Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Robert Doisneau

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Ya tenemos en marcha nuestra última propuesta del año 2018 ... en menos de 200 palabras...
days
4
0
hours
0
7
minutes
3
0
Segundos
2
2
Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de Diciembre

Relatos

ABR.33. ESCALOFRÍOS, de Ángeles Sánchez Gandarillas

Estaba apoyada sobre el frío cristal del ventanal, su respiración formaba un círculo del de vaho; la parecía que seguiría lloviendo.
Los truenos parecían latigazos, restallaban haciendo eco por las enormes escaleras que llevaban a las habitaciones de arriba.
De pronto, un relámpago iluminó todo el salón, cayó sobre un seco y viejo manzano. A pesar del aguacero, se incendió como la yesca.
Deslumbrada, despegó la frente de la fría ventana.
Seguían a oscuras, la subestación eléctrica se averió a causa de la tormenta.
Sentía miedo, aquella casona estaba aislada del pueblo.
Notó un ruido tras ella. Se cruzó la bata enérgicamente y se fue girando poco a poco…
Se formaba sobre la pared, la oscilante y tenebrosa sombra de aquel hombre alto y fuerte…
La cabeza le daba vueltas y su estómago se revolvía. No podría salir de allí, a no ser que él lo permitiera.
¡Andrea, -dijo con su fuerte voz-, acércate!
Obedeció temblorosa. El hombre la abrazó con ternura.
Ella tiritaba.
Querida, conseguí calentar la cena, también encontré velas y mantas; esta noche tendremos que dormir sobre la alfombra, cerca de la chimenea; mañana iremos al pueblo para encargar el gas.
Sí, Mario.
Se besaron dulcemente…

ABR.32. DULCES BAJO LA LLUVIA, de Anais Moutsanas

Patricio Ándersen  Oliveira era un joven alto, delgado y pálido. Llovía cuando le pillé salir del garaje con una bolsa llena de chucherías, chocolates y pasteles. Siempre le había repetido: “No, no, ni uno más”, pero aquella vez me harté y mi mano se cruzó tan fuerte con su cara que creía que se me había quedado su piel en ella. Él encolerizó. Tras arrojar el paraguas al suelo, cogió uno de los bombones, lo masticó en la boca para que lo viera teñirle los dientes de marrón entre saliva, y luego pateó una papelera de hierro… Esta dio una vuelta de campana como el cable del dispositivo de insulina que llevaba en su bolsillo.
       Transcurrió un mes y me avisaron de que Patricio había muerto de diabetes. Su espíritu me visitó aquella misma noche. Me dijo:
       —No me extraña que me pegaras tan fuerte.
http://diariodemadridnymphicus.blogspot.com.es/

ABR.31. LA LLUVIA DE LA FELICIDAD, de Sotirios Moutsanas

Hacía ocho meses que no llovía. El país entero estaba sufriendo una desolación total. Los campos se secaron, los agricultores se arruinaron, los embalses estaban bajo mínimos. Ni los más viejos recordaban algo parecido.
       Salvador, un erudito en las artes místicas, leyendo como San Elías pidió a Dios que lloviera  en una gran sequía y Dios escuchara sus plegarias, decidió actuar. Ayunó dos días y al tercero empezó con meditación, respiraciones y a posteriori comenzó a recitar los diez sagrados mantras. Los combinó con respiraciones: “Kyrie, eleison. Christe, eleison”. Pasó  una hora, y empezó a entrar  en un estado de bienaventuranza hasta llegar al éxtasis. De súpito escuchó un estruendo como una manada de mil caballos y finalmente una luz fuerte como siete soles estremeció todo su ser. Entonces empezó a rezar en su interior: “Señor del universo, tú que eres la matriz y el esperma de todo. Señor, conocedor del pasado, presente y futuro de todos los seres, escucha mi súplica. ¡Haz que llueva, oh, Pantocrátor!”
       La lluvia empapaba la sedienta tierra, los meteorólogos estaban desconcertados, nadie podía explicar aquel fenómeno.
       Por fin la lluvia nos devolvió la felicidad.

ABR.30. ESTE SOL ME LO TRAJO LA LLUVIA, Luz Rodríguez

Le dieron el resultado de las pruebas. Era un día espléndido. El sol brillaba y el cielo estaba completamente azul. Pero ella lo veía todo oscuro y gris. El veredicto era escalofriante: operar y quitar.
Se sentó en el sillón con la carta en las manos. Al principio le temblaba el papel y no podía fijar su vista en él. Después eran las lágrimas las que no le permitían, al releerlo, verlo con claridad. Dejó el informe en la mesa. Miró por la ventana. El mar estaba lleno. A lo lejos se unía al cielo. No se distinguía la línea del horizonte. Sus sueños, azules como el cielo y el mar, se hicieron pedazos. Nunca sería Madre.
Habían pasado tres años de este triste episodio. Hoy no hacía sol. El cielo estaba gris. El mar también. Le recordaba el día que fue a aquella casa de niños, en aquel país lejano. Hoy no tenía tiempo de buscar la línea del horizonte. Su pequeño Marcos le tiraba del vestido para que jugara con él. En el fondo, pensó, los días lluviosos no son tan tristes. Este Sol me lo trajo la lluvia.

