12. A DESTIEMPO (Ángel Saiz Mora)
Tenía un magnetismo único con los más pequeños. Su actividad de payaso o mago era solicitada de continuo en celebraciones infantiles. Padres y madres contemplábamos su cercanía natural con nuestros hijos, hasta mimetizarse entre ellos como uno más. Lo suyo no parecía un trabajo, sino puro disfrute.
Mis ojos de psicólogo apreciaron en él un comportamiento genuino, sin impostura, quizá aderezado con algunas trazas de adulto desubicado, pero nadie esperaba su reacción en ese cumpleaños, al ver desenvuelto un regalo concreto. El joven animador arrebató al niño una escopeta nuevecita, que tenía por munición inofensivos proyectiles de goma espuma. Frenético, utilizó las manos y los dientes para reducirlo todo a pedazos.
Me ofrecí para sacarle de la fiesta que acababa de arruinar, convertida en un caos de incredulidad y llantos inocentes. Alguien tenía que hacerlo, antes de que la indignación general condujese a una deriva aún peor. Pude persuadir a la familia de que no llamaran a la policía
Una vez sosegado, le animé a que hablase. Fueron veintiún palabras de terapia y biografía:
Un país en conflicto.
Una infancia consumida sin haber podido jugar lo suficiente.
Aquel maldito fusil que le obligaron a empuñar.


Hola Ángel, madre mía, ese giro final te deja el alma en un puño. Esas 21 palabras finales son magistrales amigo. Enhorabuena y suerte
Hay que dejar a los niños que lo sean. Cuando no sucede, se generan traumas para toda la vida, y el desorden vital de hacer a destiempo lo que tendría que haber sucedido en su momento.
Muchas gracias, Elena.
Un abrazo
Muy bueno. Engancha desde el principio. Te hace estar atenta, a ver por dónde salta la liebre, y resulta que no era liebre, sino la peor de las fieras: la guerra y sus consecuencias.
La guerra es cruel siempre, y se ceba en los más inocentes.
Mil gracias Edita.
Un abrazo
Hola Ángel,
Me has dejado el cuerpo desencajado para el resto del día.
Qué contraste más grande entre el inicio y el final. Un desorden tan grande en la infancia de ese mago tenía que tener consecuencias. Me crea al mismo modo una sonrisa el pensar que pese a su infancia decidió dedicarse a eso, sobreponerse y dar a los demás lo que a él le privaron.
Gracias por este ratito de lectura.
Un trauma profundo se puede y se debe combatir, qué mejor manera que enfrentándose a él, intentando que a otros no les suceda lo mismo, en este caso, quedarse sin infancia. Por desgracia, cuando se hurga en una herida, hay muchas posibilidades de que vuelva a sangrar, incluso con estrépito.
Gracias por leer y comentar, Hugo.
Un abrazo
Encasillamos a las personas por su aspecto, su trabajo, su simpatia… sin darnos cuenta de que bajo la máscara existen varios mundos. A veces la relación entre pasado y presente es sencilla, y otras veces la infancia aflora de un modo brutal, caótico y complejo, restañando cicatrices y compensando vacíos.
Gran texto en muy poco espacio, Angel, daría para un cuento más largo.
Enhorabuena maestro, y muchísima suerte
Lo has explicado estupendamente, y es cierto que los choques emocionales que se arrastran, aunque parezcan dormidos, siguen latentes y pueden aflorar en cualquier momento. Dejar a una persona sin niñez es de una crueldad inmensa.
Mil gracias, Alberto.
Un abrazo
Enhorabuena Ángel. Reflejas muy bien el trauma que arrastra el protagonista y como un simple objeto puede desencadenar el «desorden» mental y despertar pesadillas dormidas. Un abrazo
Un desorden mantenido y doloroso se acumula como un explosivo por mucho que se oculte, aunque parezca desactivado, necesita muy poco para estallar, a veces, un simple gesto, o un objeto, en apariencia inocuo.
Muchas gracias, Fernando.
Otro abrazo para ti
Qué bien vas llevando el relato desde el alegre colorido inicial hasta ese final turbio y grisáceo que deja un poso amargo y una total empatía hacia ese protagonista que había caído bien desde el principio. Una pena que la historia pueda ser perfectamente real.
Un abrazote súper fuerte, Ángel. Y otro para el payaso, si te lo tropiezas por ahí.
Todo es susceptible de cambiar en un momento. No hay un muro infranqueable entre lo bucólico y la angustia, una grieta puede desmoronar lo que parecía sólido. Es ficción, pero bien podría ser cierto. Los niños soldado son una realidad.
