99. Ídolo de barro
Tenía una fe ciega en que con mi ídolo en el equipo conseguiríamos la remontada. Llevaba su foto en la carpeta del colegio y siempre había tenido un póster de él en el cabecero de la cama. Yo no había cumplido aún los 12 años, pero aquella se me antojaba una ocasión única y convencí a mi hermano para que me llevase al estadio a ver el partido de vuelta.
Él solo tenía 17 años, así que nos tuvimos que ir con la vespino que usaba para circular por el pueblo, sin decírselo a mis padres. Salió un día horrible, con lluvia y frío.
Tras una hora de viaje en la moto llegamos al hotel donde se alojaba el equipo. Estábamos empapados, ateridos. Con la inocencia de mi corta edad pude colarme en el vestíbulo con una libreta a estrenar para conseguir el autógrafo de mi jugador preferido. Al verle, me acerqué a él con una sonrisa y la libreta abierta. Me dio un manotazo para tirármela al suelo. Su guardaespaldas, que venía tras él, me remató con un tortazo.
Cuando me reuní con mi hermano, solo pude decirle llorando que me llevase de vuelta a casa.


En las distancias cortas es donde se conoce a las perwonas. La fe necesita elementow tangibles para alimentarse, por muy abstracta que sea. Al pobre muchacho se le cayó su ídolo, quizá también la afición al fútbol.
Un abrazo y suerte, Manuel
Muchas gracias, Ángel. Efectivamente, las distancias cortas son imprescindibles para saber quién es cada uno.
Qué desilusión más grande.
Espero que no fuera autobiográfico. Aún así da mucho para pensar sobre los ídolos tenemos.
Gracias por comentar, Hugo. No es autobiográfico, pero sí que hay desplantes así de los famosos. A diario.
A veces es mejor quedarse con la imagen ideal que tenemos de una persona y no llegar a conocerla del todo. Es la mejor manera de evitar decepciones.
Un abrazo y suerte
Gracias por comentar, Rosalia. ¡Cuántas decepciones hay que llevarse, ¿verdad?
Pobre. Ya ves tú, lo que le habría costado al tipo echarle una firmita en la libreta y lo feliz que le habría hecho al crío. No me extraña que ya ni quisiera ver el partido. Espero que más adelante haya encontrado algún otro ídolo más amable.
Un besazo, Manuel.
Gracias por comentar, Rosalia. ¡Cuántas decepciones hay que llevarse, ¿verdad?
Se repitió la contestación, lo siento. Gracias por comentar, Ana María. Habrá que seguir buscando y habrá que seguir intentándolo.