaba seco antes ya de empezar el verano; en primavera no había llovido prácticamente nada. El bar estaba lleno antes incluso de empezar la mañana, los hombres tenían prisa por abandonar sus casas. El bosque estaba solo desde antes de que el río se secara y continuaba estándolo cuando los hombres abandonaban el bar. Solamente un niño, disfrazado de niño, iba todos los días con una botellita de plástico llena de agua para verterla a los pies de un pequeño pino, que sobrevivió aquel verano gracias a eso.
¬Cuando sea mayor, te regalaré mi sombra -le prometió el pino.
Esa tarde, al llegar a casa, el niño escondió el hacha de su padre.

464. MONTAÑA VIEJA, de Festuca

Era una montaña tan vieja, que había visto como los bosques de encinas, robles y nogales se convertían en lentiscos, palmitos y arrayanes.
Donde antes habían madroños, fresnos, hayas y avellanos, ahora cubrían sus laderas, lozanos y verdes pinares de agujas y piñas verdes y marrones.
Vió marcharse a las águilas, dijo adiós a lobos y ciervos, cuando se marcharon a esconderse en otras montañas mas alejadas. Aprendió a jugar con la niebla, aprovechaba el viento mas recio, coqueta, para peinarse.
Al llegar la primavera, lo celebraba, contenta, usando las nubes como collares y pulseras.
Era una montaña vieja, pero tomaba la forma de un pecho de mujer adolescente cuando desde lejanos lugares, la veías dibujada en el horizonte.
Reía con las tormentas, mojada, brillante, alegre y sintiendo como cosquillas con el loco deslizarse, ladera abajo del agua por sus torrentes

463. NOTICIAS, de Dedalera

Algo pasaba en el bosque. Algo increíble, algo que celebrar. A no ser que no fuese cierto… ¿Quién fue el primero que corrió la voz? Las noticias venían del confín del bosque, aunque el límite no siempre estuvo allí.
 Hace años, aquellas personas cuyos abuelos habían convivido con los seres del bosque y lo habían cuidado para poder dejárselo en herencia a sus nietos, eliminaron toda la vida en aquellos terrenos y plantaron eucaliptos para hacerlos más rentables. ¡Eucaliptos! Seres altivos y estirados que nunca encajaron allí y que en el fondo, aunque jamás lo fuesen a admitir, extrañaban su tierra natal y sus koalas.
 Una extraña comitiva formada por habitantes de todos los rincones del bosque fue hasta la frontera entre el bosque y la plantación de eucaliptos. Y allí lo vieron. Un pequeño roble, todavía apenas un brote, pero hundiendo sus raíces vigorosamente en el suelo, se había aventurado a crecer entre los eucaliptos. Dispuesto a pelear por su vida y por lo que, a fin de cuentas, era una parte de su hogar. Esa noche, al fin, después de tantos años soportando los desprecios de los seres humanos, en el bosque hubo una celebración.

462. NADIE SABE CÓMO PASÓ, de Bosquejo

Se adentró en el bosque cercano a la casa de sus padres sin permiso. Corrió sin pensarlo atraída por el inquieto ladrido del perro, que salió por la cancela como cuando veía un gato. Eran contadas las veces en las que se veía enfurecido al san bernardo.
La niña corrió tras él sin pensar que papá o mamá podían reñirle por no avisarles, como cada vez que quería jugar fuera. Corría, pero se iba haciendo más difícil perseguir al animal. La espesura del bosque iba poniéndole más obstáculos en forma de gruesas raíces de árbol a cada paso que se adentraba.
Cuando le alcanzó el perro estaba en un claro del bosque que no había visto antes. La gran charca que lo presidía parecía un espejo en el que se reflejaban todas las nubes del cielo. El san bernardo parecía hacer frente a alguien pero no había nadie. Corrió con él pero al llegar, ella también pareció percibir la presencia y subió a un viejo tronco para intentar escuchar mejor. El perro, atemorizado ahora, gemía. Se escuchó un golpe seco al caer al suelo. El perro ahora sí, ignoró la presencia extraña e invisible y correr a pedir ayuda.

461. ESTA NOCHE TE CUENTO…, de Sauce Llorón 2

Asomada al alfeizar de la ventana, ve como la noche cae en el bosque que rodea su hogar. Satisfecha observa a la niña que ansiosa espera, como cada día, a que de entre los sauces asomen esas pequeñas y brillantes luces que siempre juegan con ella. Sabe exactamente lo que la pequeña siente. Esa alegría cada vez que es capaz de atrapar con delicadeza una de ellas en sus diminutas manos, cómo esa esfera de luz, pura y clara, provoca que la pequeña le persiga, ahora para mostrarle unas raras flores que sólo se abren de noche, ahora para que conozca las costumbres de los búhos que habitan en los alrededores de la casa… Esta mañana la niña preguntó de nuevo, y ella se limitó como siempre a decirle: esta noche te cuento…  Ya no queda mucho tiempo. Ahora su hija conocerá la verdad. Comprenderá que ninguna de ellas pertenecen al plano de los mortales, que llegado el momento su deber es volver a ser un hada que proteja y cuide el bosque y cumpla con su función natural…Abre la ventana y suavemente la llama, ha llegado la hora de compartir la verdad y de decir hasta luego…

