4. En el camarote
¡Todo da vueltas! No quería venir y mucho menos tomar. Anoche lo hice.
Va y viene. Viene y va.
La prisa del mar atraviesa la escotilla y me pesa. Un gesto vacuo. El vaivén no cesa. Siento que todo suena mal. ¿Qué hice ayer?
Va y viene. Gira. Viene y va.
Al intentar levantarme, la pota se desliza y me enredo con una pata tirada en el suelo. No caigo. Miro alrededor; el camarote está desordenado: fresas y pompones en el suelo, licores derramados, vasos fragmentados y unas huellas…
Recuerdo la parra y la panda tocando, más licores… ¿Esa mujer? ¿Qué decía de una pala?
Me machaca un patán. No logro concentrarme, carezco de pase y el parco no frena su vaivén.
Va y gira. Gira. Viene y va.
Esas huellas, me guían a la cama. Ahí está la mujer, descansa con un arma en la mano, la pala en la almohada.
Luego lo soluciono, antes el sonido, el desorden…
Me mareo. Necesito dormir.
Quito la pala y retiro el arma. Me recuesto junto a la mujer.
«¡Todos a pordo!» gritaron ayer. Hoy todo gira y gira y gira.

