Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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I «CERTAMEN SAN VICENTE DEL MONTE»

Con motivo del 15º ENTCuentro que celebraremos el fin de semana de 13, 14 y 15 de Marzo de 2026 en San Vicente del Monte y Cabezón, queremos invitaros a participar en este concurso que le hemos propuesto a la Junta Vecinal de San Vicente del Monte después de nuestra buena experiencia durante el año pasado con la propuesta de aquella impresionante fotografía de su escuela, de la que muy pronto tendréis nuevas noticias.

Este año vamos a VOLVER a San Vicente del Monte, y ahí radicará concretamente nuestra propuesta narrativa: Volver… a San Vicente del Monte.

Estas son LAS BASES de nuestro

concurso de relato breve de San Vicente del Monte.

 

1 – PARTICIPANTES.

Pueden participar usuarios de la web estanochetecuento.com y amigos y conocidos de la página y del pueblo.

2 – Podrán presentarse hasta DOS RELATO POR AUTOR.

3 – MODO DE ENVÍO.

El relato se publicará únicamente en el espacio de comentarios de esta misma entrada del blog www.estanochetecuento.com, y tendrá una extensión máxima de 100 palabras sin incluir el título.

4 – CONDICIONES DEL RELATO.

Las 3 condiciones del relato son las siguientes:

  • El relato debe desarrollar el concepto de VOLVER por la razón, condiciones y tiempo histórico que sea. Debe ser evidente que algún personaje se plantea o está inmerso en la idea de VOLVER.
  • El escenario del relato debe ser una pequeña aldea de montaña, sin necesidad de especificar su nombre o que se ajuste directamente con San Vicente del Monte. Cualquier aldea de montaña será válida.
  • La extensión máxima será de 100 PALABRAS sin contar el título.

5 – PLAZOS

El plazo para su presentación se iniciará con la publicación de este post y durará hasta el DOMINGO 1 de MARZO de 2026 no incluído.

6 – JURADO

El jurado estará formado por los representantes de la Junta Vecinal de San Vicente del Monte. En el caso de que alguno de los ganadores no se haya identificado debidamente será inmediatamente eliminado y el premio pasará al siguiente.

7 – PREMIOS

Los premios para los TRES relatos ganadores consistirán en lotes de productos locales de Cantabria y la inclusión del relato en el recopilatorio Esta Noche Te Cuento de 2026.

8 — FALLO DEL CONCURSO

Este concurso se fallará públicamente durante la merienda de bienvenida que celebraremos en el Salón de la Junta Vecinal de San Vicente del Monte en la tarde del próximo viernes 13 de Marzo de 2026.

 

77 Responses

  1. Eva García

    51.VACAS AZULES
    Observa perplejo la nieve, blanca y no rosa como contaba su madre. Aspira profundo y, en vez del aroma a pan caliente que esperaba, un olor acre inunda sus fosas. Las cuestas resbaladizas de piedra son un peligro, tanto como los cuernos de las tudancas ¡grises! que le observan desde un prado en ángulo imposible. Se siente engañado por la distancia del recuerdo, pero busca la fonda junto a la bolera donde una tal Doña Milagros guarda la llave de la casa familiar. Al abrirse el portón descubre embelesado que el color de los ojos de Miluca es el mismo.

  2. 52.UNA REAL DECISIÓN
    Han observado que cada Navidad, al atravesar la Cambera de los Moros en dirección al pequeño pueblo de montaña con nombre de santo, la estrella que los guía titila de una manera muy especial. Y los tres han entendido el mensaje que les envía: “Si alguna vez se rompe la magia que los envuelve, y la ilusión deja de asomarse a los ojos de los niños, y ya no les llegan sus cartas, será el momento de volver”. Volver para quedarse. Saben que entre los montiegos no necesitarán ni pajes, ni túnicas, ni coronas para sentirse como reyes.