Muchas gracias y otro abrazo grande para ti, Ana María
Un final demoledor para una historia que parecía lúdica e inofensiva. Los traumas de la niñez no se pueden dejar atrás sin ayuda profesional y, sobre todo, cuando pesan tanto como los de este personaje. Una historia muy bien contada: marca de la casa.
Un abrazo, Ángel
Recuperarse de cualquier tipo de brutalidad recibida en la infancia no debe ser nada fácil. Puede que una persona nunca pueda superar del todo ese tipo de traumas. Un apoyo profesional y efectivo que ayude a vivir siempre es buena alternativa
Muchas gracias, María.
Un abrazo
Tremendo, doloroso pero bien real tu micro, querido Ángel. Qué fácilmente se juzga a veces algún comportamiento inusual del que desconocemos la causa. Y vuelvo a recordar aquí lo de: «No descalifiques a un indio sin antes haber caminado con sus mocasines». Otro abrazo, guapo, enhorabuena y hasta pronto.
Todo tiene una justificación, hasta la conducta o la actuación más inexplicable. Lo que sucede muchas veces es que solo nos fijamos en la consecuencia, sin molestarnos en la causa, ni ponernos en un lugar que nos podría haber tocado.
Muchas gracias, Puri.
Un abrazo
¡Qué triste, Lo que una persona aparentemente tranquila puede albergar en su interior! Una suerte que la munición fuera de goma espuma.
¡Mucha suerte!
Su reacción fue dirigida a destruir el arma, aunque solo fuese un juguete, identificada con una durísima etapa que lo marcó para siempre, pero es cierto que cuando la violencia entra en escena, todo puede ir a peor. Por suerte, ese psicólogo, posiblemente, evitó un mal mayor, con respuesta violenta de los padres, por ejenplo.
Muchas gracias y un abrazo, Sonsoles
Enhorabuena Ángel. Me ha encantado el giro que se produce en un relato que se produce en una fiesta inocente de niñas y niños. El final refleja la presencia de la ausencia de la propia infancia del payaso. Horror de niños de la guerra que perdieron su infancia y la vida no les ofreció la forma de salvar tan terrible ausencia.
Un abrazo Ángel y suerte
La forma que tiene el protagonista de paliar su propia privación de una verdadera infancia es la de jugar haciendo disfrutar a los niños. El problema es que apareció el único detonante (esa escopeta de juguete) que podía revelar su mal interior, un mal que, seguro, que no desea a nadie, menos a un niño.
Muxhas gracias, Miguel Ángel.
Un abrazo
Un caos interno, un desorden invisible que le atormenta y que al final aflora. Muy bueno, Ángel, veintiuna palabras lo describen a la perfección, tocan los veintún gramos que, según Mac Dougall, pesa el alma. Emotivo y, por desgracia, real. Me ha gustado mucho.
¡Abrazo!
Puede que el alma pese 21 gramos, pero el caos interno de este joven ha de ser un tremendo lastre.
Me alegra que te guste, Auroa.
Muchas gracias y un abrazo
Menudo desorden!!! Y de los gordos!!! Muy bien narrado el relato, Ángel, consigues que nos enganche hasta esas 21 palabras finales!!
Enhorabuena, campeón, y suerte!!
Salud!!! 😊
Un desorden tan grande que, encendida una mecha de forma inesperada, resultó incontrolable.
Muchas gracias y un abrazo grande también para ti
No esperaba ese final tan impactante. Te deja la cabeza realmente desordenada.
El alma de un niño es frágil, debe pesar menos que los 21 gramos que dice Aurora. No está preparada para ciertas desventuras/desgracias.
Enhorabuena y Mucha Suerte Angel ♣
A un niño solo deberían dejarle ser eso, un niño. Son esponjas que todo lo aprenden, jugando, además, pero una guerra no es ningún juego, muchísimo menos aún para una criatura.
Muchas gracias, Esperanza
Un abrazo
Un ejemplo perfecto de cómo podemos escondernos detrás de una máscara. En este caso de payaso otras de valientes, otras de inofensivos y así muchos van por la vida con una apariencia externa y con una existencia interna. En realidad todos escondemos dentro bombas que pueden explotar en cualquier momento.
Un relato muy bien contado y con carga de profundidad .
Un abrazo
Es cierto que todos tenemos nuestro punto débil, que no solemos querer mostrar. Realmente cuesta conocer a las personas, incluso conocernos a nosotros mismos.
Muchas gracias, Gema.
Un abrazo
Hola, Ángel.
De la sonrisa al estremecimiento en apenas unas líneas. Qué bien manejado el ritmo y qué certero el cierre. Esas 21 palabras pesan más que cualquier discurso.
