92. Efectos secundarios
Clara mira el techo del hospital mientras teje una bufanda. En los días malos la esperanza se le cae al suelo; en los buenos está convencida de que saldrá de aquel infierno blanco por su propio pie.
Su médico está preocupado. La analítica de su paciente es una condena, pero hoy tiene otra inquietud. Camina hacia un restaurante apretando en la mano el anillo que quiere poner a Silvia. Sin embargo, no lo saca del bolsillo. Antes de dar el paso, ella le cuenta que se larga de la ciudad a empezar una nueva vida.
El doctor ha pasado la noche en vela, llega a la consulta y se queda dormido hasta que lo despierta un enfermero. «Es la hora del tratamiento de la mujer de la habitación trece», le dice. Aturdido, receta la fórmula sin percatarse de que confunde los fármacos; horas más tarde, lo ahoga la angustia cuando revisa sus informes.
Meses después, presenta su medicamento, que salvará vidas. Un periodista pregunta cómo lo descubrió. Recuerda entonces el abrazo de Clara, la bufanda que le regaló el día de su alta, juguetea con el anillo de su dedo anular y responde que, quizá, haya sido cuestión de fe.


Puede que haya muchos tipos de fe, y que tal vez todos puedan resumirse un uno. ¿Esperanza? ¿Confianza? Lo que sea con tal de que la oscuridad del presente no nos haga desistir, que nos permita aguantar por si más tarde viene algo de luz.
Mucha suerte con esta sugerente propuesta, Paul. Un abrazo.
Grandes descubrimientos se han producido por pura casualidad, hay cientos de ejemplos, algunos, muy sonados y conocidos. A veces también, un error aparente conduce a un camino nuevo y esperanzador, que con el solo raciocinio no se habría tomado. Benditos efectos secundarios cuando son positivos, cuando hacen bueno el dicho de «cuando se cierra una puerta, se abre una ventana». La paciente de tu protagonista merecía esa concatenación de factores en su favor, él también haber sido su artífice, ya solo falta que ese anillo encuentre un dedo en el que encaje.
Un relato muy humano y lleno de buena fe.
Un abrazo y suerte, Pablo
Muy bien tejido. Me he dejado enredar con los hilos hasta el final, que se agradece que sea tan feliz.
Pablo, me encanta tu historia, porque a veces las cosas malas traen con ellas algo bueno, aunque al principio no lo veamos.
Un abrazo y suerte.
Yo como Edita, me alegro de que el final haya sido tan positivo, que estaba viendo la cosa un poco negra.
Muy bueno, Pablo. Besazo.