  3. 53.VOLVER A LOS ORÍGENES
    Mientras asciende por la cuesta que conduce a la vieja casa, los recuerdos le salen al encuentro: sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeros juegos, sus primeros sueños.
    Hoy ha vuelto a la pequeña aldea de montaña que la vio nacer. Conseguirá olvidarse del reloj y de su empeño en trocear el tiempo. Le bastan con el sol y la luna. Se liberará de la tiranía del espejo. Sabe que, si quiere, el río nunca le negará su reflejo. Abrir la ventana cada día será conectarse a la mejor de las pantallas. La actuación de la naturaleza nunca defrauda.

  4. Alberto Benito

    54. EL OFENDIDITO

    Me creía un tipo con talento, aunque pocos en mi pueblo estaban de acuerdo con esta apreciación. Así que decidí mudarme a una pequeña aldea en Somiedo, y dedicarme a escribir parodias de canciones, con la intención de volver y restregárselas en su cara. Basé en Gardel mi canción venganza, que decía así: “Volver, con la gente maldita, que niega el talento anegada en su hiel. Sentir, que os morís de la envidia…” Y no esperé veinte años, aunque no sean nada: al día siguiente regresé para cantársela.
    Hubo alguno que me miró con lástima, pero acabé en el pilón.

  5. ENCARNA RUIZ RODRIGUEZ

    55. MEMORIA ACTIVADA
    La brújula marcaba el norte, pero yo quería volver al Sur. Allí estaban la juerga, el ruido, el desenfreno. El norte era la calma, la tranquilidad, el amor.
    Cuando vi aquellos picos nevados, supe que algo estaba fallando. Aquel lugar me estaba vetado. No me estaba permitido volver, ni sentir, ni recordar. Solo imitar.
    Así que no tuve más remedio que activar la nave nodriza. El protocolo era claro: regresar y borrar cualquier emoción.
    Porque aquel pueblecito de montaña, mucho antes de ser máquina, había sido mi casa.
    Y mi felicidad.

  6. Modes Lobato Marcos

    56. COMO EN UN TANGO DE GARDEL

    La maldita Guerra Civil dejó a su paso miles de niños huérfanos.
    Manolín fue uno de ellos.
    Por eso, con ayuda de unos familiares que vivían al otro lado del mar, empezó una nueva vida en Argentina.
    Allí creció y, poco a poco, las nieves del tiempo platearon sus sienes.
    Y un día la vejez reptó bajo su puerta, para anidar entre sus huesos.
    Entonces decidió regresar.
    Hoy ha vuelto a su pueblo y, tras subir al campanario de la iglesia, suplica a las cigüeñas que lo lleven con sus padres.

  7. Modes Lobato Marcos

    57. BUENOS CONSEJOS

    En las fiestas patronales de San Vicente, el ayuntamiento invita sus habitantes a un cocido montañés.
    Entonces Atilano regresa al pueblo y, caminando entre las mesas, susurra al oído de los comensales que mastiquen bien los alimentos.
    Y así, año tras año, desde aquel día festivo en que murió atragantado con una alubia.

  8. Salvador Esteve

    58. PRONOMBRES

    Ella procedía de familia noble, la más rica del pueblo.
    Él azuzaba al ganado.
    Ella partió; en su corazón cinceló una promesa.
    Él esperó…
    Ella nunca lo olvidó.
    Él, en soledad, sopla al número ochenta: un deseo.
    Ella nunca lo olvidó.

    Él la ve venir, recuerda sus ojos, su sonrisa.
    Ellos entrelazan sus dedos y caminan entre susurros de hojarasca.
    Ellos perciben el aroma a tierra mojada, de las flores.
    Ellos escuchan el murmullo del río y al jilguero.
    Ellos iluminan la penumbra del recuerdo y hablan: una vida que contar.
    Ellos unen sus labios. El tiempo les pertenece.
    Ellos…

  9. Alberto Benito

    59. UNA LARGA ESPERA

    Quince años ya de mi destierro, y no ha habido un solo segundo en el que no haya pensado en volver. El recuerdo de mi pequeña aldea, en el Concejo de Valdáliga, me ha permitido sobrevivir a este ostracismo. Añoro su verde manto, la frondosa arboleda y las reses pastando en sus praderas. Empíreo que me vi obligado a abandonar y que, lo sé, espera paciente mi regreso. Fue un error agredir a la vaca del alcalde cuando decidió aliviarse en mi huerto, pero muy pronto – en cuanto prospere la moción de censura – retornaré.

