Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Robert Doisneau

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Ya tenemos en marcha nuestra última propuesta del año 2018 ... en menos de 200 palabras...
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de Diciembre

Relatos

31. EL LEGADO DE ARDILLA, de Hiedra

Sabía que se estaba haciendo mayor: cada vez le costaba más trepar por los árboles y ya no era tan ágil como antes. Sin embargo, creía que todavía podía aportar experiencia y sabiduría al grupo y mientras se valiera por si misma seguiría impartiendo sus enseñanzas. Pero un día, su cansada vista le jugó una mala pasada y lo que ella pensaba que era una tierna castaña resultó ser una pequeña piedra que hizo que su preciado y blanco diente saltara por los aires. El grito de dolor se oyó por todo el bosque y sus habitantes corrieron a ver qué había ocurrido. La anciana ardilla, creyendo que se había convertido en una carga incapaz de alimentarse por sí misma huyó lo más rápido que pudo y cuando el resto de los animales encontraron el diente partido y vieron las huellas de su amiga no pudieron contener las lágrimas sabiendo que jamás volverían a verla. El joven tejón enterró la pequeña pieza de marfil en la fértil tierra  y de repente comenzó a llover con armónica suavidad. Un increíble árbol brotó. Y de sus ramas colgaron las más tiernas castañas que jamás se pudieron comer en aquel bosque.

30. PRIMERA HORA, de Elfo

Cándido despertar sonoro de las luces. Ingenua hora la de la luz del alba.  Desperezado el día, columpia sus reflejos en gotas de rocío no estrenadas. Aromas nuevos a trufa oculta, a humus, a bayas, a frutos y a madera. Brotes menudos entre ramas traviesas jugando a ser un árbol. Roces secretos entre las tenues hojas que aún se esconden. Y en alguna parte pájaros sabios que anuncian canturreando sus distancias.  En esa vieja lucha, fiel a su espacio el ave, astuta, vigilante,  sigue clamando al cielo su lugar en la tierra. Por todas partes, ignorando el murmullo de verdes, orugas laboriosas, nidos  sin dueño, agujeros labrados por la hormiga en la roca, madrigueras, refugios, pequeñas cuevas codiciadas, trampas, cornisas y atalayas.

Y en el aire armonía de timbres no ensayados: graznidos, susurros  sibilantes,  brisa, viento, corriente y remolinos. Y en el paisaje aire, luz, penumbra, niebla enredada trepando ese rayo insolente que se atreve a anunciar la mañana en un  lugar en el que nadie duerme.

29. Y SI NO EXISTE, de Acebuche

Los sueños infantiles la llevaban con insistencia a un lugar en medio del bosque: Una edificación cuadrada de una sola planta con cristales en los que se pintaban cruces blancas.
El aire olía a nuevo y a miedo. Veía niños rubios correteando por los alrededores… escuchaba el sonido de sus voces pero no era capaz de descifrar lo que decían. La humedad del suelo empapaba sus pequeños pies descalzos… el tacto de las escamas de las piñas recién descubiertas hacía germinar la curiosidad en sus manos.
Ya de adulta cuando por fin pudo ponerle palabras a aquella historia que se repetía de manera obsesiva por las noches nadie de su entorno supo de verdad a qué se refería el sueño. Nunca hubo una casa como esa. Nunca un grupo de niños casi albinos que jugaran con ella. Nunca un bosque… pero para ella era real como la vida misma.

Y ella, ante la duda, se dedicó durante años a buscar el lugar que se le repetía cuando dormía, se hizo experta en cartografía, visitó cientos de lugares parecidos y hasta se dejó hipnotizar por terapeutas que prometían descifrar su subconsciente.
¿Y si de verdad no existe?

28. FIRST MEMORIES, LAST TO BE FORGOTTEN, de Bellota

Al claro del bosque, donde la mamá de Bambi lengüeteaba la piel moteada de su hijo, fueron llegando Hansel y Gretel  buscando la casita de chocolate; Pulgarcito y sus hermanos ya sin más migas de pan; una despistada Caperucita Roja buscando el camino para llegar a casa de su abuelita y los siete enanitos de Blancanieves, a lo suyo, cruzaron marciales al son:
-“♫ I go, I go”…
Apareció medrosa Cosette con su cubo de agua musitando:
– ♫ Miedo me da la oscuridad, sola no me atrevo a ir…
Y mis amiguitas de la escuela cantaban a coro saltando en corro:
-♫ Jugando al escondite en el bosque anocheció; el cuco cantaba el miedo nos quitó, cu cu; cu cu …
El príncipe de la bella durmiente a mandobles cortaba los hechizados zarzales y Robin Hood y sus amigos de Sherwood saltaban por las quimas de árbol en árbol.
De pronto un torbellino alargó las figuras aplastándolas contra las paredes de un gran embudo en acelerada vorágine descendente hacia lo oscuro de una sima.
Todo quedo negro.
Alguien me zarandeó.
– ¡Mamá tienes que tomarte la pastilla!.
-¿Quién es ésta que quiere que beba el vaso de agua?…

