83. ROJO CEREZA
Mi madre movía los labios al rezar. Además, si estabas lo suficientemente cerca de ella, podías oír una especie de bisbiseo húmedo y goloso cuando se le despegaban los labios (siempre generosamente pintados de carmín rojo cereza).
Es verdad que hubo un tiempo en el que, sentada a su lado en misa, me fascinaba aquel bailoteo rojo y untuoso que iba acompañado de una impecable gestualidad litúrgica.
Al llegar a casa, yo jugaba entonces «a misa» con mis muñecas; más de una terminó tuerta y manca por oponerse a cerrar los ojos o a juntar las manos. «Por tercas os lo tenéis bien merecido», les decía con los labios fruncidos y embadurnados del resto de un pintalabios misteriosamente desaparecido del neceser de mi madre.
Es verdad también que hubo otro tiempo en el que podría haberle dicho a esa mujer (que seguía buscando desesperadamente la fe) que, brotando de unos labios rojo cereza y de unos bisbiseos húmedos y golosos, sus oraciones nunca conseguirían su propósito. Todo demasiado carnal y hermoso.
Pero no se lo dije.


¡Menos mal que la hija no le dijo nada y la dejó disfrutar de su fe aunque esta saliera de unos labios pintados de rojo. Refleja muy bien en la hija esa idea castigadora y dictatorial que tiene la iglesia cuando juega con sus muñecas.
Una historia curiosa que mezcla fe y sensualidad.
Un saludo
Hay quien no tiene fe ni le importa, quién sí que la tiene, y quien la busca «desesperadamente». Lo de menos son las formas. Tu protagonista pensaba que por imitar a su madre en ese querer creer iba a conseguir una convicción a prueba de todo, pero no lo logró, además de pensar que su madre tampoco.
Un abrazo y suerte, Juillet
Gracias, Gema, gracias, Ángel… vuestras lecturas y comentarios me devuelven la fe en las palabras❤️
Hola,
Me gusta mucho el detalle que has elegido para este texto. Me ha llevado un tiempo atrás, donde mi abuela rezaba del mismo modo, con los mismos labios y , espero, mejores intenciones.
Un bonito punto de vista para una historia de fe.
Mucha suerte.
Gracias,Hugo!… ja, ja, ja… Las intenciones de mi personaje eran buenas, pero no estaba dispuesta a renunciar a vivir 🙂 Gracias de nuevo
Dominique, tu micro resulta muy visual, casi podemos tocar esos labios rojo cereza. Reflejas muy bien esa dualidad de la madre de la protagonista, una mujer sensual que busca la fe sin encontrarla. Y el detalle de la niña dejando tuertas y mancas a las muñecas es muy significativo.
Un abrazo y suerte.
Gracias, Rosalía en nombre de esa niña y de esa mujer. 🙂