60. Desde el andén
Enciende velas y quema incienso religiosamente. Se santigua al despertar, al acostarse y en el medio. Termina cada frase con bendiciones y sidiosquieres. Cuando las cosas no salen como desea, le reconforta pensar que no convenían, segura de que el universo siempre juega a su favor. Convencida de que el tiempo de dios es perfecto mira cómo el horizonte se traga el último tren.


No se puede negar que quien vive con fe tiene una seguridad de espíritu que da sentido a su existencia. Tu protagonista, equivocada o no, vive «convencida» y tranquila.
Un abrazo y suerte, Toti
Gracias, Ángel, siempre con una palabra oportuna ; ) Muchos se paralizan esperando que la vida decida resolverles sus problemas.
Abrazos para ti.
No sé por qué esto dice Anónimo… a ver si lo arreglo.
No le importa perder ese último tren porque, sí es así, es que era Su voluntad. Desde luego, así se vive mucho más tranquila.
Un abrazo y suerte.
Hola, Rosalía, ¡desde luego! También se mueren de mengua, ¿no?
Mil gracias por comentar,
Abrazo de vuelta.
La desgracia terrible que se ha vivido en este país últimamente me ha hecho interpretar ese último tren de manera fatídica y te aseguro que se me ha erizado el vello. No sé si era la intención del relato. Un abrazo y suerte.
Mil gracias, Ana, por leer con intención. Sin duda es una de sus lecturas. Y terrible, además.
Un gran abrazo.
Cuando una pierde su propia voluntad siempre está a merced del cielo, ese que te salva o te condena cuando pones toda tu fe en él. Pero todo es más terrenal, una cuestión de suerte y circunstancias. Lleva tu sello, Toti: breva, cálido y arañante por dentro. Gusto leerte siempre también, grande. ¡Suerte y abrazaco!