Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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PRIMERA RONDA. ENCUENTRO 14

PALABRAS

Concha Garcia Ros / Pilar Alejos / Patricia Collazo

Los participantes aquí señalados tendrán que publicar en el espacio reservado a los comentarios de esta entrada del blog, un relato INÉDITO de un máximo de 100 palabras antes de las 14 horas (hora peninsular española) del VIERNES 21 DE ABRIL y cuya única condición será que incluya estos DOS OBJETOS:

 

JABÓN / UN ARCÓN CERRADO CON LLAVE

Una vez publicado no habrá posibilidad de corregir ni reeditar.

Tras la publicación de los tres relatos publicaremos al final de esta misma entrada un enlace a un formulario para la Votación Popular que permanecerá abierto hasta el sábado 22 DE ABRIL a las 14 horas.

El resultado de este encuentro se hará público en una entrada general de la sección EnoTiCias

Podéis votar en ESTE ENLACE 

18 Respuestas

  1. Hermanas
    A la abuela la sacamos solo cuando viene de visita su hermana. El resto del tiempo, mamá la guarda plegada y bajo llave en el arcón del altillo.
    Por suerte, la hermana de la abuela no tiene la cabeza en su sitio, porque si no se daría cuenta de que la abuela huele mal, aunque mamá le eche litros de colonia con olor a jabón de Marsella al desplegarla.
    A la tía Gertrudis lo mismo le da. A falta de boca, parlotea por los codos. Y de la colonia ni se entera desde que se le cayó la nariz.

  2. CLIC

    Cuando aquella mañana al despertar, mamá me entregó un arcón cerrado con llave, supe que mi vida ya no sería la misma. Depositó en mis manos su llavero e instrucciones para su apertura cuando llegase el momento.
    Al poco, se volvió pequeña, leía cuentos y acunaba a las muñecas. Ahora su madre era yo, mientras ella se reía persiguiendo pompas de jabón.
    Jugaba al escondite entre los recuerdos y el olvido, cada vez se espesaba más la bruma, se perdió en su mirada y llegó el día en que ya no supo salir.
    Solo entonces, abrí la cerradura

  3. SILENCIO

    Huele bien el repeinado. Dice que le hable sobre mi interés por los cerrojos.

    Yo callo, no quiero contarle mis viajes. Esos en los que mi compañera era la luz mortecina que intuía a través del ojo de la cerradura del enorme arcón. Cerrado a cal y canto. Sus pasos alejándose. Los gritos de mamá.

    No diré que el oxígeno parecía insuficiente. Insuficiente, como el agua y jabón con los que durante horas froté aquellas manchas bermejas.

    La puerta se cierra. Yo me agazapo y observo a través de la pequeña hendidura cómo desaparece por el pasillo.

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