Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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56. VIGILANTES (Carmen Cano)

Voy encendiendo las luces de la casa para no tropezar en la oscuridad. Esto es la cocina. Hay un vaso sobre la mesa y una botella de agua. Bebo lentamente y observo las líneas de los armarios. Está todo recogido. Abro uno por uno. Aquí está. Parto un buen trozo y me lo llevo a la boca. Dulce, muy rico. Si me descubren, se enfadan. Él me vigila de noche. De día llegan ellas. Deben de ser mis primas, porque me cuidan bien y me preparan la comida y la ropa.

Orino y me lavo las manos. En el espejo ella me mira. Es mi madre, que ha vuelto. Lleva los cabellos recogidos, pero le caen algunas mechas encanecidas. Me mira con atención. Está a punto de decirme algo.

-Teresa, apaga ya la luz y ven a dormir, cariño.

Desaparece de pronto. Ahora me veo a mí misma, tragándome las lágrimas.

-Mamá, no me dejes aquí con este extraño .

20 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La noche, con su halo misterioso, es terreno propicio para la ensoñación y los recuerdos. Tu protagonista recuerda otros tiempos, con personas que la cuidaron y quisieron, a partir de acciones sencillas que lleva a cabo por la casa. Pero la magia nocturna y el recogimiento se rompen ante la realidad de tener que volver a la cama junto a un hombre con el que quizá buscó la felicidad, pero que con el tiempo se ha vuelto un extraño.
    Un relato en el que se hace patente que cuando se cumple aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor” es que algo anda mal y se precisa una rectificación.
    Un abrazo y suerte, Carmen

    1. Le das al relato una nueva luz bajo la que observarlo, Ángel. Tu interpretación, aunque no coincida con mi intención al escribirlo, me gusta. Es el fracaso de una pareja, el refugio en el recuerdo de tiempos más felices. La noche también ayuda a distorsionar la realidad.
      Muchas gracias por tu comentario y tu puntualidad. Un gran abrazo.

  2. Carmen, un excelente relato. Espero no equivocarme pero en tu historia, contada con una gran habilidad, nos muestras la crueldad de la enfermedad del Alzheimer, que conduce a las personas que la padecen al desconocimiento total. Ese título de “VIGILANTES” nos muestra la realidad de no poder estar solos, de día la cuidan unas personas y por la noche el marido, ese extraño. Y en la escena del cuarto de baño, cuentas muy bien esas sensaciones de no reconocerse ni a ellos mismo y vivir en el pasado, recuerdan la niñez, a su madre, pero no lo cotidiano, lo cercano.
    Un relato escrito con sentimiento, con conocimiento y que a mí por las mismas circunstancias me ha llegado muy a dentro.
    Muy buen relato, Carmen, mucha suerte y muchos besos.

    1. He querido narrar la enfermedad de la memoria -demencia senil o Alzheimer- desde el punto de vista de la protagonista. No reconoce a las personas que se ocupan de ella, ni al marido, ni a las mujeres que la cuidan de día, probablemente las hijas. Camina por su propia casa como por un lugar ajeno. Busca lo que desea comer en cada armario de la cocina. No reconoce su propia imagen y cree estar viendo a su madre, porque la memoria reciente es la más afectada, pero no tanto la de la infancia y juventud, al menos en una primera etapa.
      Son enfermedades muy duras para los afectados y para los familiares, que asisten impotentes a su deterioro cognitivo y solo pueden ofrecer cariño y una paciencia infinita, aunque no sean ya más que extraños para ellos.
      Muchas gracias, Javier. Me alegro de que te haya llegado un trocito del cuidado que he querido poner en el personaje. Besos.

  3. 14 de mayo de 2018
    Modestamente detecto luz y oscuridad. “Bueno y malo”. Dos tiempos (pasado y presente) y el alma que te has dejado en cada letra, en cada frase de este microrelato, eso es indudable Es la primera vez que opino sobre el escrito de una escritora. Perdona mi torpeza. Cualquier interpretación podría “alterar” el sentido magistral con que esta escrito.Tiene enjundia como todo lo que escribes; pero lo volveré a leer a ver si me “alumbro”. Como me gusta el “supense” aunque no mucho, te puedo decir que me llega. Ahora no se ni como ni a donde me llega.Pero quizas vaya a mi caja negra en donde todos los recueros, sensaciones, olores se guardan y despues salen por si mismos a donde haya que estar…

  4. Pues muy agradecida de que te hayas molestado en leer el relato y dejarme tus impresiones. La protagonista no vive en el presente. Tiene afectada la memoria y por ello no reconoce al marido -ahora un extraño para ella- ni a las otras mujeres que la cuidan. Vive, en cambio, en un pasado lejano, cuando tenía a su madre junto a ella. Hay más sombras que luces en su mente. Vive rodeada de vigilantes.
    Un abrazo.

