99. El asesino de Olof Palme
El olor a naftalina del armario tenía un poder narcotizante que moldeaba el ritmo de los pensamientos. Mari lúa lo había experimentado la primera noche que durmió dentro. Ese día habían asesinado a Olof Palme en plena calle. En algún lugar del mundo buscaban al autor del tiroteo que había huido del lugar del crimen. Mari Lúa lo vio en la televisión al anochecer. Interrumpieron los dibujos para dar la noticia. Enseguida supo que ese monstruo asesino se había escondido debajo de su cama. Fue esa misma noche cuando se trasladó a dormir al armario y desde allí lo oía respirar como si fuera una flauta desvencijada. Marilúa nunca se atrevió a confesar al servicio secreto que el asesino que buscaban tan insistentemente estaba debajo de su cama porque el armario, finalmente, se había convertido en algo deseable, en un proyector de sueños. Nunca apareció el asesino de Olof Palme. Fue uno de los grandes crímenes sin resolver. Sólo Marilúa sabía que aquel monstruo asesino seguía agazapado pegado al somier de aquella cama que hacía unos años habían trasladado a la casa de campo.
Lourdes, cuentas con descripciones claras el poder de los medios sobre nosotros. el bombardeo de noticias como esa deja mella en algunas personas. suerte y saludos
El poder de la mente humana es indescifrable. Podemos llegar a imaginarnos cualquier cosa y creérnoslo a pie juntillas.
Me gustó. Mucha suerte.
Ton.
Muchas gracias Calamanda y Ton. Si lo bueno de la mente es que nos podemos imaginar un mundo paralelo. Lo peor creérselo. un abrazo
Con retraso pero llego. Interesante asesinato sin resolver el que nos planteas, desde el enfoque de la mirada de un menor. Mucha suerte 🙂