77. Ya nada es igual, aunque lo parezca
Estoy obligado a asomarme por este ventanal privilegiado y a permanecer inmóvil cuando alguien entra en el salón; ese es mi castigo.
Debo observar todo lo que acontece y escuchar todas las conversaciones. A veces resulta agradable, placentero; otras, en cambio, odioso. He oído cosas que me han dolido mucho. Aun así, agradezco poder seguir viendo a mis hijos, mis nietos…
Aunque aquella vez que tuve que contemplar a mi nieta retozando con su novio cuando creían que estaban solos en casa, no se lo deseo a nadie.
Cierto es que no reniego de ser una fotografía, y aunque no deseo estar en un álbum olvidado al fondo de una estantería, sí quisiera permanecer en un lugar con vistas al horizonte y que el ventanal fuese a todo color, no en blanco y negro.


Tener que ser testigo de todo, sin excepción, de forma permanente, se quiera o no, debe ser muy duro. También es verdad que, como comenta tu protagonista de papel fotográfico, permanecer en el ostracismo de un rincón, acumulando olvido, tiene que ser peor.
Un abrazo suerte y Felices Fiestas ¡campeón!
Un protagonista/narrador muy original, esa foto que ve la vida pasar desde su marco. Mejor así que escondida en un álbum, aunque lo ideal sería que la sacara a pasear…
Un abrazo y suerte.