460. LA INFANCIA ENCONTRADA, de Boletus Edulis

Cuando me perdí tenía diez años. Nadie creyó mi historia al encontrarme sano y salvo al día siguiente y contarles que había dormido en casa de Fergui y Rune, dentro de un roble.
Duendes, gnomos… fantasías de chiquillo, dijeron todos.
Continué yendo con mi padre a buscar setas todos los otoños al mismo lugar, pero jamás volví a ver a mis amigos. Con el tiempo, crecí y abandoné el pueblo, aunque en verano o navidad, cuando visitaba a mis padres, siempre iba a perderme entre los robles. El mes pasado regresé para siempre: faltaron mis padres, en un mes los dos. Y ayer fui al bosque; buscando a Rune y a su marido Fergui. Cuando llegué al roble que fue su casa, solo hallé un tocón con el aspecto de haber sido cortado hace tiempo. Desconsolado, me senté en él sin ganas de hacer nada. Quería perderme para siempre, volver a tener diez años…
Quizá tenían razón y todo fue una fantasía de niño, estaba pensando cuando escuché golpear (toc, toc) bajo mis posaderas. Me levanté sobresaltado para ver a Fergui saliendo del tronco cortado y decirme:
-¿Por qué no entras a nuestra casa? Está empezando a caer la noche…

459. HUÉRFANO, de Barro

El veintisiete de octubre mis botas se impregnaban a cada paso de más y más barro mientras las espesas hojas me impedían ver más allá de mis narices. Llevaba dos horas perdido en aquel bosque desconocido. Desistí. Decidí rendirme. Me senté en una roca y por primera desde la muerte de mi padre, lloré. Lloré por sentirme huérfano, por Lola que tanto me había sabido querer y a la que había dejado escapar, por mi amigo Mario y la distancia que ahora había entre nosotros y por el peso de los 46 años que se me antojaba imposible de transportar en el camino de mi vida.
 Y de pronto, la voz de un diminuto duendecillo pálido y compasivo me dijo “Vamos arriba, arriba una vez más”.
Qué extraño, pensé, si yo jamás he creído en duendes…

458. EL DESTINO, de Nomeolvides

Mi origen fue una gran masa de agua. Cuando nací ya tenía millones de hermanas.
‘Hermana Mayor’  nos contaba misteriosas historias sobre nuestro destino.
–       “Pronto viajaremos”.  – Aseguraba nuestra ‘Hermana Mayor’
–       “¿Dónde iremos?”. –  Preguntábamos ansiosas.
–       “Nunca lo sabemos”.  Sonreía mientras nos estrujaba. “No tengáis miedo. Casi siempre somos bien recibidas. “ .

–       “Ha llegado la hora “. –  Gritó ‘Hermana Mayor’.
Nuestro recorrido duró unos días. Fuimos rápido,  nuestro primo ‘Viento’  nos ayudaba.  Contemplamos mares grises, playas devoradas, extrañas formaciones  en el cielo recortadas…
–       “Es aquí.” – Tronó su voz.  “Preparad la formación.”
La formación ordenada de mayor a  menor empezó a  saltar. Nosotras, las ‘peques’, nerviosas y charlatanas nos afanábamos por ver el sitio mientras esperábamos nuestro  turno. Todavía era de noche y no se vislumbraba casi nada.
Con un apretón cariñoso me despidió ‘Hermana Mayor’.
–        “Disfruta. Es el bosque”,  me dijo empujándome con determinación.
Empecé a caer lentamente  mientras el sol empezó a asomar detrás de las montañas.
–       “¡ Ooooh! – Mi boca chilló.
El paisaje era turbador. Mis hermanas habían dejado todo resplandeciente. Árboles naranjas, botones multicolores, verde terciopelo, cadenas  plateadas…  Miles de arcoíris aparecían con nuestro roce.
       ¡¡¡ Splash !!!

457. EL PRIMER LOBO DEL BOSQUE, de Lobo

En el principio fue el bosque. Y al poco tiempo, llegué yo: el LOBO. Todas las criaturas de este bosque me temían. Y yo, y sólo yo, tenía la facultad de perdonar o devorar a quien quisiese. Igual me comía a la ninfa que perdonaba a la liebre. Lo mismo me comía a la amanita (aunque me sentase algo mal al estómago), que desechaba a la humilde bellota. Y así estuve durante muchos relatos en este bosque: solo. Luego llegó el lobo feroz, sin esperar a caperucita siquiera, más tarde \”lobo blanco\”, \”el lobo malo\”, \”lobito feroz\” y hasta un lobo2, que ningún parentesco guarda conmigo. En los días que faltan para que finalice el concurso me temo que puedan aparecer lobos grises, lobos de mar y hasta el lobo Carrasco. Ya nada es igual, como cuando apenas estábamos el bosque y yo y algunas otras criaturas de la foresta. Sólo me queda el orgullo de haber sido el primer LOBO. En fín, demasiado lobo para tan poco bosque.