  10. Rosa Gómez Gómez

    60. UN REGRESO INTERESANTE
    Bajaba por la cuesta en el momento en que forcejeaba con la maleta. Se apresuró para ayudarme, pero al tropezar cayó sobre mí. Estuvimos tan cerca que nuestros ojos chispearon. Mientras balbuceaba una disculpa, me ayudó con aquel bulto incómodo. Sin apenas despedirse, siguió calle abajo. Lo miré. Sus andares cortos y rápidos me transportaron a la infancia: era el hijo del Quesero. Solía tirarme de las trenzas y después salía corriendo. Cuando íbamos a comprar queso a su casa, siempre se escondía.
    He venido para quedarme. Lo encontraré en el bar del paseo. Esta vez no se escapará.

  11. 61. EL GUARDIÁN DE LAS PALABRAS
    Hace un año mi abuelo y yo regresamos al pueblo. Desde lo del accidente, solo nos tenemos el uno al otro y, aunque todavía está fuerte, aquí le cuesta más empujar mi silla. Pero dice que me necesita para “cuidar las palabras”. Al principio no lo entendí. Según vamos paseando, me dicta palabras como: calabobos, braña o cajiga. Yo las apunto y luego, en la casa, las dibujo y hago un cuento con ellas. Días después, se las leo, y noto cómo su rostro se vuelve infantil. Como si él fuera el nieto. Como si las escuchara por primera vez.

  12. Pablo Núñez

    62. GEOGRAFÍA DE UN DESEO

    Había estado solo una vez en San Vicente del Monte, la aldea de cuento que, abrazada por las montañas, olía a libertad. Suficiente para que echara raíces de nostalgia allí. Conoció a una hechicera que convertía hojas en telas de colores y le robó un poco de su magia. Regresó a su pueblo, donde se dedicaba a lograr lo imposible: metía veleros en botellas, pero ahora los sustituía por aquel rincón de ensueño, convencido de que, cuando encajara la última pieza, el hechizo que guardaba en sus bolsillos lo dejaría entrar en el vidrio, cerrando la puerta del mundo.

  13. 63. ABRIL DEL 69

    Tuco recorre, después de tantos años, la calle principal. Los vecinos que encuentra lo miran como si fuera un personaje mitológico: hay quien le abraza emocionado y quien le lanza -todavía- una mirada aviesa. Él intenta acostumbrarse a la luz del día y a los cambios en el pueblo, a reconocer a los antiguos amigos en esas caras marchitas y a los niños en esos jóvenes desconocidos. También a no mirar hacia atrás con temor. A estas alturas todos saben que nunca se marchó, que no ha conocido otro lugar distinto a las entrañas de su tierra, como un topo.

  14. Miguel Ángel Jiménez

    64. TE VERÉ EN EL CIELO

    Habían empeñado todo para comprar una frisona. Salió mal cuando la mastitis infectó a la Pintuca.

    Deva se despidió de Lábaro, su primer y único amor.

    Este la prometió que en cuanto fuera mayor edad se iría a Cuba con ella. Deva, con lágrimas en los ojos le dijo que, si no cumplía, sería ella la que volvería a por él.

