49. Salto de fe
Lleva muchos días posponiéndolo. Cada noche se obliga a imaginar la escena: sus mocasines ajados yendo más allá, la dureza del asiento, la permanente perfecta sobre el fular de seda de la mujer sentada delante. En la oscuridad del dormitorio compartido, las respiraciones acompasadas de sus hermanas, que ya duermen, parecen tararear la canción a la que tantas veces se ha agarrado:
No tenemos miedo.
No tenemos miedo.
Pero lo tiene. Miedo a perder su trabajo. A no encontrar otro. A marcar a fuego a su familia. A lo inimaginable. A no cruzar la línea un día más. A atreverse a cruzarla.
Al fin cae rendida y sueña con una hilera de casas en tonos pastel, una calle donde los niños juegan juntos, una vecina rubia que le da la bienvenida al barrio con una tarta de arándanos. Cuando despierta, sabe que será hoy.
Sube al autobús por la puerta de atrás, como siempre. Las palabras de la canción le tironean los pies. Y cruza la línea.
Cuando ya sentada en la zona blanca empiezan a lloverle los salivazos, los empellones, los insultos, su voz se eleva inquebrantable:
Oh, deep in my heart
I do believe
We shall overcome.


Aunque todo esté en contra, hay que creer en los valores universales que siempre deberían respetarse. No sé si tu protagonista es Rosa Parks, pero bien por ella y por todos los que luchan por lo que es justo. Nadie garantiza una victoria, por desgracia, pero gestos como el suyo son poderosos y contagiosos, capaces de mejorar el mundo.
Un abrazo y suerte, Ana
No pensé en alguien en concreto, sino más bien en una persona anónima, de las muchas que luchan por sus derechos y los de otros sabiendo cuánto se exponen, pero aun así enfrentando su miedo y saltando al vacío sin más asidero que su fe en un mundo más justo, ya sea en un autobús, en una manifestación, a las puertas de un centro público o frente a un oficial al servicio de cualquier régimen opresor. Por desgracia, hay ejemplos para aburrir.
Muchas gracias por tu lectura y tu comentario, Ángel, un abrazo.
No hay miedo. ¡Eso sí que es fe!
Fe en sí mismo y en estar en el lado correcto de la historia.
Muy bien narrado y muy bonito.
Bueno, miedo sí que hay. Supongo que se trata de ser capaz de que no te domine o que en un momento dado sea un poco menos importante que aquello por lo que luchas.
Muchas gracias por pasarte a leer y por tus bonitas palabras sobre el relato. Un abrazo.
Muy correctas tus palabras: miedo sí que hay.
Gracias por expresar lo que yo quería decir mucho mejor. 😉
Ana, yo también he imaginado a Rosa Parks. Para hacer algo así hay que tener más fe que miedo.
Un abrazo y suerte.
Todos tenemos a Rosa Parks muy asociada con el autobús porque su detención fue el detonante de las huelgas posteriores (hay una peli estupenda sobre eso, «El largo camino a casa»), que lograron el fin de la segregación en los autobuses. Pero imagino que esa misma acción la harían otras mujeres y hombres que, como dices, tendrían más fe que miedo y gracias a ellos el mundo fue un poco más justo. Muchas gracias por leer y comentar, un abrazo.
Tanta fe como coraje por cambiar el mundo.
Enhorabuena y suerte, Ana.
Sí, no solo requiere fe sino también mucho valor. O desesperación, quién sabe, o pensar que no tienes nada que perder porque precisamente no tienes nada. Muchas gracias por pasarte, Rafa, un abrazo.
Hola, Ana. Cuando leí lo de la zona blanca, enseguida me di cuenta de que era una historia sobre el apartheid: una mujer negra se sube al autobus por la puerta habitual, la trasera, y se atreve a sentarse en la zona destinada a la gente blanca, de ahí la violenta reacción que recibe…
Busqué la canción mencionada en el micro y es preciosa… También, gracias a Ángel, supe quién es Rosa Parks, que en sus tiempos se atrevió a hacer algo así…
Releyendo el micro, cobra otro sentido la parte donde la protagonista sueña con un mundo que no rechace a los que son como ella, y a propósito, también pienso que este micro hubiera calzado perfecto con la propuesta anterior, que era escribir sobre el blanco y negro…
Me gustó tu «salto de fe».
Un beso grande,
Mariángeles
Tienes razón, habría podido ir a la convocatoria de blanco y negro, pero se me ocurrió después 😅. La canción, aunque tiene muchos años, por desgracia hoy día podría seguir vigente en muchas situaciones. Como te ha gustado, te dejo el enlace: https://youtu.be/nM39QUiAsoM?si=6E_LpMx8QibXrNIY
Muchas gracias por leer y por tu extenso comentario. Un abrazo, Mariángeles.
Todos tenemos a Rosa Parks muy asociada con el autobús porque su detención fue el detonante de las huelgas posteriores (hay una peli estupenda sobre eso, «El largo camino a casa»), que lograron el fin de la segregación en los autobuses. Pero imagino que esa misma acción la harían otras mujeres y hombres que, como dices, tendrían más fe que miedo y gracias a ellos el mundo fue un poco más justo. Muchas gracias por leer y comentar, un abrazo.
!Qué enorme valor tuvo aquella primera viajera negra sentándose en la zona para blancos! Hizo historia y cambió la historia…La triste historia de un tiempo que parece vuelve a repetirse hoy, contra todos aquellos que son o piensan distinto a los de una cierta ideología que, a base de miles de millones, domina el planeta. Enhorabuena y un abrazo, querida Ana.
Sí, por increíble que parezca la lucha por los derechos civiles sigue vigente a pesar de todos los años transcurridos. Muchas gracias por oasarte a leer y comentar, Puri, un abrazo.
Yo también quiero creer que ganaremos.
Un estupendo y comprometido relato.
Un abrazo
Eso queremos creer todos. El problema es que la fe se demuestra con hechos, así que quizá haya que dar algunos pasos incómodos, como el de la chica del relato.
Muchas gracias por leer y por tu comentario. Un abrazo, Gema.
Aquí la fe sostiene la certeza de que merecemos el mismo trato. Si la humanidad carece de personas como esta, no avanza hacia ese objetivo. Aunque muchas se queden por el camino.
Entrar en la psicología de esta persona antes de actuar es lo que hace original tu relato.
Ojalá en estas situaciones siempre haya mucha más gente dispuesta a cruzar la línea que energúmenos esperándolos al otro lado. Pero es innegable que ciertas cosas pueden dar (con razón) mucho miedo.
Muchas gracias por tu comentario, Rosa, un abrazo.