6. FUTURO MANDAMÁS (Edita)
Ya tiene diecisiete años y, hasta ahora, nadie supo diagnosticar correctamente su dolencia, siendo dicha circunstancia la causante de reprimendas, castigos, expulsiones escolares e incomprensión general. Sus propios padres se avergüenzan de él; los amigos le duran justo el tiempo que tardan en descubrir el defecto.
Pero un investigador de síndromes congénitos raros se ha interesado por el caso y acaba de ponerle nombre al trastorno: intolerancia extrema a verbalizar certezas. Miente por imperativo genético. Rubor, taquicardia, temblores o vértigo aparecen cuando se ve forzado a emitir una verdad, como en los exámenes. Aunque el especialista pronostica que lo suyo será incurable, pretende minimizar esas molestias aplicándole tratamientos experimentales que parecen eficaces. De hecho, después de una semana en terapia, ya puede pronunciar su nombre completo sin ponerse colorado, o recitar la dirección postal exacta con apenas palpitaciones.
Lo mejor es que el doctor augura al paciente un futuro profesional brillante. Le recomienda inscribirse, de momento, en el sector juvenil de cualquier partido mientras continúa estudiando. Luego, cuando descubran su capacidad innata, se pelearán todos por él; entonces elegirá aquella formación política que más valore la mentira de autor. Y alcanzará un desarrollo personal envidiado, sin reproches ni sacrificios.
Se supone que los políticos, con independencia de su signo, velan por el bienestar de la mayoría. No vamos a generalizar, pero por desgracia estamos cansados de ver que, en esa afirmación de base, en más casos de los que nos gustarían, aparece la primera mentira, las demás, vienen en cascada.
Para tu protagonista, decir lo contrario de lo que piensa es lo más natural, tanto, que no se le nota en absoluto, al contrario que al resto de los mortales; nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, excepto él. No es extraño que se le rifen las formaciones, que precisan de elementos que digan algo de forma convincente, aunque hagan otra cosa.
Un relato con fina ironía, humor y crítica social, que refleja muy bien el hartazgo que genera una manera interesada y teatrera de proceder.
Un abrazo y suerte, Edita.
Muy buen comentario. Muchas gracias, Ángel.
Igual ya lo dijo alguien, pero… ¿y si no? Voy a proponer que se invente un premio honorífico o algo así “Al más generoso y abnegado comentarista”. Ahí lo dejo.
Un relato de “terror determinista”. Otro punto de vista original, en el que el “mentiroso genético” tiene un futuro prometedor en la política.
Me niego a pensar que todos los políticos son iguales, lo que pienso es que son humanos y ahí reside el germen de nuestros males.
Muchas gracias por el regalo de tu comentario.
Totalmente de acuerdo con lo de que en nuestra naturaleza humana está el principio de todos los males.
Edita, me encanta el diagnóstico de «intolerancia extrema a verbalizar certezas», es súper ingenioso. Y bueno, lo de meterlo a político es algo que va como anillo al dedo, aunque también podría ser directivo de multinacional o banquero.
Un abrazo y suerte.
Encantada de que le hayas encontrado cosas buenas. Muchas gracias por contármelo.
Otro gran relato, querida Edita. Me ha encantado porque refleja un mundo que no es futuro sino bien presente ya. Sólo falta que el amor por la mentira sea hereditario… Algo nada descartable si recordamos aquel certero dicho:»De tal palo, tal astilla». Enhorabuena, guapa, y un fuerte abrazo.
Eres muy amable, Puri. Muchas gracias.
Bien podría ser la vida de Pinocho, con un punto de vista muy original. Saludos
Sí, un Pinocho actual y surrealista. Muchas gracias.
Hola, Edita. Lo que más me gusta de tu relato sobre este «futuro mandamás» es que la mentira no es sólo una enfermedad que padece, sino que forma parte de sus genes, por eso no puede evitar decir lo que dice ni actuar como actúa y lo pasa tan mal ante la verdad. Creo que el terapeuta, al sugerirle que entre en la política, le dio el mejor de los consejos, porque en ese ambiente la mentira no es una enfermedad sino una aliada que le permitirá ascender en la política.
Ojalá que me equivoque, pero soy escéptica de que existan políticos honestos -lo digo por todo lo que he visto y vivido a ese nivel aquí en Argentina – así que por esa razón creo que tu cuento no sólo es bueno, sino que es muy realista.
Un beso grande,
Mariángeles
Me encanta tu comentario. Muchas gracias.
La mentira de autor, qué bueno, Edita. Con el hartazgo de mentiras, al menos, escucharemos alguna más elaborada o diferente.
A veces, pienso que debe ser genético porque mentir tanto como lo hacen los mandamases es inhumano…
¡Abrazo!
Me alegra que te haya gustado la mentira de autor, ha sido la expresión que más días me ha llevado cocinar. Muchas gracias.