52. DE CUANDO SE BLANQUEABAN LAS LETRAS (Rafa Olivares)
Ya corría la segunda mitad del siglo XIX, cuando la revista de mayor prestigio en los ambientes artísticos y culturales de la época, publicaba en sus páginas centrales la reseña de la última obra de un autor ya consagrado aunque desconocido en los círculos sociales del país.
Firmada por el propio director, se extendía en frases laudatorias hacia el estilo sencillo y pedagógico de su novela, hacia la viril defensa de los valores morales y sociales del país, y hacia la aguda y certera descripción de las costumbres más arraigadas en la vida cotidiana de los andaluces. Terminaba el artículo proclamando que «El escritor hace con esta obra justo honor a su apellido, mereciendo ya ser considerado como Caballero insigne de las letras españolas».
En su casa de Sevilla, leía estas palabras con complacencia, pero también con cierto regusto de amargura, doña Cecilia Böhl de Faber, quien, para poder lograr la difusión de sus creaciones literarias, mostraba desde hacía años una aparente masculinidad firmando con el seudónimo de Fernán Caballero para quien, sin tan siquiera saberlo, ejercía de negra.
No recuerdo bien si la cabecera de aquella revista era Blanco y Negro.


Blanco y negro, revista ilustrada… Justo eso, ilustrar, es lo que hace este relato para recordarnos cómo era la cosa, cuánto ha cambiado y que no se debe volver atrás. Aunque el tema es serio, no deja de tener alguna pincelada de humor camuflado. Muy bien.
Ese ninguneo hacia la mujer que hoy nos resulta incomprensible pero que hay que recordar, como bien dices, para no retroceder.
Gracias, Edita, por comentar.
Un beso.
Voy a intentar ser breve. Has dejado blanco sobre negro la gran injusticia y discriminación que han sufrieron muchas escritoras españolas hasta no hace tanto tiempo.
Un abrazo y suerte, Rafa
Hola Rafa
Un gran relato, con tu maestría, con tintes históricos y con un trasfondo reivindicativo, que siempre es necesario.
Enhorabuena Rafa
Un abrazo
Hola, Alberto. La historia reciente nos recuerda escenarios afortunadamente superados. El del ambiente en que tuvo que bregar doña Cecilia viene al pelo por el contraste de género, vamos como el blanco y el negro que es en lo que estamos
Tal cual, Ángel, tan conciso como certero.
Gracias y un abrazo.
Pues me ha encantado, Rafa. Cómo vas leyendo sobre quién será ese ilustre caballero hasta que aparece la cruda realidad. Curioso que hoy en día haya hombres que se unan para firmar juntos con nombre de mujer, ¿verdad? Estupendo tu texto en blanco y negro. Un abrazo fuerte.
Cierto, hasta tres machotes para hacerse pasar por una sola mujer, Carmen Mola. La verdad es que mola mazo.
Gracias, Aurora, feiz con que te haya gustado.
Besos.
Por suerte los tiempos más oscuros van quedando atrás. Ahora son más sutiles, pero todavía algo grises: J.K. Rowling comenzó a firmar con sus iniciales porque los editores pensaron que una mujer escribiendo fantasía infantil no iba a vender. En fin…
Gracias por traer a Cecilia/Fernán y suerte.
Muy triste tener que fingirse otro para acceder a publicar, algo ya superado pero sobre lo que no conviebe bajar la guardia.
Gracias, Rosalía.
Un abrazo.
¿Que más se puede decir? Discriminación, injusticia, machismo, simplismo, sectarismo. Se me ocurrirían algunas más fuertes pero no las diré, las dejo a la imaginación de cada uno.
Todo esto y más hemos tenido que soportar las mujeres a lo largo de la historia. Diré otra palabra que no puedo reprimir. RABIA.
Gracias por poner negro sobre blanco esta historia que, aunque sabida, no está demas recordar para no olvidar.
Un saludo
Pues sí, Gema, qué enorme frustración debieron sentir las mujeres que vieron cercenado su desarrollo intelectual por razón de género. No viene mal tenerlo presente para que no se repita en ningún ámbito.
Gracias y abrazo.
Buena elección, Rafa, muy buen desarrollo y estupendo final. ¿Qué más pedir? que no se repita.
Un abrazo
Hola, Paloma. El blanco y el negro de una sociedad absurda e ignorante. Gracias por comentar.
Un beso.
Hola, Rafa. La historia de doña Cecilia Böhl de Faber (Faber, aquí en Argentina, es, casualmente, una marca de lápices) me hizo acordar a la de las tres hermanas Bronté, que en su época, viviendo recluidas en los páramos ingleses, se vieron obligadas a escribir sus grandes obras bajo seudónimos masculinos: Currer Bell(=Charlotte), Ellis Bell (=Emily) y Acton Bell (=Anne), así que se entiende perfectamente ese regusto amargo que siente la autora al saberse leída como si fuera un hombre, ese Fernán Caballero que se lleva, injustamente, todos sus laureles… Gracias a Dios, hoy en día las cosas han cambiado y las mujeres podemos escribir y ser leídas como tales…
Ojalá que los que le den el premio de Caballero insigne de las letras españolas a doña Cecilia se lleven una buena sorpresa…
Un beso grande,
Mariángeles
No son pocos los casos similares que la historia nos ha dado y que incluso fue llevado al cine, en La buena esposa, con un premio Nobel que firmaba las obras que su esposa escribía, aunque no está basada en hechos reales. Como bien dices, afortunadamente es una situación ya superada.
Besote hacia Argentina.
PD: Aquí también se comercializan desde siemrpre los lápices Faber, de listas negras y amarillas.
Qué bueno, Rafa, cómo has jugado con la figura del negro actual en las letras con la justicia por tantas mujeres creadoras que tuvieron que ocultar su arte bajo un nombre masculino.
Abrazos.
Una mujer que hizo de negro de su inventado personaje para poder publicar.
Gracias, Beatriz.
Anrazo.