Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Tom Waterhouse

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. ¿Quedamos el próximo domingo 18 de febrero en el CHAT para hablar de nuestro 7º ENTCuentro?
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05 de Marzo

Relatos

266. AL OTRO LADO, de Álamo

Le gustaba acercarse al límite del bosque y asomarse a mirar al otro lado. Lo que veía, oía y sentía allí era tan distinto a su hogar que no podía evitar sentir la fuerte atracción de aquel mundo misterioso. Aquellos colores, aquellos olores, aquellos sonidos evocaban algo en lo más profundo de su ser. ¿Sería paz? Se preguntaba cómo sería cruzar la línea que separaba aquellos dos mundos, vivir como todos aquellos seres maravillosos que veía, oía y sentía cuando su curiosidad le llevaba hasta allí.
¿Cómo sería vivir al otro lado?
El límite del bosque representaba en realidad el límite de un anhelo, de un sueño. Cruzar, adentrarse en un mundo donde su imaginación construía paisajes extraordinarios, magia decorada de infinitos trazos verticales creciendo hacia el sol y sostenidos por el inevitable caos de las pequeñas cosas que pueblan el suelo.
¿Cómo sería vivir al otro lado?
Después de soñar, daba la vuelta hacia su mundo. Tal vez mañana. Y volvía a su hogar, en el centro del bosque.

265. ELUARDO, de Moral

Eluardo lo dijo sin recordar que tenía poderes. Duende insensato. ¡Nunca se lo perdonaría!
—Papi, quiero una luciérnaga nueva.
—Cuando el sol haga florecer los almendros, cariño.
—¡No! La quiero ahora. Todos mis amigos tienen una luciérnaga azul. La mía está pasada de moda…
—Anabela, tu mascota se pondrá muy triste si la cambias por otra.
—Voy a ser el hazmerreir de la pandilla. Necesito la luciérnaga azul, ya.
—Eres caprichosa e insensible. No mereces ser un duende si piensas así.
—¡No saldré al bosque sin mi nueva luz azul!
—¡¡Como desees!!
Y sus palabras sellaron los oídos de la pequeña, desdibujaron sus ojos y difuminaron su figura con un destello cobalto, ondulante: un mar turquesa sin fondo. Centelleó una viscosa luz celeste y se movió, en torno a los pies del arrepentido padre, el insecto fosforescente más brillante que jamás había visto.
Desde entonces, Eluardo camina por el bosque con su nueva luciérnaga azul: la envidia de la chiquillería, la pena de un duende furioso y justiciero.

264. SENTENCIADO, de Musgo 2

El frío me despierta. Me quito la venda de los ojos. Estoy desnudo. Es de noche. No. No lo es; pero la densidad del bosque produce ese efecto.
Antes: el tirón hacia el furgón, los golpes, la venda, la cuerda alrededor de pies y manos, las horas de viaje, la caminata con los ojos tapados, los tropiezos, las caídas, las ordenes de seguir que escupen mis captores, el palo que me sume en la inconsciencia.
Ahora: el frío, la conciencia de estar en un bosque, la parálisis, la desorientación, la incapacidad de reacción, el pánico y el dolor intenso que me produce caer en la cuenta de que quien haya ordenado esto pertenece a mi círculo más íntimo de familiares y amigos. Solo ellos saben que padezco de una brutal y feroz nictohilofobia.

263. EL TRENTI ENREDADOR, de Tudancas

El duende más conocido de Cantabria es el Trenti. Y hace su vida en los bosques. Su ocupación favorita son las travesuras, que pone en práctica principalmente con cuantas “mozucas” se aventuran en sus dominios. Se alimenta de endrinas y panojas… y nunca bebe agua: es veneno para él.
Y hoy, camuflado entre la espesura otoñal, que adorna su bosque de vivos colores ocres y amarillos, está viendo acercarse a una jovencísima pareja de enamorados.
-¡Hoy me voy a divertir! -se dice regocijado, mientras trepa raudo a un haya majestuosa que se yergue justamente al lado del camino que han de seguir los tortolitos. Está repleta de su fruto: ayucos. Justo lo que necesita.
Desde lo alto inicia un fuego graneado de ayucos sobre el cabello castaño de la moza, que se los sacude disimuladamente, para que su pareja no se entere. También a él le llegarán, piensa. Pero no. La especialidad del Trenti son las mozas. Y ésta termina pensando que quien le arroja los frutos es su propio acompañante.
Esto buscaba el Trenti. Los ve enfrentados y con los ojos brillantes. Con suerte habrá pelea y luego reconciliación.
-¡Misión cumplida! -se dice, satisfecho y orondo.