Enhorabuena por este micro tan intenso. Mucha suerte.
21 palabras pueden describir el infierno, y justificar que quien se ha visto obligado a vivirlo ya nunca será el mismo, o el mismo que podrìa haber sido.
Muchas gracias, Sergio.
Un abrazo
Hola, Ángel.
Qué buena historia.
Aplicable además no solo a aquellos casos extremos como el de tu protagonista, tammién a todos los niños a los que no se deja ser niños.
Saludos.
Es cierto. Utilizar niños en una guerra es de una crueldad infinita, pero también hacerles trabajar de sol a sol, por ejemplo. Los niños tienen que ser niños, para que tengan posibilidad de llegar a ser adultos sin problemas.
Muchas gracias Martín.
Saludos
Un joven marcado para siempre, que intenta ganarse la vida. No podemos mirarlo con ojos de occidentales seguros y bien alimentados. Lo suyo juega en otra dimensión.
Todos vivimos en el mismo planeta, pero en mundos muy diferentes, incluso dentro de una misma ciudad. Los lastres de origen, o los privilegios, marcan a las personas.
Muchas gracias, Rosa
Un abrazo
Le robaron La infancia y eso es un trauma difícil de superar. Porque la violencia marca mucho y un día va y brota. Esas 21 palabras son un broche magnífico. Un abrazo, suerte y mucha paz, Ángel.
Ya sé que suena utópico, pero como bien dices, que no nos falte la paz, y que llegue a esos lugares donde no la hay y hay niños.
Muchas gracias y un abrazo, María José
Tan sólo ver esa escopeta de juguete, inofensiva para el resto, hace estallar al protagonista haciéndole revivir toda la injusticia concentrada en su vida que tan nítidamente nos cuenta en esas 21 palabras. Entendemos que haya perdido el control ante ese inesperado desorden de emociones. Como dices, un niño que no ha tenido una infancia feliz, y más si se ha visto obligado a manejar armas, tiene muy difícil ser un adulto sin traumas. Un relato que refleja una realidad demasiado repetida. Un abrazo y suerte con este estupendo micro, Ángel.
Robar la infancia a un niño no tendría que ser posible, ni siquiera, imaginable, pero por desgracia, sabemos que sucede, y siempre tiene alguna mala consecuencia.
Muchas gracias por tu lectura y tus palabras, Juana.
Un abrazo
Hay experiencias terribles para las que no hay un tiempo oportuno en la vida, y mucho menos si eres un niño y estas usurpan su lugar a los juegos y la diversión. Su huella debe condicionar, sin duda, el equilibrio emocional de quien las sufre, tal vez de por vida. Celebro la reacción de ese padre, que además de los conocimientos propios de un buen sicólogo muestra una enorme calidad humana.
Enhorabuena, Ángel, y mucha suerte con esta nueva gran propuesta. Un abrazo.
Ojalá no hubiese conflictos armados en los que tener que empuñar un fusil, o recibir la muerte desde el cielo. Una guerra no hace distinciones, la sufre toda la población, tanto más cuanto más inocente, y los niños son las víctimas más propicias. Quien comete algo, en apariencia, incomprensible, lo hace por alguna razón. Tener la paciencia para ponerse en su lugar no es algo que hagamos a menudo. El personaje del psicólogo lo hace, quizá un poco por deformación profesional, o curiosidad, pero también por humanidad.
Muchas gracias, Enrique.
Un abrazo
Todos arrastramos un pasado, pero el del pobre payaso es de los peores. Terrible realidad la que encierra tu micro, envuelta en una magnífica prosa. Y el final, con su giro y esas 21 palabras finales, magistral. Enhorabuena, Ángel, y un abrazo!
Somos la suma de muchas cosas y todas marcan: circunstancias, sucesos y vivencias.
Mil gracias, Sara.
Otro abrazo para ti.
Hay cosas que «gatillan» los malos recuerdos y reabren heridas que se pensaban cerradas, y aquí en el micro lo vemos claramente. Los niños de la guerra fueron y siguen siendo una realidad que muchos no quieren ver… Fue una suerte que el psicólogo protagonista actuara como actuó en esa fiesta arruinada por un arma de juguete y pudiera escuchar y contener al animador, que quiso dar la alegría que no tuvo sin estar en paz con su infancia…
El micro, muy bien escrito: los lectores no prevemos el tremendo final…
Muy bueno, Ángel.
Un beso y suerte para vos,
Mariángeles
Estoy de acuerdo en que hay heridas que no se cierran nunca, que con un resorte concreto pueden volver a sangrar. Ese psicólogo se sirvió de su adiestrada capacidad de empatía para frenar una mala situación y también, posiblemente, aportar alguna clave vital al protagonista
Me alegra que te guste, Mariángeles.
