51. Los diez pilares que sustentan mi fe (Alberto BF)
Mi vida de sacerdote no es un camino de rosas, pero, pese a la adversidad, hay diez motivos que me impulsan a continuar siendo un hombre de fe. Cuando flaqueo, que alguna vez ocurre, me ayuda mucho escribirlos en un papel:
Uno: Jorge. Buen chico. Tímido y guapo, de padres necesitados.
Dos: Manuel. Regalo del Cielo. Tierno y sumiso. Sin familia paterna, y con madre drogadicta.
Tres: Santiago. Un querubín. Rubito y desamparado, proveniente del hospicio de las Carmelitas.
Cuatro: Oksana, la niña huérfana y obediente que perdió a sus padres cuando huían de la guerra.
Cinco: Daniel, el simpático y complaciente zagal de nuestra feligresa catequista.
Seis: Eduardo, el mocetón imberbe que ingresó, confundido, en el seminario.
Siete: Mis amados compañeros, que saben cuándo deben mirar para otro lado.
Ocho: El obispo bondadoso, que defiende en público la honorabilidad de mis actos.
Nueve: Los políticos y jueces de turno, que me permiten seguir viviendo en armonía con mis vecinos.
Y diez, y más importante: El Señor, que me eligió entre la multitud para guiar a su pueblo por el buen camino.
Es triste decirlo, pero sin conductas ejemplares como la mía, estaríamos rodeados de irredentos pecadores.


Madre mía, Alberto, menudo pieza te has buscado. Y rodeado de gentuza a juego. Me temo que es una historia con muchos visos de realidad, por desgracia.
Un abrazote.
Ojalá fuera solo ficción, pero conocemos no pocos casos muy similares a esta historia.
Muchas gracias por comentar, Ana María, y un abrazo para ti también!
Esos motivos, del primero, ya sospechoso, al último, muestran la más despiadada de las hipocresías. El problema de los indeseables es que, además, se justifican, y sus mentes enfermas se lo creen.
Un abrazo y suerte, Alberto
Ojalá algún día dejen de suceder estas cosas, Ángel.
Mientras tanto, escribiremos sobre ello, aunque solo sea para que no caigan en el olvido.
Abrazo de vuelta, suerte, y muchas gracias por pasarte por aquí.
Es un relato que sacrifica la ambigüedad literaria en favor de un impacto ético. Aunque se siente «sesgado» (porque el narrador ha decidido que no haya sombras de duda sobre la maldad del cura), cumple su función de espejo de una realidad histórica que ha salido a la luz en las últimas décadas. El autor no quiere que empatices con el conflicto del sacerdote; quiere que sientas la náusea de su lógica interna.
Y en su lógica interna, Joselu, el propio sacerdote le quita hierro al asunto, con la connivencia de otros actores y actrices implicados. Así ha sido durante mucho tiempo, y esperemos que deje de ser algún día.
Gracias por comentar, y un abrazo.
Hola, Alberto. Las palabras del sacerdote podrán sonar muy piadosas, pero traslucen algo terrible, y eso es lo primero que capta el lector. Este cura no sólo es hipócrita, también un depravado, y encima un depravado con la connivencia del resto de la curia, que mira para otro lado…
Ojalá pudiera decirse que éste es sólo un relato de ficción, pero sabemos que no, que está inspirado en muchas cosas de «la santa iglesia»…
No obstante, me ha parecido un relato soberbio, te felicito…
Un beso grande,
Mariángeles
Poco que añadir a tu comentario, Mariángeles. Has descrito muy bien el fondo del asunto.
Muchas gracias por pasarte a comentar, y un beso de vuelta,
Alberto.
¡Estupenda crítica nada velada! A pesar del tema de la fe, la iglesia no sale muy bien parada, precisamente, en esta ronda. ¿Porque será?
Un abrazo
Vaya usted a saber, Gema…
Muchas gracias por pasarte a comentar, ¡un abrazo, y suerte!
Alberto, en tu micro se ve muy claro como este tipo de depredadores buscan niños y niñas vulnerables, así les resulta más fácil.
Al acabar de leerlo solo quiero sacar la guillotina a la plaza del pueblo.
Un abrazo y suerte.
Ay, Rosalía, lo útil que sería la guillotina en algunas situaciones…
Gracias por tu comentario, un abrazo y suerte para ti también.
Son capaces de justificar sus delitos y dormir tranquilos protegidos por Dios y su iglesia.
Ojalá esto deje de suceder alguna vez. Recemos por ello.
Un abrazo, y gracias por comentar, Rosa.
Muy bueno, Alberto, y por desgracia, tan real, que pone los pelos de punta. Un abrazo y mucha suerte. ❤️❤️
Muchas gracias, Nuria. Triste situación, pero en este caso, al menos, es ficción.
Abrazo y suerte para ti también, compañera. ¡Gracias por pasarte a comentar!
Brutal… qué personaje, qué sarcasmo destila tu micro para tratar tremendo tema… genial, Alberto.
Muchas gracias, Jesús. Qué triste que no sea un tema ficticio, por lo que habrá que darle visibilidad en la medida de lo posible.
Gracias por tu comentario, un abrazo, y mucha suerte en el concurso… y con esas preciosas estrellas en el cielo.