262. MI PERRO LUCAS, de Helecho 2

Cuando mi perro Lucas se internó en aquella arboleda sombría de senderos de barro colorado, temí en gran manera. Miraba como sus huellas se perdían camino adentro. Le gritaba que volviera, pero en respuesta escuchaba un silencio definitivo que solo conseguía inquietarme más. Armándome del poco valor que me quedaba, comencé a caminar por aquel tenebroso lugar en donde parecía como si los arboles se abalanzaran sobre mí. Seguí avanzando unos metros más cuando, de pronto, noté como una mancha peluda rascaba lo que parecía ser un agujero: era Lucas; sentí un profundo alivio al verlo. Justo en el momento que lo llamaba, Lucas volteó. Pensé que era a mí a quien miraba, pero sus ojos estaban fijos en algo que estaba tras de mí. Con respiros entrecortados y sintiendo el miedo resbalar por cada parte de mi ser, comencé a girar la cabeza…
-Enrique, despierta ya flojonazo -era mi madre que me llamaba.
-Ha sido solo un sueño -me dije aliviado-. Todo está bien. Yo no tengo ningún perro llamado Lucas.
Bajé de la cama, y vi sobre el parqué las inconfundibles huellas rojizas de un can.
-Todo está bien. -Volví a decir ahora con menos convicción.

260. FLORECER EN OCTUBRE, de Arroyo

Cuando lo recibió al fin, la avalancha de sensaciones se fundió con olores húmedos de tierra y raíces. Se habían perdido juntos por esos caminos plagados de árboles que se desnudaban ante ellos sin pudor alguno y dejaban caer sus ropajes dorados con atrevida impertinencia. Qué libres se sentían en esta tarde de otoño, descubriendo a cada instante formas voluptuosas atrapadas en las estrías de los troncos o en el algodón de las nubes, mientras se acariciaban mutuamente con la mirada. El murmullo del arroyo era la banda sonora perfecta. Hoy, hasta el tallo agrio de la acederilla sabía dulce… Con los sentidos abiertos de par en par, fueron dejando atrás los ojos vigilantes que habían impedido que sus pieles se tocaran. Pero ya no. Allí extraviados, cuando el sol decidió esconderse discreto tras un rubor de estratocúmulos rosadas, sus labios se encontraron. Había sido su primer beso, el más intenso, fresco y genuino que jamás sintiera.

259. EL DESPERTAR, de Buho

Sueños que se dispersan al amanecer. En el cielo, bosteza la anaranjada boca que despierta los sonidos del bosque. Cae el rocío con la tranquilidad del salto de la ardilla de una rama a otra. Las hojas son mecidas por los brazos del aire recién despertado, después de una apaciguada noche. Restos nocturnos son observados por los ojos intrigados de los primeros seres que bostezan ante la luz. La misteriosa niebla, derrotada por el despertar de la vida, marcha a lugares más alejados y oscuros. Se divisa en los picos de las altas montañas, cual Saturno devorando a su hijo. Suena el susurro del agua al descender por el río, sorteando piedras ancladas en la tierra, acariciando plantas que bocetan  sus límites y recorrido. Una ventana se abre y el olor a savia entra en el hogar, invadiéndolo poco a poco, despacio, casi sin quererlo. Ese olor se mezcla con el humo de un café recién hecho, haciendo del momento algo mágico. Un rostro anónimo se asoma a la ventana abierta y sonríe, una vez más, al despertar de la vida en el bosque.

258. BOSQUE, de Amanita Muscaria

Terminábamos de llegar a una casita de madera que me resultaba familiar, en mitad del bosque, todo alrededor era espectacular, se respiraba aire puro, podía escuchar el canto continuo de los pájaros, el olor del lugar, todo estaba en perfecta plenitud en el lugar.
Te extrañaba tanto, era como si pudiese añorar algo que nunca tuve del todo, sentía que te podía querer  sin tenerte, pero algo me recordó que estaba allí con gente de la Universidad; del mismo año que nos conocimos.
Sentía que todo se repetía excepto, el que tu no estabas, tu ya no podrías volver a aquel lugar que un día nos unió e hizo que jamás pudiese borrar tu rostro de mi mente.
Sé que aquí es el único lugar del mundo que me hará pensar, llorar y poder devolverme esa paz que ya no tengo desde que te he perdido, solo este bosque, sus animales, flores, arboles, podrán traerme por segundos los momentos que compartimos, el verano pasado, cuando nos conocimos y que el destino y ese fatídico accidente que te costó la vida, nos arrebató.
Solo en la tranquilidad del bosque podré volver a sonreír sin ti y recordarte por siempre feliz.