27. POR ESTE CAMINO, de Helecho2

Mis pasos avanzan por este camino de hojas y helechos desde donde sube una fragancia a floresta que se enreda en mi pelo, se libera y asciende hasta quedar atrapada en las copas de los pinos que observan el caminar dubitativo del que no sabe a donde va porque quizá no quiere ir a ningún lado, sino más bien quedarse y seguir caminando por uno y otro senderos, y contemplar la luz refulgente, diamantina que se filtra desde lo alto, desde un cielo silente que lo abarca todo incluso este bosque en donde me pierdo y en donde mis pasos avanzan por este camino de hojas y helechos..

26. PRESENTES, de Muérdago

Siéntate, sólo escucha. Hay un rumor atávico de hojas agitadas, un susurro de agua nueva que fluye serena.
No abras los ojos, aspira. El aroma húmedo de la tierra antigua, los acres vapores de la hojarasca mullida, las flores.
Mira, desde tu luz el rocío escarchado de la noche, la vibrante telaraña entre las ramas, los nidos trabajados con esmero.
Acerca a tus labios la dulce mora, el esbelto hinojo, el berro humilde.
Camina sin agobio sobre la alfombra verde y ocre de los prados.
Todo es tuyo y tú de ello. Y haz sólo una cosa: Ámalo.

25. PÁNICO EN EL BOSQUE, de Helecho

            ¿Qué le indujo a Juanjo aquel amanecer de octubre a transitar el bosque? Nadie le vio salir.

No sabía entonces que una terrible tormenta y la falsa seguridad en sí mismo, iban a llevarle a un punto de no retorno. Perdido en el bosque.
             Se le ha echado la noche encima. Hace rato que percibe  sombras siniestras.
            Un ruido apagado, pero continuo, le lleva a dirigir la mirada en la dirección de la que procede. Los faros de un vehículo alumbran a duras penas la carretera. Avanza con una lentitud inquietante. Cuando está a corta distancia, comprueba con terror que no lleva conductor. Al pasar por delante  abre la portezuela y sube en marcha. Preso de pánico, mira de soslayo el asiento vacío del conductor.
             De manera brusca, siente lo que el cree una garra golpeándole el hombro. Un haz de luz proyectado sobre su rostro le deslumbra.
            La carretera describe una leve curva. Las tibias luces del coche dejan adivinar a través de la lluvia racheada la marquesina de una gasolinera.
            Inmerso en el paroxismo del terror, una voz le grita al oído:¡ Oiga, amigo! ¿No cree que debería bajarse, echar una mano y empujar?

24. VÍNCULO VITAL, de Elfo

   Dejé caer la tarde en el camino. Sin prisa, indiferente como la luz oblicua, me olvidé de las horas y me adentré en el bosque. Era un sendero antiguo, dibujado, que a modo de antesala recibía luminoso al caminante. Los árboles que orlaban el paseo, lejanos, discontinuos, parecían jugar con reflejos fundidos que adornaban el bosque de una luz desmayada. De pronto, la luz inverosímil y aquel silencio quieto, aquella forma lenta contorsionando el tiempo, se olvidó del

camino y lo cubrió de musgo y de hojarasca. En la humedad del suelo y el aire velado por la niebla, desapareció el rumbo que hasta entonces había yo seguido confiado y constante.  Cada árbol erguido, cada sombra expectante, hizo de mi presencia un hecho contenido. No me asusté, al contrario. En aquel vínculo vital entre bóveda y regazo, entre fotosíntesis y mineral, me encontraba yo formando parte como sustancia nueva. Por un instante, aquel bosque ya cerrado, enmarañado y denso me pareció digno de los elfos. Y yo no era un intruso.
 Fue entonces cuando supe reconocer el espíritu del caminante. Tal vez, pensé, este sea el bosque del “Érase una vez”.

