Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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8. Todo sea por la paz (Edita)

Un calcetín adorna la lámpara del techo; el compañero comparte suelo con otras prendas, no todas pulcras. Las paredes son una exposición de murales imposibles. Bajo una montaña de papeles y carpetas, se esconde un escritorio. Sobre la cama, perfectamente revuelta, descansan demasiados artilugios: ordenador portátil, latas, mochila, cables… También una persona, aunque cuesta diferenciarla del entorno. Está recostada; lleva cascos en las orejas, no se sabe si para escuchar algo o dejar de oír. Llegan gritos desde el pasillo reclamando su presencia. No responde ni a los golpes en la puerta. Protestan los vecinos, hartos de aguantar la misma escandalera todo el día. Silencio temporal. Lentamente, se incorpora el cuerpo inerte, en bata, sin asear. Retira los auriculares y sale de la estancia. Cierra. Se dirige a la cocina con la esperanza de conseguir algo comestible. Esquiva a una chica que corre en dirección opuesta. Esta patalea furiosa al encontrar su habitación bajo llave de nuevo. La culpable continúa la marcha fingiendo indiferencia. Piensa repetir la operación tantas veces como sean necesarias. Ella nunca tuvo una, pero acabará encontrándose cómoda dentro de esa leonera, sin agobios cotidianos. Empieza a comprender un poco a su hija.

 

39 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    La madre comprende a la hija poniéndose en su lugar, hasta el punto de invadir su espacio más vital. Paralelamente, la hija también puede entender, desde la nueva perspectiva la postura racional y organizada que tenía antes su madre, antes del cambio de actitud. El cambio de papeles, pese a las tensiones, puede que conduzca a una cierta comprensión de una respecto a la otra, y a un equilibrio, siempre deseable. «Todo sea por la paz», ya lo dice muy bien el título.
    Un abrazo y suerte, Edita

  2. Hugo Gonzalez Quintana

    Qué giro más bueno, Edita. Me esperaba mil cosas pero eso no.

    Esto es llevar, casi al extremo, el ponerse en la piel del otro.
    Me ha gustado tu relato. Se lee con suma facilidad y ese giro hace que todo cobre un sentido nuevo y magnífico.
    El humor de “También una persona, aunque cuesta diferenciarla del entorno. ” me ha llegado.
    Lo único: me tenías que haber pedido permiso para describir tan bien mi habitación de adolescente .

    Gracias por este ratito de lectura que me has dado.

  3. Puri Rodríguez

    ¿Qué gracioso tu micro, Edita! Me hizo recordar aquello de: «No descalifiques a un indio sin antes haber caminado con sus mocasines». A veces, viene bien transgredir alguna norma demasiado arraigada, para explorar ángulos de visión desconocidos y nuevas perspectivas. El orden es algo tan lineal y previsible que, con frecuencia, es hasta aburrido. Un abrazo y suerte, guapa.

  4. María Gil

    ¡Qué buen giro final, Edita! No sabía hacía dónde nos ibas a llevar. Y que estupendas descripciones. Me he visto en la habitación y… tan a gusto.

    Un abrazo.

  5. ¡Qué bueno este cambio de roles, Edita! La madre entenderá a la hija (que es fácil, eh, estar sin dar casi palo al agua en tol-día) pero no sé si la hija va a asumir ninguna de las tareas que la madre está dejando de hacer. A ver cómo les va el experimento.
    Un abrazo,
    Carme.

  6. Miguel Ángel Jiménez

    Me ha gustado mucho, Edita.
    Todo sea por la paz. Mimetizarse con el entorno es la primera arma del camuflaje. El mensaje fue: podemos ser todos iguales, pero no, podemos aprender con la técnica del espejo.
    Enhorabuena, Edita. Mucha suerte

  7. Sergio Capitán

    Enhorabuena, Edita. Muy bueno. La empatía llevada a su máximo extremo. «Para juzgarme, ponte en mis zapatos». Abrazo.

    1. Mira qué casualidad: entre los mil y un títulos que tenía en la lista, de los que he descartado solo mil, ja ja ja, el primero que se me ocurrió era INTERCAMBIO DE ZAPATOS. Me alegro de que te parezca bueno. Muchas gracias.

  8. Rosa Gómez Gómez

    Graciosísimo! No sé si yo podría superar esa prueba de madre agotada de predicar en el desierto. La niña tiene de su propia medicina. Menudos arrestos tiene su progenitora!
    Un .

  9. Sara SH

    Qué bueno Edita, oye pues no es mala idea la de intercambiarme con alguna de mis hijas adolescentes, lo voy a valorar, jaja. Un abrazo!

  10. Hace poco me topé con este proverbio sioux: «Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.». Es exactamente lo que está haciendo esta madre con su hija adolescente: al cerrarle la puerta del cuarto con llave y usarlo ella de la misma manera en que lo hace su hija- con la cama revuelta, durmiendo a deshoras, escuchando música en sus auriculares, sin bañarse y usando bata todo el tiempo- la obliga a vivir en carne propia lo que experimenta una madre criando a una hija adolescente: las puertas cerradas, la indolencia y la rebeldía… Resumiendo, la hija toma de su propia medicina. No sabemos si escarmentará o aprenderá algo de toda esta experiencia, pero que no se olvida, eso es seguro…

    Muy bueno, Edita, me gustó.

    Un beso y suerte para vos,
    Mariángeles

  11. Pilar. C

    Qué ingenioso tu relato. En ese cambio de roles creo que gana la madre je,je…
    Por la paz y la buena convivencia cualquier estrategia es buena.
    Genial, Edita

  12. Jolín qué vuelta de tuerca tan lograda, no he querido leer antes los comentarios, y la verdad es que me parece genial cómo nos has sorprendido. No sé cuánto aguantará la madre inmersa en ese caos, igual más de lo que ella misma esperaba. A veces, cuando las palabras no sirven de nada, hay que pasar a la acción. Esperemos que esa hija aprenda la lección y no espere a ser madre para entender a la suya. Muy ingeniosa tu propuesta, Edita. Un abrazo y suerte.

  13. Desde el inicio imaginaba adolescencia, una leonera que también decía mi madre, y esa vuelta de tuerca que inicias con la bata me ha encantado y sorprendido. Y el título complementa de maravilla. Está genial, de principio a fin. Suerte y abrazo, Edita.

  14. Cecilia Rodríguez Bové

    Un texto con simpatía y realidad a partes iguales.
    El título ya lo dice todo. Me ha encantado.
    ¡Enhorabuena, Edita!

  15. Jesús Navarro Lahera

    Qué bueno, Edita. Me gusta mucho ese giro final, esa madre que ha decidido aplicar la misma medicina, comportarse de la manera caótica y desordenada que nos pintas tan bien, y que siembra dudas sobre de quién se trata. Un abrazo

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