ABR.29. LA LUNA Y NOSOTRAS, de Sara Snezha Pozo

Niebla en las calles, frío en mi cuerpo, la ciudad duerme, mis pasos pequeños intentado esquivar las hojas húmedas de otoño que ya caídas se vuelven una amenaza a mis reflejos todavía dormidos. Me dirijo a mi oficina a gastar ocho horas de mis veinticuatro que tengo…
Ayer, me di cuenta de cuánto me querías y el deseo que había entre nosotras cuando estábamos tumbadas en la cama, yo en tu pecho y ver la realidad en otra perspectiva. Siempre estábamos con la persiana abierta para ver a nuestra amiga la Luna. Ese sentimiento que tenía Ella de cuando un alma necesita un cuerpo que acariciar, pues eso es lo que sentía al vernos. La Luna deseosa estaba mirando lo que hacíamos en la cama. Ella, triste, se dormía mientras que el Sol se despertaba y viceversa. No había ningún día en que estuvieran juntos, salvo los días de la Luna Nueva en que Ella descansaba y tenía la posibilidad de hablar con Él.  Sin embargo nunca hubo ningún gesto de acercamiento por parte de Él. Y la Luna cuando lo intentaba, se quemaba.
Y así todas las mañanas. Niebla en las calles, frío en mi cuerpo, la ciudad duerme…
https://plus.google.com/photos/110622094431896692428/albums/5654769810051857345

ABR.28. ESTABA AL LADO, de Calamanda Nevado

Lo trajo la lluvia, su sombra esquelética se confundía con la noche. Llevaba horas mojado, y el salitre del agua inundaba sus ojos desamparados. Sonó tres veces mi puerta, la abrí. No reconocía su rostro. Me gritó, rápidamente, convulsivamente  ¡Mamá, mamá! Era su cabeza, su pelo, su llanto! Diez largos años desaparecido, y estaba entre mis brazos, tartamudeando.
 He vivido aquí, al lado; amarrado a la cama de un sótano ¡raptado por nuestro sicólogo! Te he visto  pasar todos los días, delante del agujerito que hice en la pared, y te gritaba. Parecías escucharme… mirabas a tu alrededor.
Estabas muy  cerca… ¡casi  a mi lado! Tanto,  que respirabas conmigo  la tierra mojada de ese asqueroso suelo encharcado. El eco de tu risa resonaba en todos los  tabiques. Yo, aprendí a descifrar tus palabras, sueltas, inconexas, pero tuyas.
¿Papá sabe porqué ves a ese sicópata violador, todos los días en su casa?  ¿Le has contado que es tu amante y fue mi raptor? Seguro que no. ¿Todo este tiempo, conocías mi existencia en ese sótano? ¿Por qué no me querías?  ¿Por qué me abandonaste con nueve años en el parque?
 -Hijo,  para poderlo ver todos los días.-

ABR.27. OFRENDAS, de Yolanda Nava

El bosque exhibía una quietud extraña. De los árboles se desprendían lánguidas hojas resecas que salpicaban de tonos ocres una tierra yerta y escarchada; la laguna era un lodazal sin apenas agua.
En lo alto de una cima, los animales imploraban al dios de la lluvia.
Hacían sus ofrendas revestidos de una humildad concebida a golpe de necesidad:
-Te daré el dibujo de mi piel –susurró el leopardo.
-Te ofrezco mis rugidos; dijo un vacilante león, que no deseaba renunciar a lo que ofrecía.
-Mi esbelto cuello puedes acortar –murmuró la jirafa, mirando al cielo.
Pero sólo el plomizo sol parecía escuchar.
Cabizbajos, iniciaron el descenso hacia  la llanura.
De pronto, una sensación casi olvidada paralizó sus pasos, la lluvia les regaló –generosa- su caricia anhelada.
El león quiso rugir de alegría, mas de su garganta no salió sonido alguno; el leopardo quería ver el bello dibujo de sus motas oscuras sobre su piel mojada, pero, en su lugar sólo encontró un brillante pelaje monocromo; la jirafa, -estupefacta-, observó cómo las copas de los árboles se alejaban de ella.
Anansi, el buen dios, atendió diligente sus ruegos.
microsyotrashistorias.blogspot.com

ABR.25. ¡¡LLUVIA, LLÉVAME CONTIGO!!, de Rosa Maria Iglesias

La lluvia de esta noche ha destrozado mi hogar.
La humedad daña aún más mis viejos huesos.
Este asfalto mojado, dificulta mis pasos, empapando mis pies casi desnudos, por lo roto que están los zapatos que llevo.
Tendré que andar bajo la lluvia, sin poder protegerme de ella, para buscar otro hogar.
Me siento cansado, sin fuerzas, triste y calado hasta los huesos, que duelen como duele el desamor.
Necesito descansar, sentarme para tomar aliento, noto como las gotas caen sobre mí, taladrando como agujas mi cabeza descubierta.
Los ojos se cierran, rendidos de ver como ha pasado el tiempo, sin pena ni gloria.
Estoy solo, desgastado, sin mas posesiones que cuatro cartones mojados por la lluvia, que ya no me valen para nada.
Ahora solo quiero tumbarme en este banco, que la lluvia caiga sobre mi, me envuelva, me moje, me atrape entre sus gotas y cuando desaparezca me lleve con ella, donde quiera que vaya.
Ya no tendré que buscar cartones, este banco será mi nuevo hogar para toda la eternidad.
www.clavametusojos.blogspot.com

