77. Faith story
La orquesta cantaba “Toda una vida” cuando el viento alborotó su melena y le dejó un mechón de pelo entre los labios. Yo se lo aparté con el dorso de la mano, sin pensarlo, y al hacerlo me encontré con aquella sonrisa suya. Besarla hubiese sido profanar una inocencia de la que no pensaba aprovecharme, como el niño que, jugando a la gallina ciega, puede ver por una abertura del pañuelo y decide mantener los ojos cerrados.
Era la madre de mis hijos. La mujer de mi vida. Ya había gozado de ella una existencia entera, desde su más tierna juventud hasta mi último aliento de viejo, y en esta ocasión quería darle la oportunidad de elegir a otro.
Sin embargo, allí estábamos de nuevo, presentados por un amigo común y bailando nuestra vieja canción, abrazándome ella con ternura, inspirando yo su olor como si fuese la última vez. Quise marcharme al acabar la pieza, pero ella entonces me cogió del brazo. «Podíamos vernos otro día», me dijo sin pudor. Vestía aquel jersey azul de hilo que conservaría tanto tiempo, y me miraba con una irracional e inconcebible fe, la misma que yo tantas veces habría de poner a prueba.


Si tuviéramos la capacidad de volver hacia atrás nos plantearíamos muchas cosas, aunque es posible que volviésemos a hacer lo mismo, errores incluidos. Tu protagonista juega con esa ventaja, consciente del daño que puede hacer a la mujer de su vida, pero tiene fe en ella, y ella en él. Quizá no haya mejor fe, ni más inquebrantable, que la que se pone a prueba.
Un relato muy original, además de bien contado, no por habitual en ti menos meritorio.
Un abrazo y suerte, Enrique
La idea de volver hacia atrás seguramente tenga su lugar en las fantasías de todos, y comparto tu opinión de que posiblemente hiciéramos lo mismo que en la primera ocasión. El personaje intenta ser más justo esta vez, y supongo que esa fe mutua que se profesan hará su papel en caso de que decidan compartir sus vidas de nuevo.
Muchas gracias, Ángel, por tan buen comentario y opinión tan generosa.
Un abrazo.
Cosa tierna, Enrique.
Casi he olido el aroma del jerséi.
Muchas gracias, Juan Carlos.
Pienso que cualquiera que tuviese esa misma oportunidad vería las cosas del modo más tierno posible.
Un abrazo.
Me ha emocionado esta preciosa y romántica historia. Volver atrás, muchas veces, es lo que desearíamos muchos, en muchas ocasiones. Solo la ficción lo hace posible y ésta es una hermosa ficción. Gracias
Gracias a ti, Iñaki. No sabes cuánto me alegra que te haya emocionado. Pienso que estas cosas ocurren más por una buena lectura que por la presunta calidad del texto. Sí que muchos desearíamos tener esa posibilidad, volver a los diecisiete después de vivir un siglo, que cantaba Violeta Parra. Pero nos conformaremos con la ficción.
Un abrazo y gracias de nuevo.
Oh, Enrique, qué cierto es que una sola decisión puede condicionar el resto de una vida. Tu protagonista tiene la oportunidad de hacerla feliz, o de dejarla libre para que lo sea con otro. Espero que no cometa los mismos errores.
Un abrazo y suerte.
Yo también confío en que esta vez lo haga bien, incluso decidiendo compartir de nuevo la vida con ella.
Yo no entiendo a la gente que dice que no cambiaría nada de lo que ha hecho. Siempre hay algo, ¿no?
Muchas gracias por tus palabras, Rosalía, y un abrazo.
No. Es el aire tan fuerte que hay en esta habitación cerrada, que me ha metido algo en el ojo.
Qué bonito y tierno. Me encanta lo de … jugando a la gallinita ciega…
Siempre hay algo que cambiar, pero puede que no haya nadie a quien cambiar.
Gracias por este ratito de lectura
Muchas gracias por tu tierno y entrañable comentario, Hugo, y disculpa que no lo haya visto antes. Veo que has conectado con todo lo que quería expresar con esta historia. Un abrazo.
¡Qué bonito, Enrique! Me ha encantado esta historia. Enhorabuena
Muchas gracias, Nieves. Me alegro mucho. Un abrazo.