21. DIÓGENES (Edita)
Aunque Dña. Carmen siempre se negaba a abrir la puerta a nadie, esa vez era evidente que urgía prestarle ayuda. Últimamente no salía de casa ni para visitar los contenedores. Además del jaleo de perros y gatos, cada vez más estridente, el hedor en la escalera ya resultaba insoportable. La preocupación lógica de los vecinos se convirtió en desesperación. Hacía tiempo que habían agotado la paciencia y todas las vías a su alcance para solicitar la intervención de los servicios sociales y otros organismos presuntamente competentes. Siempre la misma respuesta: sin consentimiento de la afectada o autorización judicial, imposible invadir el ámbito privado. Pero llegó la nueva Ley de Bienestar Animal y vieron en la norma una posible salida. Denunciaron con premura las condiciones indignas en las que se hallaban las mascotas del 3º B. Pocos días después, acudían al edificio las autoridades de orden público. Como no hubo respuesta desde el interior, accedieron a la vivienda por medios propios y, veloces, trasladaron a una protectora algunos animales todavía vivos. Ella tuvo menos suerte: lo que se pudo recuperar de la anciana fue al depósito de cadáveres.
Somos animales también, racionales nos hemos venido en llamar para distinguirnos del resto, pero es también esa supuesta mente superior la que nos hace tan complejos y gasta ilógicos, muchas veces en el peor de los sentidos, la pobre dña. Carmen es un claro ejemplo.
Un relato que, ficción o no, bien podría no serlo.
Un abrazo y suerte, Edita
Totalmente de acuerdo con lo que dices. Muchas gracias por tu dedicación.
Ufffff, querida Edita…Fuerte, fuerte, tu micro de esta vez. Y muy triste pero, desgraciadamente, también muy real. Es una lástima que no sepamos profundizar para intentar comprender y ayudar en tragedias como estas. Un beso y suerte, guapa.
Muchas gracias, Puri, por tus cariñosas palabras.
Pobre doña Carmen, quizás si la ley de bienestar animal hubiera llegado un poco antes podrían haberla salvado a ella también.
Un abrazo y suerte.
Quizás… Muchas gracias, Rosalía.
Una paradoja que hace pensar. ¿Tenemos que apoyarnos en una ley de defensa de los animales para atender a las personas? Un relato realista y bien tramado. Saludos y suerte.
Me encanta el comentario. Muchas gracias.
Edita, presentas una situación muy real con mensaje. Toda una incongruencia que nos da qué pensar. Bien narrado
Abrazo 🤗
Muchas gracias por tus amables palabras, Pilar.
Una anciana vive sola en un departamento con muchísimos animales. Un día, quién sabe por qué causa o enfermedad, se muere allí. Asumo que no tiene ni parientes ni amigos que se preocupen o interesen por ella (y que tengan una llave de entrada a su departamento) y nadie se entera de nada hasta que el hedor se vuelve insoportable y la gente de Bienestar Animal finalmente interviene: la mayoría de los perros han muerto, y el resto ha sobrevivido comiendo del cadáver de la anciana… Tu micro narra una situación tremenda, macabra y dantesca por donde se la mire, que aborda más de un asunto: la soledad y desprotección de las personas mayores, y la desprotección y abandono de las mascotas, todo ello derivando en situaciones terribles como la que aquí se describe… Moraleja: nadie merece morir solo, ni como animal ni como humano, y si se vive solo, siempre es bueno contar con alguien de confianza, que tenga una llave de repuesto…
Tremenda historia, Edita, pero muy bien contada.
Cariños,
Mariángeles
¡Menudo análisis! Muy detallado y razonado. Le das un enfoque algo diferente a mi intención, pero me parece enriquecedor y muy válido. Muchas gracias por tu interés.
Real como la vida misma, Edita. Un relato conmovedor, muy bien escrito y que da mucho que pensar. Mucha suerte y un abrazo.
¡Ay qué bien! Muchas gracias, Nuria.
Muy buen relato, con golpe final de los que te deja sin respiración, y en el que todo lo anterior cobra sentido. Dura la historia, impactante el cierre y todo muy bien escrito. Mucha suerte, querida Edita. Un abrazo
Qué pasada de comentario, de los que anima a seguir estrujando la neurona. Muchas gracias.
Dura historia y más duro cierre, con tintes reales. La literatura tiene que conmover y lo has logrado con creces en este relato. Enhorabuena, Edita.
Muchas gracias. Me ha encantado el comentario.
Un contradios! La vida misma. Mientras no hayan leyes que protejan a los mayores vulnerables seguirán ocurriendo historias como estas. Yo las atiendo con más frecuencia de lo que se cree, soy Trabajadora Social. Esta mal llevada “privacidad” nos lleva a situaciones así.
Muy bien narrado!
¡Qué buen comentario! Además, desde el conocimiento. Me encanta ese contradiós. Muchas gracias.