ABR.24. LLUVIA EN LA CARRETERA, de Nicoleta Ionescu

El coche corría en la carretera cuando comenzó la lluvia. Desde la oscuridad, gotas grandes golpeaban los parabrisas. El semblante pálido de la mujer, envejecido a pesar de sus treinta años, expresaba desamparo y enojo. Su hermana la había invitado a un aniversario familiar – un pretexto para empujarla a conocer a unos repugnantes solteros. Para convencerla de olvidarle. De salir de su casa convertida en un altar desde cuando él la había abandonado, tres años atrás. Para dejar de esperarle, para dejar de rezar ante la estatua de la Virgen, colocada en la alcoba matrimonial, entre fotos y flores secas. Detuvo el coche. Suspiró profundamente. La lluvia es buena, pensó; lava todo, perdona todo. Respiró. Repuso en marcha el coche, internándose en la oscuridad para volver a su casa.
       En la misma carretera, a una distancia de 2 kilómetros, un joven en sus treinta paró su automóvil a causa de la lluvia. Miró cuidadosamente hacia los asientos traseros. Los gemelos dormían quietos, guardados por la cariñosa sonrisa de su mujer. Encendió la radio y puso de nuevo en marcha el coche. Estaba contento, confiado en su buena suerte. Sí, la lluvia era buena: había lavado todo, había perdonado todo.
http://cesariarey.wordpress.com/

ABR.23. MI PEQUEÑA ABRIL, de Laura Navas

Abril tiene dos trenzas de espiga que nacen de su frente y terminan en su hombro, que caen por su espalda, que rozan el aire cuando corre. Y corre detrás de las gotas que han comenzado a caer esta misma mañana, con la primera tormenta del año. Sola en el patio de la casa vieja mi pequeño tesoro no pierde un segundo. Se agacha, se tumba y rueda por las baldosas de piedra hasta llegar a la hierba. Se moja, se ríe y achina los ojos mientras intenta ver más allá de las nubes negras. Ve un relámpago a lo lejos y corre hacia él, cogiéndolo en sus manos y guardándolo en un bolsillo. Y, pensando que no la observo, lo abre con cuidado para asegurarse de que lo escondió bien. Después vuelve al suelo, chapotea con el agua que corre hacia las esquina y, curiosa, se chupa un dedo buscando el sabor del mar.
Entonces me encuentra con los ojos, se acerca calada hasta los huesos, sonríe inmensa.
Menea lo que queda de sus largas trenzas, me besa, me enseña el relámpago que atrapó hace un rato y me cuenta que su próximo objetivo es cazar un trueno.
 www.lanietadelimpresor.blogspot.com

ABR.22. BAILE EN LA PLAZA MOJADA, de Blanca Oteiza

Refugiada bajo el soportal de la Iglesia de los Descalzos contemplaba ensimismada la lluvia que caía sobre el asfalto. Mi paseo vespertino había sido interrumpido por la inesperada tormenta que había oscurecido el cielo en unos pocos minutos. Me había pillado indefensa, sin paraguas ni botas, inmersa en mis pensamientos, en mis recuerdos y en mis anhelos. Guarecida bajo las arcadas de piedra observaba el burbujeo de las gotas al golpear el suelo y me imaginé por un momento a mi misma danzando descalza bajo la lluvia, sintiendo cada gota mojando mi cuerpo. Por un instante sentí el deseo de salir a la pista de baile de la plaza encharcada y girar como una peonza, pero la razón disfrazada de brazo invisible me sujetaba contra el muro.
Por encima de los tejados rojizos empezaban a abrirse ventanas que mostraban de nuevo el azul del cielo.

ABR.21. DALIAS DE SANGRE, de Alicia Yustas

Te observo desde lejos mientras dejas un ramo de flores sobre una lápida, bajo el aguacero. Son dalias rojas.
Y recuerdo los seis meses que pasamos arrugando sábanas y riendo por las esquinas de la ciudad. Recuerdo tu huida y mi persecución insistente, mis llantos a gritos y el exceso de pastillas, tus advertencias y mis amenazas.
Recuerdo la lluviosa noche que te vi por la ventana con ella, entré en tu casa y desde la oscuridad os divisé en el dormitorio, vuestras pieles ardiendo como habían ardido las nuestras, y solté un gemido.
Olvidé tu buena puntería y el arma que guardas en la mesilla de noche. Pero tú no has olvidado que las dalias rojas eran mis favoritas.
 aliceyhum.blogspot.com