88. Por respeto
Estaba segura de que se reconocería en su mirada en cuanto se cruzaran.
A mi hermana la golpeó un tranvía cuando tan solo contaba cinco años. Un hombre bien trajeado, que se dijo médico, la introdujo en su coche y jamás volvimos a verla.
Han transcurrido siete años, durante los cuales ella ha salido de madrugada a su encuentro con el hatillo que padre le preparaba, con todo el pesar y el cariño, para que no desfalleciera en sus largas travesías. Regresaba para descansar su dolorido cuerpo y sus magullados pies. Nosotros tan solo podíamos arroparla y desearle un reparador sueño.
Y fue ayer cuando apareció, a una hora temprana, pletórica y brillante. Venían las dos con las manos entrelazadas y enrojecidas por la presión.
Tras un escueto silencio, en el que los demás nos observamos, se fusionaron el instinto y la razón para lanzarnos a abrazarlas con inmenso júbilo.
Esa noche, nuestro festejo, podría ser la envidia de cualquier familia que se precie.
Madre, por fin reconfortando el hogar, la llama Teresita. Los demás hemos optado por “tata”, a excepción de padre que la llama doña Teresa.


Esa madre no perdió nunca la fe. Seguro que el padre tampoco, solo que él lo expresa a su manera, con respeto, porque perdió una niña, pero ha regresado una mujer.
No hay que perder nunca la esperanza, tampico con un hijo o hija pródiga.
Un abrazo y suerte, Javier
Gracias, Ángel
No sé si se entiende que no es la hija, es una mujer mayor, pero todos acceden para tener a la madre en casa
Pues mira, si así son felices, pues ni tan mal: la madre con la hija perdida, y el resto con la madre en casa. Y me encanta el final con ese doña Teresa del padre.
Un abrazo y suerte
Pues sí, no tan mal.
Gracias, Rosalía.
Abrazos
Hola, Javier. Entiendo que la mujer que lleva a casa la madre, no es la hija. Porque al principio dices que no la vuelven a ver jamás. Y se supone que es mayor, por el apodo que le pone el padre. Muy acertadas las pistas que vas dejando durante el relato.
Lo único que me «despista» es la primera frase.
Un abrazo y mucha suerte con esta estupenda historia.
Gracias, Rosy
En la primera frase e querido indicar que tiene fe en qué cuando vea sus ojos la reconocerá. Pero se ve que malamente.
Besetes.
Da penita tanto empeño y dolor por la pérdida. Eso puede nublar la razón, como le ha ocurrido a tu protagonista. Pero si ella es feliz con la tata en casa, bien está.
Gracias, Rosa
Está bien que todos estén felices, sea como sea. Ya llevaron lo suyo.
Besetes
“Tras un escueto silencio, en el que los demás nos observamos, se fusionaron el instinto y la razón”. Yo veo en esta oración la clave que aclara la situación. Aceptar como hermana/hija la que no lo es, es un mal menor, una solución. Por eso las distintas maneras de llamarla: solo la madre la llama por su nombre “normal”. La fe inquebrantable de la madre le hace creer lo que no es.
Gracias, Edita
Sí, había intención en esa frase. Me alegra lo hayas visto.
Muchos abrazos