Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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16. Ciega Fe ciega

En plena discusión, agarró con todopoderosa fuerza el brazo de su ángel más perfecto, guardián del trono divino.

— Detente, o te destruiré.

— No lo harás, me necesitas. Sin mí, tu propia existencia no tiene sentido.

— ¡A un bebé, Lucifer! ¡A un bebé! ¿Cómo puedes siquiera pensar en provocarle una meningitis?

— En tus manos tienes presente, pasado y futuro. Tu conocimiento es absoluto e ilimitado. Sabes exactamente qué pasará, ¿verdad…?
¡¿Ahora callas?!… Ah, naturalmente: ¡el libre albedrío…!
Lo siento, querido padre, pero es algo que nunca alcanzaré a entender.

— ¿Qué sabrás tú, maldito rebelde? Olvidas que nada está por encima de mis designios. ¡Nadie…!, y mucho menos tú. Es inútil que lo intentes. Obedéceme o despídete del reino de los cielos.

— ¡Suéltame! Tengo que hacerlo. A pesar de todo. A pesar de ti.

Poco tiempo después, en una aldea cercana a la frontera con Baviera, las repentinas fiebres y convulsiones que durante los últimos días consumían la vida de un neonato, desaparecieron providencialmente. Por la mañana, el pequeño despertó sano y hambriento. Todo el pueblo, también la comunidad judía, oró aliviado por la milagrosa curación de su nuevo vecinito, el pequeño Adolf.

1 Response

  1. Ángel Saiz Mora

    Con milagros como ese mejor que nos quedemos como estamos. Va a ser verdad lo que algunos aseguran de que no hay que conformarse y detenerse en el detalle, sino intentar una visión de conjunto y a largo plazo, como se supone ha de tener el Creador, de ahí debe de venir eso de «los caminos del Señor son inescrutables», pero Lucifer bien que conoce nuestras limitaciones, jugando con la fe de gentes que creen que un niñito no podría hacer daño a nadie nunca, que van a ver como milagroso que se cure de lo incurable, algo sobrenatural, pero en modo alguno divino, más bien demoniaco.
    Diálogo, intensidad y un vuelco final inesperado en una buena historia.
    Encantado de leerte siempre.
    Un abrazo y suerte, Antonio

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