    Volvió a los 70 años a por Lábaro a la aldea montañosa. De él supo que falleció soltero a los 17 años y que ordenó gravar en su lápida “Deva, mi amor, te veré en el cielo”

  15. Pablo Núñez

    65. LA LINTERNA

    «Ojalá hubiera nacido aquí», pensó la primera vez. El aire olía a limpio y sus vecinos, ¡ay, sus vecinos! Residían unos cien habitantes, y mucha más cultura que en cualquier gran urbe. La estancia fue breve, pero quedó marcada en el calendario de sus recuerdos. Se consolaba pensando en que volvería un año después. Para él era una aldea que se negaba a caer en el ruido imposible del resto del país. Una mañana de abril, las noticias le dieron la razón. Casi todo el mapa había quedado a oscuras. Casi. Mientras, San Vicente del Monte brillaba con luz propia.

  16. Juancho

    66. Males raíces
    Julián arrastra los pies como un condenado. Llega hasta la silla preparada por su hijo al borde del camino.
    —Putas cuestas—, piensa, entre la nube de polvo que ha levantado a su paso, y se sienta despacio, con las manos aguantando lo riñones.
    Ya nadie recuerda lo que le hizo a la Martina ni lo de las tierras del Fadrique.
    Frente a él, las peñas no parecen haberse desgastado desde que marchó.
    —¡Puta vida! Teníamos que ser de piedra—, y baja la cabeza al saludar a unos paisanos, avergonzado por algo que no consigue encontrar en su memoria.

  17. Juancho

    67. Metamorfosis
    Por fin había superado el vértigo. Volvió con sus alas de mariposa y un cuerpo que en nada se parecía a aquel otro, con el que arrastró su maleta una tarde de diciembre, cuando las nieves cubrían las cúspides vecinas. Se sobrepuso a oír los cuchicheos y recorrió la calle principal con un movimiento de caderas capaz de provocar al más beato de todos sus paisanos.
    «Es el hijo de la Conce, la del molinero», murmuraban las comadres, incapaces de frenar su avance, hasta que alcanzó el humilladero. Allí levantó el vuelo, convencido de haberle sido fiel a su destino.

  18. Manuel Menéndez

    68. Retorno al pasado

    El eco vacío de mis pasos resuena. Treinta años después no hay nadie para recibirme. Los pocos vecinos se fueron tras el incidente. Las tumbas de mis padres son las últimas excavadas en el cementerio. De nuestra vieja casa solo quedan cenizas y vigas ennegrecidas. Rebusco en las ruinas de la cuadra y, bajo el escombro, encuentro la vieja caja de zinc que fabricó mi abuelo. En su interior, intacta, está la guadaña. Aún se distinguen las manchas herrumbrosas de la sangre de mis viejos. Ahora, solo falta que vuelvan las voces y me digan que debo segar esta vez.

  19. Luz

    69 A él le gustaría.

    Después de un fin de semana maravilloso, las tres decidieron que ya no iban a volver. Había que cerrar ese ciclo.
    Pero Laura, cuando veía aquel bonito trofeo dorado y la cuartilla con su nombre, sentía un pinchazo en su corazón, y decía, ¿Por qué no el próximo encuentro?
    Recordaba el primer viaje con él. A pesar de las dificultades y barreras.. cómo disfrutaron!
    El reunirse con tantos compañeros de afición. Las bromas, la comida en aquella preciosa aldea cántabra..
    Y el pinchazo se agudizó y decidió que iba a volver.
    Claro que si!
    A él le gustaría..

  20. Javier Palanca

    70. La viuda

    Hacía muchos años desde su marcha. Se diluyó atravesando montañas nevadas, las mismas que aún lo rodean y arropan.
    Cuando llega, ha caído la noche. El frío abraza las calles vacías; respira humo y silencio.
    Ante su antiguo hogar, recuerda el hambre y la miseria. Al llegar a casa de Irene, vuelve a escuchar las promesas de amor eterno que se torcieron al prometerla al viejo y acaudalado alcalde.
    La recia casona sigue en pie, sin restos del incendio que se provocó justo antes de su necesaria huida.
    Presintiéndola tras los muros, sabe por qué ha regresado.

