15. CUANDO TODO CAE
Debía dejar el piso ese mismo día. El salón era un campo de batalla. Siempre había vivido así, entre montones que prometía ordenar mañana.
Solo me quedaba un armario por vaciar. Lo abrí sin miedo a enfrentar el desorden acumulado durante años y, al fondo, encontré una caja de madera. Dentro, todo estaba sorprendentemente bien ordenado: billetes de viajes antiguos que propiciaron ¿soledad?, fotos de personas que ya no estaban en mi camino y dejaron ¿mentiras?, contratos de trabajos que abandoné y que terminaron en ¿abuso?
Aquel orden meticuloso me irritó. Tomé el contenido entre mis manos y lo lancé al aire. Los papeles y las fotos cayeron al suelo en un completo desorden, mezclándose con el caos del piso, como si por fin todo encajara en su sitio.
Entonces mis ojos se fijaron en una sola foto: mi gato, cuando aún era cachorro, mirándome. La recogí. Dejé la puerta bien cerrada, me marché para siempre con mi amigo de cuatro patas y eso produjo en mí , sin lugar a interrogaciones, una ordenada y agradable sensación: compañia.


Todo tiene un motivo, el desorden también. Dejar que un hogar se llene de objetos puede ser, paradójicamente, debido a un vacío interior, provocado por una insatisfacción vital. La de tu protagonista podría resumirse en un problema: la soledad y la necesidad de compañía, cuando lo único que le interesa de los vestigios de su recorrido vital es la imagen de su gato.
Un relato que muestra que los hogares y los objetos son reflejo de una persona y sus circunstancias.
Un abrazo y suerte, Begoña
Triste realidad y gran caos personal refleja esta historia, cuando lo más gratificante para la protagonista es la foto de un gato. Interesante.
Al final, entre el Desorden de la vida aparece lo importante.
A veces la familia peluda es mejor que la bípeda.
Un abrazo y suerte.
Encontró lo que no desordenaba su vida. Me gusta la forma en la que repasa su historia con esos ¿interrogantes? Un recurso sorprendente y de fuerza narrativa. Genial, Begoña. Suerte y abrazo.
Es triste la historia. Muy bien contada y con mucho desorden. ¡No hay duda!
Siempre quedan los amigos de 4 patas.
Gracias por este ratito de desorden.