    1. Carmen gracias por alumbrarme. Me lo tomaré como un ejercicio y ahora sabiendo tu intención al escribirlo que obviamente se corresponde con el total expuesto; a ver si se me pega algo (Todo un privilegio) Muchos saludos.(Escritor no soy, Crítico menos. Solo modesto aprendiz,de aprendiz sin aspiraciones de “trascender” a traves de las letras…)@jomvor de Twitter

  5. Towanda

    Hola, Carmen.
    Un micro con mucha fuerza.
    Me ha producido mucha tristeza, pero las enfermedades de la mente son así.
    Un abrazo y suerte.

    1. La tristeza emana de la enfermedad de la protagonista, incapaz de reconocer a los suyos e, incluso, su propia identidad. Muchos ancianos se ven inmersos en este duro deterioro.
      Muchas gracias, Towanda, por pasarte y dejar aquí tus impresiones.
      Besos.

  6. Maravilloso relato, Carmen,
    apelas a la intuición del lector ante ese espejo que devuelve reflejada la imagen de “la madre” (como nos vamos pareciendo a nuestros mayores), pero hay más pistas: el marido convertido en extraño y esas primas, que sin duda deben de ser sus hijas. Los “vigilantes” que no le dejan hacer ni comer lo que ella quiere, y se enfadan. Cuántos escenarios comunes y qué bien los has pintado.
    Suerte y abrazo.

    1. Hola, Ana. En tu intuición lectora has desgranado las claves en las que he intentado basar el relato. Efectivamente, conforme cumplimos años, nos vamos pareciendo más nuestros mayores. Por eso no es raro que está mujer enferma crea ver a su madre en la imagen que le devuelve el espejo. El extraño es el paciente y cariñoso marido, las primas que la cuidan son probablemente las hijas. Y todos son para ella vigilantes -no cuidadores, porque no es consciente de su enfermedad- que la observan con celo.
      Muchísimas gracias y un beso.

  7. Tremendo micro, CARMEN. Mínimo me imaginé una historia moderna de cautivas como lo es la trata de personas. También pensé en una mujer que no ama (o ha dejado de amar) a su marido y, para colmo de males, padece Alzheimer.

    Bueno, amiga; sabrás perdonar lo escueto del comentario (sabrás que he estado atareada), pero no quería dejar de hacerlo.

    Besos,
    Mariángeles

  8. Me alegra mucho tu visita, Mariángeles. Me disculpo yo por la demora en responder a tu generoso comentario. No una, sino tres interpretaciones diferentes para esta historia.
    Yo solo intentaba contar cómo se siente una persona con una enfermedad que afecta a la memoria y que no reconoce a los suyos.
    Muchas gracias y besos.

  9. María José Sánchez

    Hola, querida Carmen. Un relato muy bien redactado y que no te deja indiferente. Esas enfermedades son terribles para las personas que las sufren y para los cuidadores; el no saber quién eres tú ni quiénes son los demás supone perder la esencia del ser humano: la posibilidad de relacionarse e intercambiar información, opiniones, etc, con tus semejantes. Me da muchísima pena.
    Me ha encantado, Carmen. Tus textos desprenden sentimiento puro.
    Muchos besitos, guapa, y suerte a raudales.

  10. Hola, querida amiga. Me alegra que te haya llegado de algún modo el relato, aunque te produzca pena. ¿Cómo no vamos a sentirla por las personas que se van desorientado en los laberintos de la desmemoria? También merecen todo nuestro respeto y aprecio sus familiares y cuidadores, en una lucha perdida contra su inevitable deterioro.
    Gracias por tus bonitas palabras, María José. Más besitos.

  11. Enrique Mochón Romera

    Fantástico el modo en que nos muestras la percepción que se tiene de la realidad cuando se padece este tipo de enfermedades. Particularmente he sentido cierto desamparo y mucha angustia en esa mente limpia (en todos los sentidos) y esa mirada infantil que, sin embargo, tiene la suficiente noción de las cosas como para percatarse de su desorden mental.
    Enhorabuena y un abrazo, Carmen.

  12. No soy experta en este tipo de enfermedades, aunque las conozca por lo que cuentan los familiares o por el cine. He imaginado un retorno a los recuerdos infantiles, borrando toda huella posterior en la memoria. En las primeras etapas creo que estas personas tienen algún destello de lucidez que les indica lo perdidas que se encuentran.
    El tema me preocupa realmente. ¿Quiénes somos cuando la memoria desaparece?
    Muchas gracias por tu generoso comentario, Enrique. Un gran abrazo.

  13. Excelente relato, Carmen. Excelente la forma de narrar, tan gráfica, ese verse en el espejo como viendo el pasado, que quizás en su momento fue el mismo (el de su madre). Penoso de ver como el disco duro ya no graba más y regresa a aquello que ya pasó y quien sabe si fue la primera piedra del momento actual en el que está.

    Un gran abrazo.

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