Y cuando convertimos la adversidad en nuestra más sólida esperanza volvieron a destruirnos una vez más con el iluso convencimiento de que sería la última. Y perder. Y perder. Y perder. Hasta la justa victoria.
Confieso que he mirado en Google quuén es Kayed Hammad, pero antes de hallar la respuesta, me había quedado claro, de forma elegante, el tema de tu relato, breve, realista, duro, pero también esperanzador en medio de un infierno constante.
Un abrazo y gracias por otro año, Juan.
He tenido la oportunidad de escucharle en vivo en una charla en la que me conmovió su actitud de luchar ahora solo con la esperanza de que «algún día» se haga justicia, sin que esté en su programa vital que el conflicto se resuelva pronto. Ha sido una lección de … tantas cosas.
Pues a mí me ha pasado como a Ángel, que he ubicado a esos que siempre pierden, pero he googleado Kayed Hammad para confirmar.
Ojalá fuera este año el de la justa victoria, aunque no albergo demasiadas esperanzas.
Un abrazo, jefe.
Que los dioses, si es que existen, te oigan, querido amigo. La fe, al igual que la esperanza, son ilusiorias, pero como simples mortales que somos, nos aferramos a ellas a modo de autodefensa. Gracias por todo y otro gran abrazo, Jams.
Precioso texto como homenaje a Hammad y a todos los que se aferran a la esperanza para seguir resistiendo. Buen comienzo con la fe, la vamos a necesitar.
Qué breve y qué bueno. De esos textos que relees, a pesar de la brevedad, por todo el poso que deja. Misión no sencilla la tuya, como tampoco la de tus protagonistas, a ver si ellos consiguen el mismo éxito que tú en su empresa.
Gran pequeño texto, Juan.
Lo malo es la repetición, que has escrito 3 veces, pero que la realidad (escrita por los poderosos del dinero) se empeña en seguir repitiendo más veces todavía. Ojalá llegue pronto esa frase final.
Un beso,
Carme.
Tu texto es un magnífico salmo laico. También lo veo como el epitafio de un héroe inquebrantable como reza tu título. Esperemos que no falten nunca héroes y luchadores como Kayed Hammad.
Gracias por tu mirada y un abrazo.
Puro apotegma ese final de la historia, JAMS, donde la fe en uno mismo es lo único que nos mantiene para seguir, a pesar de la pérdida recurrente. Fuera del contexto político, es un resumen maravilloso de lo que es la vida cuando tomas conciencia de ella, en todo lo que iniciamos. Al menos aquí, en esta página, la victoria de estos quince años es justa y necesaria, un acto de fe inicial que ha dado frutos únicos. ¡Felicdades por estos años y por todo lo que queda. Abrazos.
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Confieso que he mirado en Google quuén es Kayed Hammad, pero antes de hallar la respuesta, me había quedado claro, de forma elegante, el tema de tu relato, breve, realista, duro, pero también esperanzador en medio de un infierno constante.
Un abrazo y gracias por otro año, Juan.
He tenido la oportunidad de escucharle en vivo en una charla en la que me conmovió su actitud de luchar ahora solo con la esperanza de que «algún día» se haga justicia, sin que esté en su programa vital que el conflicto se resuelva pronto. Ha sido una lección de … tantas cosas.
Pues a mí me ha pasado como a Ángel, que he ubicado a esos que siempre pierden, pero he googleado Kayed Hammad para confirmar.
Ojalá fuera este año el de la justa victoria, aunque no albergo demasiadas esperanzas.
Un abrazo, jefe.
Que los dioses, si es que existen, te oigan, querido amigo. La fe, al igual que la esperanza, son ilusiorias, pero como simples mortales que somos, nos aferramos a ellas a modo de autodefensa. Gracias por todo y otro gran abrazo, Jams.
Concentrado y contundente. De los que dejan poso.
Pude verle también en directo. Una charla conmovedora y un auténtico ejemplo.
Me impresiona todo lo que consigues transmitir en tan pocas palabras y me encanta el efecto de ese «Y perder» repetido que se te pega al alma.
Un abrazo
Precioso texto como homenaje a Hammad y a todos los que se aferran a la esperanza para seguir resistiendo. Buen comienzo con la fe, la vamos a necesitar.
Querido, Jams:
Qué breve y qué bueno. De esos textos que relees, a pesar de la brevedad, por todo el poso que deja. Misión no sencilla la tuya, como tampoco la de tus protagonistas, a ver si ellos consiguen el mismo éxito que tú en su empresa.
Abrazos mil.
Gran pequeño texto, Juan.
Lo malo es la repetición, que has escrito 3 veces, pero que la realidad (escrita por los poderosos del dinero) se empeña en seguir repitiendo más veces todavía. Ojalá llegue pronto esa frase final.
Un beso,
Carme.
Me sumo a los comentarios hechos con anterioridad.
Tuve que googlear quién era.
Antes de eso, el texto me encantó : breve y con fuerza.
Muy elegante.
Tu texto es un magnífico salmo laico. También lo veo como el epitafio de un héroe inquebrantable como reza tu título. Esperemos que no falten nunca héroes y luchadores como Kayed Hammad.
Gracias por tu mirada y un abrazo.
Puro apotegma ese final de la historia, JAMS, donde la fe en uno mismo es lo único que nos mantiene para seguir, a pesar de la pérdida recurrente. Fuera del contexto político, es un resumen maravilloso de lo que es la vida cuando tomas conciencia de ella, en todo lo que iniciamos. Al menos aquí, en esta página, la victoria de estos quince años es justa y necesaria, un acto de fe inicial que ha dado frutos únicos. ¡Felicdades por estos años y por todo lo que queda. Abrazos.