257. HAY QUE DARSE PRISA, de Raíces

Primeras gotas de lluvia sobre las hojas secas del camino.  Hay que darse prisa y salir del bosque. No tardarán en colmarse las hojas de los árboles que durante unos minutos se transformarán en improvisados paraguas. Las gotas van agrupándose y se hacen fuertes y grandes. Se deslizan por una escalera natural de hojas y ramas desde las copas más altas hasta el suelo. Salgamos del bosque, no aguantará mucho más en descargar la despiadada lluvia que siempre sale victoriosa. Los árboles me protegen pero no por mucho tiempo.

256. SANGRE DE LOS ÁRBOLES, de Ascomiceto

Tras el forcejeo, el hacha quedó a un lado. La dríade le miró fijamente a los ojos y le besó apasionadamente. Se separó de él con un salto acrobático. Tenía los ojos cerrados. Una lágrima surcó su rostro.
-Lárgate y no vuelvas nunca- le susurró con rabia contenida.
El leñador retrocedió a trompicones y en cuanto se recompuso, comenzó a correr sin descanso. Salió del Bosque Viejo, con las ropas y la piel desgarrada por el tojo y los zarzales y allí en el linde, supo que ya no era el mismo hombre.
Musgo y rocío. Verde castaño, bellota, hidromiel. Sangre de los árboles. Aquel beso le perseguiría hasta el final de sus días.

255. ZONA BOSCOSA, de Ciervo del Bosque

La brisa del amanecer me trae, desde la profundidad del valle donde termina el camino de tierra, los ladridos de los perros. Por una parte me pone nerviosa, pero por otro lado me tranquilizan. Mi olor me delatará y ellos se sentarán a mi lado indicando mi posición. Ya tengo ganas de reunirme con mis abuelos en el nicho familiar porque ya es hora de que mi cuerpo descanse en paz.
            La Guardia Civil analizará todo mi cuerpo milímetro a milímetro; entonces les dejaré encontrar los restos de la piel de mi cuñado que guardo bajo las uñas. Él me violó y me enterró, y yo… lo entregaré a la justicia. El viento mece las ramas de los abetos que me cobijan bajo ellos, mientras avisan con su vaivén, a modo de señal, a los policías que ascienden despacio por la ladera donde he estado aguardando desangrándome lentamente. Ha llegado mi hora, y la de él.
            Una oropéndola me sobrevuela, amarilla como el sol que se cuela curioso por el bosque, y que acude, todas las mañanas a la llamada de mi llanto solitario desde la profundidad de mi tumba. Hoy es diferente y todo terminará en breve.

254. UN TROCITO DE CANTABRIA, de Tudancas

La sensación de paz es indescriptible. Tras el ruido ensordecedor del tráfico capitalino y el de la atestada autovía, internarse por esta humilde carretera de montaña es una sensación maravillosa. Y la llegada al destino, un milagro.
Dejamos el coche. ¡Ya era hora!
Porque nuestro destino es un sendero de cabras  que asciende por la ladera y se interna en un bosque de majestuosas hayas. En esta mañana de agosto, ya bien entrada, agradecemos con suspiros de alivio la sombra, el oxígeno puro que desprenden las hojas de las hayas y el olor a naturaleza virgen que impregna nuestro olfato de una frescura perfumada y salvaje.
¿Y el paisaje, dices? ¡Una pasada! Oteando desde lo alto de la loma verás, diseminados por la inmensidad de los valles, los núcleos de población, rústicos y por lo tanto encantadores. También verás las hermosas vacas tudancas, autóctonas de nuestra tierra y orgullo de sus dueños, y de los que no lo somos, pastando libremente en un verdor infinito.
Esto es sólo un pedacito de Cantabria. Pero hay muchos más. Toda Cantabria es un paraíso. Y los cántabros te invitamos a disfrutarla.
Respetarla y amarla te será fácil. En cuanto la conozcas comprenderás por qué.