39. LA MUERTE BLANCA
Ha pasado horas parapetado tras la nieve y ahora se siente reconfortado por el calor del refugio y del vodka que baja ligero por su garganta. También por la acogida de sus compañeros que le palmean la espalda alabando su puntería. Ha sido una buena jornada de caza, ocho piezas abatidas sin fallar un tiro. Las canciones compartidas, las risas con que celebran la vida les hacen ignorar el viento helador que aúlla tras las ventanas, esperándoles. Pronto el alcohol y el cansancio los sumirán en un sueño profundo en el que quizás, consigan olvidar el miedo, el frío y el olor a muerte. Fuera, amparadas por un cielo de oscuridad mineral, unas sombras se deslizan buscando los ocho cuerpos de sus camaradas.


Dos palabras; vodka y camaradas, son claves, imprescindibles y suficientes para darle la vuelta al texto y transformar, sin decirlo expresamente, una cacería normal en guerra cruel actual.
Lo aue se ve claro, blanco y diáfano, puede convertirse en negrura total en un momento. Las guerras tienen estas cosas y otras aún peores.
Un abrazo y suerte, Paloma