Tras reconocer, demasiado tarde, que nunca debí fiarme de él, la decepción y el enojo pertinentes han ido degenerando: sufro ahora pesar crónico, al asumir que jamás volveré a creer en mí.
Hay dos tipos de personas: los que creen que nunca se equivocan y que la culpa es de los demás, y los que desconfian de sí nismos al más mínimo error. Que de los desaciertos se aprende, por lo que en cierto modo son necesarios, es algo que nos cuesta entender. La fe en sí mismo es una base necesaria, pero momentos psicológicos como el de tu protagonista, que tan atinadamente has descrito, hemos tenido todos.
Un abrazo y suerte, Edita
Que no deje que un fallo de criterio mine su autoestima. Como bien dice Ángel, errores cometemos todos, lo importante es levantarse de nuevo tras la caída y seguir adelante. Un día de estos encontrará lo que busca, seguro.
Un abrazo, Edita.
Pues le pasaré tus palabras estupendas de ánimo a la prota, que no soy yo, pero le di tantas vueltas a semejante miseria de relato que ya le he cogido confianza a la pobre mujer. Ja ja ja. Muchas gracias.
Errare humanum est. Pero sigue,»nullius nisi insipientis in errore perseverare». Todos hemos sido necios alguna vez, y hemos acabado aprendiendo. Seguro que tu protagonista también lo consigue. Abrazo.
Contundente tu microrrelato. No sé puede decir más con pocas palabras. En este caso la pérdida de la fe en uno mismo, que siempre se acaba recuperando porque sin ella ni se puede vivir.
¡Enhorabuena!
Certera saeta. Si elegir es complicado, arrastrar una mala elección lo es aún más.
Otra vuelta en la noria y lista para volver a errar.
Felicidades, Edita.
Ayyy…¡pobre tu prota! Un fracaso que le ha dejado huella. Tu breve y contundente relato nos hace ver que la «fe ciega» puede pasar factura.
Buena reflexión.
Enhorabuena poe condensar tantas fés en tan pocas letras: la fé en uno mismo, la fé en el otro, la fé ciega (¿existe de otro tipo?), la fé traicionada…
Suerte ya he tenido por lo que dices, por haber visto todo lo que había detrás de tan pocas palabras, que uno/a lo tiene muy claro en la cabeza pero es complicado que el lector llegue a comprenderlo. Muchas gracias.
A veces, la fe es frágil, y desconfía, veladamente, de aquello en lo que cree. Esto es una demostración de sensatez. El peligro es la fe ciega, porque cuando esa nos falla…Es algo dolorosamente devastador. Muy buen micro, Edita, conciso pero certero. Enhorabuena, guapa, y un cariñoso abrazo.
Dicen que si alguien te traiciona una vez, la culpa es de esa persona. Pero si te traiciona dos veces, ¡ay amiga!, entonces hay que revisarse los filtros. Así que tu prota puede seguir confiando en sí misma, pero no esa persona que ya la traicionó.
Un abrazo y suerte.
Bº Birruezas 41
San Vicente del Monte
942 70 50 91
www.senderodelagua.com
O Pazo, 20 – Arzúa (A Coruña) 15819
687 63 94 92 – 981 808 822
http://www.hotelacuruxa.com/
Usamos cookies para asegurar que te damos la mejor experiencia en nuestra web. Si continúas usando este sitio, asumiremos que estás de acuerdo con ello.
Hay dos tipos de personas: los que creen que nunca se equivocan y que la culpa es de los demás, y los que desconfian de sí nismos al más mínimo error. Que de los desaciertos se aprende, por lo que en cierto modo son necesarios, es algo que nos cuesta entender. La fe en sí mismo es una base necesaria, pero momentos psicológicos como el de tu protagonista, que tan atinadamente has descrito, hemos tenido todos.
Un abrazo y suerte, Edita
Un atinado comentario, como siempre. Muchas gracias.
Que no deje que un fallo de criterio mine su autoestima. Como bien dice Ángel, errores cometemos todos, lo importante es levantarse de nuevo tras la caída y seguir adelante. Un día de estos encontrará lo que busca, seguro.
Un abrazo, Edita.
Pues le pasaré tus palabras estupendas de ánimo a la prota, que no soy yo, pero le di tantas vueltas a semejante miseria de relato que ya le he cogido confianza a la pobre mujer. Ja ja ja. Muchas gracias.
Errare humanum est. Pero sigue,»nullius nisi insipientis in errore perseverare». Todos hemos sido necios alguna vez, y hemos acabado aprendiendo. Seguro que tu protagonista también lo consigue. Abrazo.
Uy, este señor sabe latín. Ja ja ja. Le pasaré tus ánimos de tu parte. Muchas gracias.
Contundente tu microrrelato. No sé puede decir más con pocas palabras. En este caso la pérdida de la fe en uno mismo, que siempre se acaba recuperando porque sin ella ni se puede vivir.
¡Enhorabuena!
¡Qué bien!. Muchas gracias.
Certera saeta. Si elegir es complicado, arrastrar una mala elección lo es aún más.
Otra vuelta en la noria y lista para volver a errar.
Felicidades, Edita.
Muchas gracias por pasar a leer y comentar.
Un profundo desengaño por haber confiado y creído. Los reveses de la fé interesada. Un relato breve, pero bravo. Suerte con el. Un abrazo.
Breve, pero bravo. Me encanta tu apreciación. Muchas gracias.
Sin llegar a la vanidad, un mínimo de autoestima siempre viene bien. Tan breve como profundo.
Suerte, Edita.
Abrazo.
Me gusta lo que dices. Muchas gracias.
Ayyy…¡pobre tu prota! Un fracaso que le ha dejado huella. Tu breve y contundente relato nos hace ver que la «fe ciega» puede pasar factura.
Buena reflexión.
Estupendo comentario. Muchas gracias.
Habrá que buscar un remedio para ese pesar crónico, que aunque duradero, que duela menos 😉
Enhorabuena y mucha suerte.
Habrá, habrá… Muchas gracias.
Pues… doy fe de ello, Edita. Muy acertado, muy bueno.
¡Abrazo!
Qué bien que te parezca bueno. Muchas gracias.
Enhorabuena poe condensar tantas fés en tan pocas letras: la fé en uno mismo, la fé en el otro, la fé ciega (¿existe de otro tipo?), la fé traicionada…
Mucha suerte
Suerte ya he tenido por lo que dices, por haber visto todo lo que había detrás de tan pocas palabras, que uno/a lo tiene muy claro en la cabeza pero es complicado que el lector llegue a comprenderlo. Muchas gracias.
A veces, la fe es frágil, y desconfía, veladamente, de aquello en lo que cree. Esto es una demostración de sensatez. El peligro es la fe ciega, porque cuando esa nos falla…Es algo dolorosamente devastador. Muy buen micro, Edita, conciso pero certero. Enhorabuena, guapa, y un cariñoso abrazo.
Qué bien que te haya parecido bueno. Muchas gracias por tus amables palabras.
Dicen que si alguien te traiciona una vez, la culpa es de esa persona. Pero si te traiciona dos veces, ¡ay amiga!, entonces hay que revisarse los filtros. Así que tu prota puede seguir confiando en sí misma, pero no esa persona que ya la traicionó.
Un abrazo y suerte.
Muy bien razonado. Muchas gracias.