79. Viraje
Un sol blanquecino asomaba ya entre celajes grises. Elvirita se vestía para el trabajo tras una larga noche cuidando a padre. Decía su hermano que igualdad sí, claro, pero que las mujeres son mejores cuidadoras. En el móvil, Noticiarios Digitales —el cibermundo al alcance de los españoles— glosaba los éxitos cinegéticos de nuestro Líder, y llamaba a colaborar en la deportación patriótica de ilegales. Contaba también que el misterioso proceso de blancoinegrización espontánea ya había llegado a las ciudades, ahora que los últimos animales salvajes habían amanecido blancoinegrizados. Eso desmontaba el alarmismo de los ecologistas, que no entienden que cambios ha habido siempre, y que, sin que haya que hacer nada, los animales se adaptan al blanco y negro como antes a la tontería esa del calentamiento.
Elvirita pensó qué vestido provocaría menos a su jefe, que ya se sabe que el liderazgo y la testosterona van unidos, y eligió el verde. Pero fue ponérselo y volverse gris marengo. Ya en la calle, unos muchachos dijeron algo sobre sus piernas y su carita de rosa, ay como la pillemos. Notó cómo le ardían cara y piernas. No necesitó ningún espejo para saberse ya enteramente virada a blanco y negro.


Un relato con claras alusiones a otra época que esta realidad ha terminado actualizándose. Todo puede volver y, aunque se supone que se evoluciona, nunca es de manera uniforme y lineal, hay virajes y retrocesos, simbolizados en el paso del color al blanco y negro.
Un abrazo y suerte, Tomás.
Tomás, me encanta cómo está escrito, y también el recurso temporal que haces de la «blancoinegrización». Pero me parece absolutamente aterrador.
Un abrazo y suerte.
Tomas, original, bien escrito, marca de la casa, y brutal. Una pasada. Me ha encantado.
Un abrazo.
Tomás con tilde. Que aquí no lo he podido editar. Jajajajaja. Abrazo, genio.
Gracias por vuestra lectura generosas. Se me ocurrió pensar que el blanco y negro, tan hermoso, puede ser una señal de vuelta a otro tiempo que pensábamos que no volvería, y que a veces quiere volver sibilinamente… Abrazos.
Un gusto encontrarte por aquí, Tomás. Parece que el blanco y negro amenaza nuestras vidas. Esperemos que no se produzca este viraje. Enhorabuena por tu relato.