Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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02. S i e t e P a p e l e s

                                                                   “¿Dónde vais sin ojos por el hilo único,

                                                                                     Funámbulos del Kaos…?”

Fernando Villalón (1927)

 

 

María Cinta era huérfana desde muy niña, pero estaba en posesión de ciertas fórmulas que le enseñó su tía abuela; del resto de cosas mundanas se burlaba.

Hasta que un día, en las faldas de Monte Córvel, se dispuso a su orégano, pilorriza torrefacta y ñot. Aspiró mientras ascendía canturreando sus mantras de hierro y niquel, y la melopea fue sublime. Después, en trance gelásmico, no existía suficiente carcajada para todo lo que tenía que reírse del mundo, allí, en la soledad del hito del vértice geodésico.

En plena catarsis un magno egrégor surgió ante ella, misericordioso, asequible a su mortalidad de terriplanetícola, dispuesto a revelar y a la paciencia.

María Cinta no tuvo otra ocurrencia que ampliar el trócolo, cebar el ya de por sí cargadísimo ñot y ofrecerle. El ente se percató de la ebriedad artificial de la moza y enverdinando cuando se deshacían sus abéñulas por el divino caos que sentía en su karma, despreció para siempre transmitirle los oráculos. Su bochorno fue tal, que oscureció la montaña.

María Cinta logró aquella jornada un descenso dual: De las cumbres y de su soberbia. Y con los librillos de arroz compuso miniaturas papirofléxicas.

9 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Comienzo pidiendo disculpas, Juan, si acaso no soy capaz de interpretar correctamente tu trabajado relato, que como las cosas que merecen la pena, precisa detenerse en él con calma y dedicación. No tengas ningún reparo en corregirme.
    Una mujer acude a una montaña. El mero hecho de emprender un viaje, aunque no se trate más que de una pequeña excursión, implica un deseo de escape, una cierta evasión, complementada por las sustancias que ingiere, que la transportan a un estado de confusión. Sumida en él, un ser sobrenatural y mítico se acerca a ella, un privilegio del que pocos mortales son beneficiarios. Ella, en lugar de aprovechar este hecho inusual, prefiere continuar recreándose en su indignidad y le ofrece el preparado que nubla el entendimiento, que el ser rechaza. Finalmente, se percata de su errónea actitud, de que ya no es posible descender más, caer más bajo. A partir de ahí ya solo puede ir hacia arriba.
    Un relato cuidado hasta el último detalle, con el sobreesfuerzo que requiere lo distinto, el mérito de no transitar caminos manidos, comenzando por el lenguaje, que huye de cualquier estereotipo, componiendo una historia diferente. Me he acordado de Juan Ramón Jiménez, cuando decía: «Escribo, no para los muchos», con calidad singular, autores para las masas ya había otros.
    Que todo te vaya bien, Juan, que la salud y el ánimo te permitan seguir alimentando ese estilo único y que podamos leerte.
    Un abrazo y suerte.

    1. J u a n

      ¡Chapirón de La Reina! : ¡¡¡No seré yo, tosco mortal, quien ose aceptar tus disculpas ante tan buen trabajo repleto de compañerismo como el que disfrutas haciendo tú cada edición de este simpático concurso!!!
      Además, se da la circunstancia, que pocas personas existen con tu capacidad de comprensión de textos de todo tipo.
      Tal como compartes conmigo, es lo que sucede en el microcuento que traigo a la palestra. La muchacha es una descreída por la vida que le ha tocado llevar sin las cositas paternofiliales de toda la vida, y tiene la fortuna de darse de bruces con presencias preternaturales que ya muchos investigadores de Lo Inestable desearían. Digo tiene la fortuna, porque aunque ésta podría haber sido más, no es baladí que por lo menos deja de apuntalar su ocio y su existencia en general en la evasión heredada de su misteriosa tía abuela y sus remedios caseros de la naturaleza (¡¡¡¡¡ me río yo de otras golosinas ilegales con semejante triaca!!!!!)
      Muchas gracias por traer a Juan Ramón a este espacio. Mi caso es diferente , escribo para Todos, pero cuando no se llegan a comprender mis chifladuras ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡naturalmente que entono el «Mea Culpa»!!!!!!!!!!
      Gracias por compartir Tu Genialidad Exegética, que tumba cualquier pretendida actuación argumental que desee compartir con Vosotros. Esa Es La Verdad.
      Y sí, algún Egrégor debí contactar sin recordarlo en la inocencia de mis tiempos pasados (desprovisto de orgullo por mi parte) que he tenido siempre durante todo mi existir Mens Sana In Corpore Sano.
      Y Recibe Mis Bienaventuranzas Eternas para Tí y Quienes Son Como Vos.

