Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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28. LA SANTERA (Elena Bethencourt)

Cuando vivíamos en La Habana, la abuela hacía milagrillos, amarres, magia blanca y leía el porvenir en la ceniza de su puro. Al mudarnos a Kansas en los setenta, casi como único equipaje, se llevó una foto de El Malecón que miraba constantemente para saber –según ella– cómo seguían las cosas por allá.

Mientras nosotros perseguíamos sueños americanos, la abuela lloraba las penas por dentro, hasta que un día de 1977 se empezó a llenar y dijo que veía clarito su propio futuro: o regresaba a Cuba o el Caribe vendría a buscarla.

No podemos volver, le repetíamos, pero insistía: “Oigo las olas, ya viene el mar”. Y ocurrió. Una masa inmensa de agua entró por la puerta y se la llevó por la ventana con puro y todo. Les advertí, gritaba sonriente mientras la corriente la arrastraba calle abajo. Pobre mujer, pensamos, se fue sin saber que, en realidad, era la lluvia la causante de la inundación y el desbordamiento del río Kansas.

Mientras achicábamos agua y lágrimas, encontramos aquella foto de El Malecón que solía mirar. Tenía una mancha parecida a una cortina de humo. Al disiparse, vimos a la abuela tan tranquila fumando su habano junto al mar.

6 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Como dice un refrán gallego: «En brujas no creo, pero haberlas, haylas». La santería no cabe en una mente racional, aunque siempre hay detalles que se escapan al puro raciocinio. No todo parece caber dentro de la lógica. La casualidad, el azar y otros factores que influyen en nuestras vidas quizá se hallen al margen de explicaciones sensatas y comprobables, en un plano diferente.
    Esta santera supo predecir su futuro. Su desaparición o traslado se produjo por circunstancias naturales, una inundación a la que ella se anticipó, pronosticándola a su manera y cumpliéndose su predicción.
    Un relato muy interesante, en el que los elementos mágicos irrumpen en lo cotidiano. Quizá todo se reduce a una cuestión de fe y no existe tal hechicería, pero ahí queda la duda de si quizá hay fuerzas que actúan, un algo más que también está ahí y que nos afecta.
    Un abrazo y suerte, Elena

    1. Elena

      Siempre me siento afortunada de que leas y comentes mis relatos.
      Yo creo que la abuela sí que tiene algún poder para ver lo que ocurrirá, aunque no para detenerlo. Las inundaciones de Kansas del 77 se la llevaron por delante, menos mal que la dejaron en el Caribe, jaja.
      Gracias, Ángel

  2. Paloma Hidalgo

    Elena, muy divertida la historia de esta abuelita santera y fumadora a la que su Cuba natal echaba tanto de menos que tuvo que pedirle al Caribe que fuera a buscarla, ¡Hasta Kansas! Leer tus relatos es garantía de pasar un rato estupendo.
    Mucha suerte, un beso.

  3. Jaja, Palomita, no sé quién echaba más de menos a quién, yo creo que ella a Cuba, porque irse de Cuba es como dejar a una novia de la que aún estás enamorado. El Caribe vino a buscarla sin ella pedírselo, o quizás no, se la llevaron las famosas inundaciones, a saber 🙂
    Un abrazo

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