53. EL PERDÓN
Quería que tuviese los ojos del color del cielo, pero son como el chocolate negro. Siempre imaginé que sería rollizo, de tacto tan blandito como la gelatina, sin embargo, las carnes escasean en su espigado cuerpo. Me habría gustado que estuviera empezando la vida, para así poder sembrarla de recuerdos junto a nosotros: sus primeras palabras, sus dientes de leche, sus temblorosos pasos… Pero salió del orfanato caminando, rehuyendo nuestras manos.
Es desobediente, esquivo y violento. De nada sirven nuestros desvelos intentando enderezarle. Pese a ello no pierdo la esperanza y cada día pienso que puede producirse el cambio. Mi pareja no ha podido más y se ha ido. Por un tiempo, ha dicho. Y ese tiempo se dilata y estira y yo sigo aquí, batallando con un adolescente indómito.
Hoy ha llamado la policía, dicen que el chico ha dicho que no ha hecho nada, que llamemos a su madre que ella sabrá qué hacer. Que ella, siempre sabe qué hacer. Hemos salido juntos de allí y, durante un instante, me ha cogido del brazo y ha deslizado un perdón muy fino dentro de mi corazón. De un corazón de madre, de esos que jamás pierden la fe.


Las madres nunca pierden la fe la de tu relato lo ha demostrado doblemente, con un hijo no natural y problemático.
Un relato muy humano y esperanzador.
Un abrazo y suerte, Yolanda
Una situación complicada, y no hace falta que sea adoptado para que un adolescente dé problemas. Pero al final una madre siempre es una madre y ellos lo saben.
No solo esta madre tiene fe en el cambio, el chaval también tiene fe en ella, aunque no lo quiera reconocer abiertamente.
Un abrazo, Yolanda.
Como madre, no puedo más que empatizar con esa mujer luchadora y sufridora. No hay fe de mayor consistencia. Muy bien.
Preciosa tu historia, Yolanda. Y qué cierta es la afirmación final sobre la tenacidad, la fe y el amor de una madre. Y también creo que es una pena que algunos padres no sepan serlo, ya sea su hijo biológico o adoptado.
A parte de que estoy de acuerdo con el análisis sociológico creo que la historia está muy bien contada. Nos va llevando del deseo a la realidad y termina con la aceptación de una madre deseosa de serlo y coherente con ese deseo.,
Un abrazo
Jo, Yolanda, me has sacado la lagrimita. Ese adolescente no sabe la suerte que tiene de que su madre conserve, a pesar de todo, la fe en él.
Un abrazo y suerte.
Es duro y delicado a la vez.
Muchas gracias a todos!
como también dicen por ahí arriba, duro y dulce a la vez, certero y doloroso. Me ha tocado el corazón, gracias!
Muchas gracias, Melísima!