  2. Hola Juan ¿cómo llamarte? Único es insuficiente.
    Me he reído lo mío con María Cintas y sus cachitos de hierro y cromo, ay no, que eran de níquel. Vaya con los petardos que se preparaba la moza, no me extraña que viera o se encontrara con magnos egregor y toda su patulea. Y esas risas de ella y ese deshinflarse de él que creía que había encontrado una bella entidad mística y llena de dones regaladores de risas. Qué más podría pedir y, sin embargo ella, le arrea más caña al mono. Así le fue a ambos, cada uno con sus vergüenzas cargadas a las espaldas, una por sobrada y otro por creído que, para el caso, es lo mismo. No crees tú, Juan.
    Un relato, como siempre, original y dinámico, Monte Córvel arriba.
    Abrazos Juan…eso de la pilorriza me ha llegado a mi alma bióloga.
    Jajaja

    1. J u a n

      ¡Feliz Lunes de Resurrección Maja! :Sí, desde luego respecto a substancias curiosas hay quien las utiliza como fin, y no como medio (de la guisa de Antonio Escohotado, por ejemplo; aunque yo no soy de ninguno de los dos aspectos) y María Cinta, díscola y excéntrica vive sus propios errores sin dar cuenta a nadie (en realidad ella me cae muy bien, me resulta simpática, a la postre ¡comete errores y yo que soy un gran pecador sé en mi humilde intento de mejorar que los errores son piedras en el camino para ser superadas y mejorar!) La pilorriza siempre me atrajo: es la punta del iceberg hacia abajo, lo que la hace más enigmática, y dicho sea de paso, debe estar llena de sabor como dice mi enigmática amiguita María Cinta, pues todo se absorbe por tal elongación de las raíces. De hecho, no es la primera vez que la utilizo en mis argumentos, yo , en realidad, «me pilorrizo» V i v o .Este texto que tienes en tus manos, ¡O h M e r c e d e s !, es especial para mí, lo compuse de una tacada, como si estuviera anidado en mis entrañas por algún motivo, pero claro, todo esto son conjeturas. Lo que es verdad, es que tu lectura del microcuento, ha hecho mis delicias ¡No sé de qué me asssombro: Eres Única, más que mil María Cintas (¡claro, quiero decir en su parte más prístina existencial, no la afición a «las golosinas»!)
      Gracias por tu simpatía expositiva y tu donaire, y tu saber estar de persona ambivalente de Ciencias y Letras.
      ¡¡¡ Beso , pues !!!

  3. Aurora

    Después del peculiar ñot que se marcó María Cinta (por cierto, el ente que le sorprendió igual tenía los ojos verdes como le gustaban a Fernando Villalón) la mejor manera de relajarse fue terminar haciendo miniaturas con papel de arroz, qué listilla la muchacha huérfana!
    Me ha gustado,un relato extraordinario, nunca mejor dicho.
    Abrazos

    1. J u a n

      ¡Bien veo que conoces a Fernando Villalón (¡¡¡tu bagaje cultural por cómo escribes se advierte que es amplísimo!!!) Es un poeta que tiene como ya sabes una dualidad originalísima, pues de un lado su corpus es de la amada cultura tradicional andaluza de toda la vida (¡esas poesías loando a Ronda-aunque él no era de allí- me tienen loco, pues he vivido en su Serranía!)y de otro , tintes esotéricos al estilo de «La Pipa de Kiff» de Valle. Una vez tenía terminada mi microchaladura, recordé esos versos que aporto para remarcar el Kaos (¡así, como él lo escribe en sus versos!) Tus palabras en mi reconditorio literario son magistrales, pues aludes al «ñot» [¡he disfrutado de una licencia literaria basándome en la aliteración de una palabra relacionada con «estupas» pero que debe adivinarse por el lector y veo que tú lo has hecho tácitamente!]; y el estoque absolutamente maravilloso es tu mención a los papeles de arroz. La verdad es que estoy muy de acuerdo con vos: Cualquier Huérfano es avispado como nadie.
      ¡Muchas Gracias por tu abanico de cualidades mostradas en el comentario, supremas! (pero ya digo, se advierte en cómo escribes que eres persona completísima)
      ¡¡¡¡¡¡¡ A Tus Pies !!!!!!!
      J u a n , A s a z R o n d e ñ o 🏞

  4. Barceló Martínez

    Hola, estimadísimo Juan.
    Eso que se fuma la protagonista de este relato, de nombre María, se parece bastante a una hierba del mismo nombre que produce una alteración de la consciencia importante.
    Te agradezco que seas siempre fiel a tu estilo y que me hagas buscar en la RAE el significado de esas palabras que, de no ser por tener la suerte de leerte, jamás tendría el privilegio de conocer.
    Un cálido abrazo.
    T

    1. J u a n

      Los misteriosos poderes de quien conoce enigmas botánicos y herbáceos, laten en estas frasecillas, Á n g e l B a r c e l ó con toda razón por tu parte. Me vino perfecto el concepto de alteraciones para abundar en El Kaos y conjuntarlo con el carisma de este mes y sus argumentos. Tu presencia ávida de Saber y alimentarte con algunas palabras (¡intuyo en tu caso deben ser muy poquitas a pesar de lo que con humildad reflexionas!) te encumbra a coordenadas más altas que Córvel.
      ¡Mil gracias por tus cariñosos términos en mi Lar, El Hogar de Un Loco por la escritura!🤪

  5. María Rojas

    Muy bueno, Juan. Estoy segura que María encontró esos ‘Toros de ojos verdes’ pastando em marismas tartesias.

    Un abrazo marino.

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