  21. Rosa Gómez Gómez

    71. HIJA DEL REGRESO
    Miro y veo casas de piedra con tejados rojos. Aspiro y huele a hierba, a estiércol de vaca y castañas. Escucho y oigo campanos que van a los prados. Saboreo el cocido montañés que no llegué a probar.
    La maleta está preparada. Antes visito el cementerio de mis padres. Hoy es el aniversario del día que abandonaron su aldea. Todos los años celebraban conmigo una fiesta en el parque. Extendían el mantel y hacían como si estuvieran en un prado. Solo conservaron su foto delante de la casa. Y esta llave.

  22. Jesús Navarro Lahera

    72. EL ANIVERSARIO
    Agradecí a mi nieto que me hubiera traído, y él, después de asentir, me pidió que me diera prisa, porque prefería conducir con luz por esa tortuosa carretera de montaña. Yo le dije que tardaría poco, y tras coger las flores me bajé del coche, y me dispuse a recorrer, sin importarme el frío, las empedradas calles de la aldea. Desde las ventanas de las casas, cuyos muros tenían tantas grietas como arrugas mis manos, parecían hablarme voces de mis tiempos mozos. Pero seguí caminando, y solo me detuve al llegar, como cada año, a la tumba de mi esposa.

  23. 73. A FILAS

    Un, dos. Los primeros pasos que le arrancan de allí. Tres, cuatro. Los quejidos de quienes quedan en la montaña. Un, dos. Los ojos que atormentan al mirar lo que se aleja. Tres, cuatro. Las paredes rotas de un hogar envuelto en hollín. Un, dos. Los agujeros de bala, las vidas que faltan. Tres, cuatro. Las últimas lágrimas que deja correr. Un, dos. La rabia y la ira que crecen con la distancia. Tres, cuatro. Los gritos que va lanzando por el camino. Un, dos. Los puños apretados en los bolsillos. Tres, cuatro. Las veces que jura que volverá.

  24. 74. NUEVO ENFOQUE
    –De pequeño contaba los días que faltaban para volver a la aldea. El último verano que vine, mis abuelos habían plantado este árbol en primavera y solo era así de alto. Le arrancaba ramas y creaba mis hondas, bien chulas. A ver si puedo…
    –Papa, te vas a hacer daño, es muy dura y casi no llegas.
    Una lluvia de frutos empezó a caerle sobre la cabeza.
    –Antonio, diría que el árbol te recuerda y esto no le gusta. Dani, ¿qué te parece si recogemos hojas del suelo y con ellas hacemos una manualidad? Tienen unas formas y colores preciosos.

  25. 75. LO QUE SE VE Y LO QUE NO
    Heredó el caserón de la aldea un sobrino segundo, que decidió convertirlo en alojamiento turístico. Sin dinero para reformar el edificio, instalaría unos módulos prefabricados en el patio. Primero tapó una pequeña fuente.
    –A Adela le encantaba ese rincón, solía sentarse ahí a leer –le dijo una vecina. Él convino en la belleza del lugar.
    Al día siguiente el espacio se hallaba anegado por filtraciones. Añadió más cemento, pero en unas horas volvía a estar inundado. Tras varios intentos estériles, el joven desistió. Además, el monte empezaba a atraparlo con su magia. Aprovecharía la ocasión: la herencia sería su refugio.

  26. Lucas Romano

    76. DEPORTE EXTREMO

    A Padre nunca le gustó mi deporte.
    -Con esto también se quema adrenalina -me decía tendiéndome el azadón. Está desgranando una mazorca de maíz en el corral. No levanta la vista. Sus manos son dos raíces secas buscando
    los granos, que repiquetean al caer al cesto entre sus piernas. No le cuento que me metieron en un autobús polvoriento y me trajeron de vuelta a casa, entre nosotros el silencio es tan profundo como el Rio Grande que no llegué a cruzar. Los dos sabemos que volveré a intentarlo, el salto de vallas fronterizas es adictivo. Tanto como comer cada día.

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