Mil gracias y un abrazo
Qué terrible pasado arrastra ese mimo/payaso. Por suerte, ha encontrado la forma de rehacer su vida, siempre y cuando las armas no sé crucen en su camino, como ha ocurrido esta vez.
Me parte el alma pensar que cosas como las que le pasaron a tu personaje ocurren todos los días.
Un abrazo y suerte.
Desgraciadamente, los niños soldado son una realidad, y de lo más triste. Superar ese condicionante no debe de ser nada fácil.
Muchas gracias y un abrazo, Rosalía
Un relato muy real porque aunque tenemos la suerte de vivir en un país sin guerra, lo que cuentas existe. Lo has planteado en el mejor de los contextos, en una fiesta infantil. Tu protagonista quiso redimir su pena/trauma de haber sido obligado a ser niño soldado llevando alegría a otros niños hasta que apareció el objeto causante del desorden mental en el que aún se encuentra. No está curado.
Buen relato, Ángel.
Creo que no sabemos apreciar realmente la suerte que tenemos de vivir en ausencia de conflictos bélicos. Un trauma infantil de ese calibre puede condicionar una vida.
Muchas gracias Pilar.
Un abrazo
Los conflictos bélicos implican un desorden y caos de por sí generalizado, pero para los niños, si además les obligan a estar en primera línea, debe de suponer un torbellino de sentimientos, preguntas sin respuestas y deseos contradictorios. Este niño soldado, a pesar de estar oculto en un payaso, necesitará mucha ayuda para superar las secuelas. Como siempre, un placer leerte, Ángel.
Podemos intentar imaginar las secuelas de la inancia que le han quedado a este hombre, pero solo él puede saber todo lo que presenció y se vio obligado a hacer, en lugar de jugar y disfrutar uando le correspondía.
Muchas gracias y un abrazo, Liliana
Un desorden traumático más que admisible. Menos mal que estaba ese psicólogo en la fiesta infantil. Qué afortunados son nuestros niños de poder ver las pistolas solo de juguete…
De la magia a la bofetada, muy necesaria hoy en día.
¡Suerte con él!
Besos
Creo que valoramos poco, aun con los problemas coyunturales y personales que podamos tener, el hecho de no estar metidos en una guerra. Cuando la vida no es ninguna prioridad y no vale nada, estamos hablando de la mayor de las locuras, que nunca se logra erradicar. Parece que solo se puede desear que no nos toque muy directamente.
Muchas gracias y un abrazo, Nuria
Estupendo texto, Ángel. Un estrés traumático aflora cuando se aprieta el botón preciso, sea de guerra, de vida, de muerte o de infancia. Imposible retener ciertos resortes. El desorden no siempre se ve, por supuesto. Gran texto. Mucho más que 21 palabras. Suerte. Abrazote.
Para buena, tu frase: «El desorden no siempre se ve». Y lo que está dentro, en cualquier momento, con un determinado estímulo, puede salir y con toda su virulencia.
Muchas gracias, Rafa.
Otro abrazote para ti
«Un país en conflicto. Una infancia consumida y aquel maldito fusil…»
Palabras que se leen como como golpes secos, desgranando una realidad tan dura como verdadera.
Muy bien contado.
¡Enhorabuena, Ángel! Un abrazo.
En las guerras son los más inocentes los que más sufren.
Me alegra que te guste, Cecilia.
Gracias por leer y comentar.
Un abrazo
Desorden mental por un trauma con varios motivos en su niñez, muy bien dibujado, con el puñetazo final, tras un inicio de inocencia y diversión de niños. Me gusta tu relato, espero que entre en el grupo selecto. Suerte y un abrazote.
Está claro que todos tenemos algun trauma, aunque sea pequeño, algo no superado del todo, que deja huella y nos hace vulnerables.
Me alegra que te guste, Pablo.
Muchas gracias por leer y comentar. Quedo a la espera del tuyo.
Un abrazo grande
Muy bien manejada la tensión, querido Ángel. Ese payaso que transmite alegría, y que ante ese elemento disparador despierta en su interior el caos y los recuerdos duros de una guerra. Muy bueno, actual y con ese toque tierno y humano que le das a todos tus relatos. Bravo.
La vida está llena de contrastes, y nosotros somos parte de ella. En un mismo día podemos experimentar un lado u otro. Siempre buscamos la alegre armonía, pero el caos también está ahí y hemos de lidiar con él.
Muchas gracias, Jesús
Un abrazo