23. MI BOSQUE MÁGICO, de Rebeco

Hace un día maravilloso. Luce el sol en lo alto del cielo azul. La temperatura otoñal magnífica. Entre los árboles del bosque tomo refugio de las banalidades de la vida cotidiana y artificial. El verde intenso del musgo que cubre las rocas blancas y el silencio sólo roto por los pies que se dejan arrastrar por la hojarasca, me transmiten una paz que penetra por todos los poros de la piel. Me siento feliz, y libre de saber disfrutar de esta naturaleza extrema que abarco por los cuatro puntos cardinales. Los árboles pelones de sus hojas  protegen de los rayos de luz del mediodía y puedo apreciar colores que nunca podré capturar con un pincel y unas acuarelas. Rojo, marrón, verde, amarillo, anaranjado. Si no fuera por las marcas que algún buen samaritano pintó en las piedras no sería capaz de salir de este laberinto, pues el paisaje del bosque se confunde fácilmente y termina por parecer todo igual, pero no tengo miedo, los pies buscan el camino, si de repente se equivocan, se detienen, las pupilas otean el horizonte y de nuevo encuentran la pista, y de nuevo las piernas cogen el ritmo.

22. LA BRUJA DE LOS ENAMORADOS, de Hojarasca

En el bosque vive la Bruja de los Enamorados. Su fama se extiende por la región y todos la temen. Sólo la buscan los caballeros desesperados que han puesto su amor en alguna dama de frío corazón. En ese caso, el caballero sabe lo que debe hacer. En una noche de luna llena, llega hasta el bosque, deja en la linde armas y caballo, y se adentra en la espesura. La Bruja lo espera. Cuando la encuentra, le cuenta su historia. Comienza un ritual mágico. La Bruja hiere en la mano al enamorado, unas gotas de sangre caen en la hierba. En ese momento, el húmedo espíritu del bosque entra ya en su cuerpo.
Con la luna nueva, una dama que lleva el corazón en llamas huye de un palacio. Llega al bosque, abandona el caballo y se adentra en la espesura. Cuando se reúne con el caballero, la Bruja oficia el último ritual. Luego se despide de ellos y se aleja del bosque para siempre. Los amantes pasan la noche en su cabaña. Sucede un año de intensa felicidad, después del cual el caballero muere. Con el corazón helado, una nueva Bruja de los Enamorados vive en el bosque.

21. Y SI ME DESPERTARA HIEDRA, de Hormiga Roja

Caminamos por la vereda que se adentraba en el seno del bosque. Se cerraban lentamente tras nosotros abanicos verdes, engañosos velos de la araña (mortaja para incautos), cortinas de  terciopelo que no permitían pasar la luz más que entre rendijas. No paseábamos, sino que éramos incorporados al paisaje, seductor y absorbente amante.
Íbamos de la mano, pero me perdía mientras mis ojos seguían continuamente las sinuosas sombras. Los rincones oscuros me sugerían dios sabe qué silenciosas tragedias, los claros que sorprendían detrás de los arbustos eran como milagros del último momento, respiros para el corazón sofocado. Olía a agua, a tierra, a moho, a verde, acre de hojas maceradas, un festival de la vida y de la muerte, tan abrazadas ambas. Nada más simbólico del misterio sagrado que el bosque: lo vivo necesita de lo caduco, para que haya fragantes flores se necesita putrefacción. Nada hay de ofensivo en nacer entre la bosta y emerger con la máxima belleza. Nada terrible es madurar en exceso, caer, fermentar y alimentar a los gusanos. Todo es hermoso, todo es armonía, todo responde a un ciclo y a él se pliegan la semilla y el ratón.
Temía perderme y despertarme hiedra.


20. PRINCESAS DEL SENDERO, de Amanita

Al terminar el día me tumbé exhausta en la cama, y deslicé la mano hasta la mesilla de noche tropezando con un libro de tapas blandas, en cuyo interior se escondían agazapados breves relatos que atravesaban bosques encantados con la fuerza de un manantial. Uno de ellos me susurró el cuento de las Princesas del Sendero. Todas las noches, cuando el silencio resurgía entre las sombras y apresaba los movimientos de los habitantes nocturnos, cinco princesas hada recorrían el sendero del agua sembrando sus linderos con semillas de flores primaverales. Al terminar, se sentaban pacientes para esperar la llamada del Príncipe del Bosque, que las obsequiaría con nuevas semillas para la noche siguiente. Pero un trece de febrero, el Príncipe no apareció, quedó prendado de las bondades de una de ellas y decidió  emigrar a un bosque cercano. Quedaron cuatro, solas y tristes, pensativas en su abandono, recogiendo sus lágrimas en cestillos de hojas de muérdago. Dicen que si caminas por ese sendero pasada la media noche, podrás verlas regando las semillas con sus lágrimas. Dicen que si lo haces en la madrugada del catorce de febrero, encontrarás el amor de una princesa hada encantada.