48. Los sonidos del silencio
Rasgo con furia el papel. La melodía que sonaba tan prometedora en mi cabeza se convierte en bazofia cuando trato de plasmarla en acordes. Mi guitarra permanece muda mientras trato, desesperadamente, de recordar la sintonía que mi aturdido cerebro me ha permitido entrever.
No recuerdo la última vez que he dormido, me mantengo a base de alcohol, café y estimulantes, pero siento que mi creatividad está en su momento más álgido.
Ella llega del trabajo y sube a mi estudio. Me besa suavemente y empieza a contarme su día, pero soy incapaz de prestarle atención. Su voz monótona se superpone a la música de mi cabeza, interfiere con ella creando un terrible caos de ruido y discordancia. Cierro los ojos con fuerza, tratando de no perder la cordura en medio de esa vorágine de sonidos. De pronto se hace el silencio y comienzo a escuchar en mi interior la canción que buscaba. Allí está: perfecta, limpia, sin fisuras.
Entusiasmado tomo la guitarra para reproducirla antes de que desaparezca, pero mis dedos producen una resonancia extraña. Contemplo la falta de una cuerda con estupor que se convierte en pánico al descubrirla enrollada en el cuello de mi ahora silenciosa chica.
Impactante relato, Manuel: la historia de unos acordes silenciosos ¿nacidos? del estremecedor paralelismo entre una «guitarra muda» y una «silenciosa chica»…
Un afectuoso saludo y suerte sonora
Silencios atronadores en este caso, muchísimas gracias por comentar Nuria. Un abrazo
Inesperado y sorprendente final que tiene sin embargo lógico dentro de lo que cuentas, de modo que lo has contado bien. Felicidades y suerte.
Aunque más suerte que tú necesita tu protagonista.
Manuel estremecedor relato de la muerte de la chica en manos de la locura que aparece tras horas de intentar conseguir esa canción que se resistía. Bien contado.
Saludos
Manuel, nos llevas con habilidad por el relato hasta ese final, a pesar de la situación, poco predecible. Suerte y saludos
El cumpleaños te ha sentado genial, Manuel. Magnífico relato, cosa que ya esperábamos de ti… Me ha encantado… Solo puedo decirte, lleno de preocupación: ¡Cuidado con tu guitarra! Abrazoss
Muchas veces me pasa que tengo una idea por ahí dando vueltas, y no logro materializarla. Y odio que me distraigan justo cuando estoy a punto de asirla con los dedos… Menos mal que no tengo guitarra!!! Enhorabuena. Excelente relato