Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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71. Cita en el puente (Elena Bethencourt)

Llevan más de veinte años sin verse, pero ni un solo día han dejado de pensar en aquella noche, ni de ansiar este reencuentro que —ahora viudos— tendrán hoy.

A Lola le gustaría ser como él la recuerda. A Manuel, tan joven como ella lo conoció. La fuerza de la gravedad ha hecho estragos, sus pechos ya no apuntan a las estrellas y él ha perdido pelo, también vigor. Las arrugas aran sus rostros sin tregua, quién sabe qué sarros han sufrido sus dientes y desde cuándo sus huesos sienten dolor.

Manuel ya está esperándola sobre el puente como un novio que aguarda en el altar. Lola se aproxima lentamente hacia el hombre al que solo una vez se entregó. Toma aliento. Llega y, sin casi mirarlo, pasa de largo. Él suspira aliviado y se va en dirección contraria. Desaparecen. Ninguno vuelve la vista atrás.

La cruda realidad se queda sola en el puente, segura de que hay recuerdos tan bellos que ni ella ni nadie deben cambiar.

28 Respuestas

  1. Marian Ramos

    Que buen final, Elena! Te mantiene en vilo para que al final ocurra el único final posible, tan alejado de los estereotipos a la que estamos acostumbrados. Enhorabuena y suerte!

  2. Ángel Saiz Mora

    El tiempo hace estragos y los cuerpos se estropean, una realidad que cuesta asumir. Esta pareja vivió un momento mágico durante el esplendor de sus vidas, en la época de mayor plenitud de su belleza. Después la vida les condujo por derroteros diferentes.
    Nunca han olvidado aquellos instantes y saben que nada podrá ser igual, después de una vida separados, convertidos en una mala copia, del todo deslucida de la que un día fueron, de lo que ambos recuerdan.
    Quizá sea mejor que todo siga igual, no estropear con un presente muy imperfecto un pasado del todo idealizado. La realidad siempre se impone y a menudo es fría y descarnada. Si algo no se puede mejorar, tal vez sea mejor no tocarlo.
    Logras la maestría en este relato, pues bajo su aparente sencillez hay una gran carga de profundidad: el desgaste con el paso del tiempo, los recuerdos que ilusionan, la coyuntura que no puede cambiarse.
    Un abrazo y suerte, Elena

    1. Gracias, Ángel, sin tus comentarios nada sería lo mismo 😊. Embelleces los textos con tus palabras. Tienes razón, hay cosas que no pueden ser nunca tan buenas como las imaginamos, por eso mejor que no ocurran. Otras que no pueden competir con lo que recordamos. Por eso, mejor no repetir.😘

    1. Gracias, Modes, por comentar. No lo veo tan triste. No tenían que haber esperado tanto. Ya se sabe que la fuerza de la gravedad no perdona. Pero, quién sabe, igual cambian de opinión☺ Hay esperanza.
      No había visto nunca eso de poner notas, jaja, yo en el cole era una chica de sobresaliente, tendré que seguir trabajando, jaja.

  3. Paloma Hidalgo

    Elena, en ese matiz, el de la viudedad, se esconde a mi modo de ver la razón de que la cruda realidad, o la melosa fantasía, que los extremos se tocan, se quede sola en el puente. Escribieron ese final mucho tiempo antes de que la gravedad se aplicase en transformar sus cuerpos, y la vida lo escribió por ellos.
    Tiene tu ángel.
    Un beso.

  4. Me encanta esa vuelta de tuerca que le has dado, hija.
    Sabía que algo te traías entre manos, que esa historia tan «típica» que nos presentabas de entrada era una trampa para meternos en ella y sorprendernos. Y lo has hecho. ¡Enhorabuena y mucha suerte!

  5. Asun Paredes

    Una preciosa historia de añoranza de un amor que prefiere seguir estando idealizado y rechaza enfrentarse con los estragos del paso del tiempo sobre sus protagonistas.
    Un beso y mucha suerte, Elena.

  6. Enrique Mochón Romera

    Aquí cobra sentido la peor acepción del adjetivo “cruda”, pero yo confío en que esta pareja dé otra oportunidad a la realidad, aceptándola tal como es, antes de renunciar a lo que quizá ha sido y será el único amor verdadero de sus vidas y de esconderse en sus respectivas soledades.

    Hermoso relato, Elena, escrito con muy alta literatura. Mucha suerte con él y un abrazo.

    1. Ay, cómo me gusta que hayas venido, Enrique. Gracias.
      Eso pensaba yo, pero me parece que la realidad les guardaba otras sorpresas y creo que han decidido pasar página. Allá ellos.

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