01 EL CERDO
Aurora estaba preocupada. Roberto nunca se había ausentado tanto. Acababa de colgar el teléfono a su hermana, que se había encargado de repasar otros desaires parecidos de su marido, pero a ella, tras veinte años de mentiras y medias verdades le era fácil desoír sermones e infidelidades con unas y otras. Hacía tres días que una absurda discusión había finalizado con un portazo y su huida escaleras abajo. «No pienso volver a esta puta casa», había gritado Roberto desde el descansillo. Y no había vuelto.
Cuando la culpa le provocaba la angustia y el llanto, Aurora bajaba a hablar con Maite, la charcutera del entresuelo, que siempre estaba al día de todo lo que ocurría en el bloque. Maite se limitaba a mover la cabeza negando todas las razones de preocupación de su vecina sin parar de repetirle que ella era un cielo y que él solo era basura. Le acariciaba las manos, la cara. Secaba sus lágrimas con besos. Y cuando se descubría reflejada en los ojos brillantes de Aurora, aflojaba algo su abrazo para ir a la despensa, coger dos copas, y traer un plato de finas tajadas de lomo cortaditas con el cuchillo recién afilado.
El cuchillo recién afilado está preparado para lo que queramos imaginar. Una mujer despechada , la carnicera, queriendo proteger a su “mas que amiga”, puede ser muuuy peligrosa.
Costumbrista, duro y con sorna.
El título ya dice bastante del personaje, y no es algo amable. La manera chulesca de comportarse del sujeto tampoco lo arregla. La descripción de la vecina no solo es creíble, sino que también desvela cómo ha terminado. Seguro que pensamos que esta mujer se ha pasado, desde luego, pero también que el desaparecido había hecho algún mérito.
Un trío de lo más curioso, una combinación explosiva.
Un abrazo
Uuuuuy qué miedito, ese finaaaaal… qué mal rollooooo…. Me ha hecho pensar en «Tomates verdes fritos», una de mis películas favoritas. Y eso que se iba desarrollando como un relato social, tan tranquilo, hasta esa última frase que le da un vuelco completamente negro.
Abrazos, boss.
Jams, me gusta mucho el giro truculento final, que enlaza con el título para despejar las dudas sobre el paradero de Roberto. Y, bueno, cuando una puerta se cierra, otras se abren, así que espero que Aurora y Maite sigan siendo muyyy amigas.
Un abrazote.
Contundente y “guarra” manera de abrir boca. Luego nos engañas vilmente para dejarnos al final con la sangre en los labios. Presuntamente, claro. Muy bueno.
Al final juntamos unas finas tajadas de lomo, del cerdo, con el cuchillo recién afilado, con las caricias y besos de Maite, y ya lo tenemos. Un relatazo que, sin contar muchas cosas, ahí quedan dichas.
Y no volvió.
¡Bravo!